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Dijo que las tomas feministas “son movimientos de mujeres solteras, sin hijos ni problemas económicos”. Ahora se disculpa

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El novelista Rafael Gumucio ha sido el centro de la polémica en Chile después de criticar los movimientos feministas que denuncian el acoso sexual en las universidades

Luna Miguel

11 Mayo 2018 12:40

En las últimas semanas las mujeres chilenas han parado las aulas de las universidades de todo el país en protesta por el constante machismo que estas albergan. No se trata sólo de reivindicarse en un espacio arcaico, en donde el acceso a puestos de responsabilidad siempre está vetado a las de su género, sino también de reivindicar la libertad de su cuerpo.

El fondo del debate, así, se centra en el acoso sexual continuado, y en la impunidad que durante décadas han tenido los docentes acusados de ello. Pero el hartazgo y la fuerza de muchas estudiantes ha tomado partido, sobre todo desde el escándalo que el pasado abril provocó el caso de Carlos Carmona, investigado después de decenas de demandas por acoso y abuso de poder.

Según algunas de las organizaciones feministas de estudiantes que están al mando de estas manifestaciones, la violencia sexual en las aulas es algo sistémico que no se puede resumir en un solo nombre. Y por eso han decidido tomar los paraninfos. Parar las clases. Amotinarse en los edificios. Redactar manifiestos. Alzar la voz.

Además de estudiantes, son muchos los intelectuales que han querido mostrar su apoyo u opinar sobre la revolución de las jóvenes feministas chilenas. Entre estos intelectuales se encuentra el novelista Rafael Gumucio, quien en una entrevista con La Tercera llegó a decir sobre las tomas que “son movimientos de mujeres solteras, sin hijos ni demasiados problemas económicos”, lo cual provocó la petición de su retirada como profesor de la Universidad Diego Portales.

Evidentemente, el machismo y el clasismo contenido en esta frase fue muy comentado y polémico, y dio la vuelta al país entre críticas de los lectores y una guerra abierta entre escritores, columnistas y otras figuras influyentes de la cultura chilena. Aunque su desprecio ante un problema tan grave sorprendiera a muchos, lo cierto es que no era la primera vez que Gumucio rechazaba al movimiento igualitario.

Hace poco, en un artículo de El País, bromeaba con que en el futuro los jóvenes dejarán de tener sexo con penetración, como si eso fuera una postura antipatriarcal. Y en 2015, en pleno debate sobre la violación confesa de Pablo Neruda, afirmó que “hay algunos que no saben ni a los que deberían enseñarles a leer. Creo que es el colmo total del beaterismo más ramplón e iletrado, y un reflejo de la imbecilidad que esto conlleva. Es no leer su libro en su contexto ni en su época”.

Por suerte, el escritor ha acabado rectificando, y en un comunicado enviado ayer mismo a los alumnos de la Facultad de Comunicación y Letras, ha dicho que “en estos días he realizado declaraciones en las redes sociales y en los diarios que no corresponden al tono que debe tener un debate de altura sobre un tema tan importante, urgente y necesario como el abuso sexual en el mundo de la universidad y el rol de la mujer en el siglo XXI”.

Las disculpas de Gumucio "en estos días he realizado declaraciones en las redes sociales y en los diarios que no corresponden al tono que debe tener un debate de altura sobre un tema tan importante, urgente y necesario como el abuso sexual en el mundo de la universidad"

Gumicio añadió además que “incurrí en generalizaciones inexcusables, más aún teniendo cerca, muy cerca alumnas y alumnos con los que he tratado en estos años de tejer una relación de respeto y colaboración. Se me olvidó que además de polemista o locutor de radio, o ensayista o novelista también soy profesor y que este tema era en el lugar en que trabajo no una entelequia sino una realidad urgente y viva”.

El autor de novelas como La deuda o Comedia nupcial admitió haber cometido un error, y concluyó su carta con una reflexión honesta que muchos de los que le defendieron y aplaudieron sus comentarios machistas deberían asumir: “como les dije a alguno de ustedes alguna vez, el órgano principal del periodista no es ni la boca, ni la nariz (el famoso olfato periodístico), ni los ojos sino el oído. Y me falto oír. Quedo a su disposición para un debate franco y abierto sin violencia ni sarcasmo sobre esta verdadera revolución moral que estamos viviendo”.

Revisitarnos, comprendernos, cuestionar nuestras ideas y ser capaces de autocriticarnos: eso también es revolucionario.

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