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De prostitutas en el Ritz a la mentira de Flynn: el Russiagate se destapa

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Michael Flynn reconoció la semana pasada que mintió al FBI. Tras su declaración, más piezas del rompecabezas parecen unirse

Rafa Martí

07 Diciembre 2017 06:00

¿Perdido en la nebulosa de noticias sobre Rusia y Trump? Bien. Esto es lo último que ha pasado y por qué es clave en todo este laberinto: el pasado viernes, el exconsejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca Michael Flynn reconoció que mintió al FBI en el marco de la investigación sobre la injerencia rusa en las elecciones de noviembre de 2016 que dieron la victoria a Trump.

El giro de Flynn es importante porque siempre había mantenido que, en sus reuniones con el embajador ruso en Washington, Sergey Kisiliak, había actuado por su cuenta. Ahora resulta que no, y que había alguien más que dirigía sus contactos con los enlaces del Kremlin. Como recuerda Jill Abramson, es cuanto menos sospechoso que Flynn decidiese el 23 de noviembre dejar de colaborar con el equipo legal de Trump para este caso y que una declaración así salga unos días después.

Michael Flynn acaba de declarar que mintió al FBI sobre sus contactos con el embajador ruso en Washington. Días antes había rechazado que el equipo legal de Trump siguiera asesorándole. / Getty

Las reuniones de Flynn con Kisiliak habrían tenido como objeto el compromiso de la nueva administración Trump para levantar las sanciones impuestas por Obama a Rusia antes de dejar la presidencia. Lo único que ha trascendido de la declaración de Flynn es que mintió. Quién fuera el que le diera las órdenes se mantiene bajo el más fuerte hermetismo de la investigación que lleva a cabo Robert Mueller, exdirector del FBI, ascendido a fiscal y nombrado por el Congreso para atar los cabos del Russiagate después de que Trump destituyese al jefe del FBI James Comey. A pesar del secretismo, todos los dedos señalan al yerno de Trump, Jared Kushner, como quien dirigía a Flynn en sus contactos con el Kremlin.

Coincidiendo con el bombazo de Flynn, el periodista de investigación de The Guardian Luke Harding acaba de publicar en España Conspiración. Cómo Rusia ayudó a Trump a ganar las elecciones (Debate, 2017). Harding fue corresponsal del diario en Moscú desde 2007 hasta su expulsión del país en 2011 y defiende en el libro que Rusia interfirió en las elecciones. No solo eso, sino que explica con todo lujo de detalles por qué todas las informaciones que han trascendido a lo largo de 2017 sobre el Russiagate están en la dirección correcta.

Un fin de semana en Moscú

Todo comenzó un fin de semana de noviembre de 2013. El viernes 8, Trump viajó con el avión privado de un socio desde Estados Unidos a Moscú, donde se celebraría el concurso Miss Universo, del que el magnate inmobiliario era el principal promotor. Ya aterrizado en Moscú, Trump cenó con Herman Gref, CEO del banco ruso Sverbank y amigo personal de Putin, y el empresario de origen azerí Aras Agalarov. Este es uno de los principales promotores inmobiliarios de Rusia, propietario del grupo Crocus. El Sverbank era patrocinador del evento, que se celebraría en uno de los complejos de Agalarov. Aquella misma tarde, Trump fue con Agalarov a la Crocus City. Allí, el empresario ruso celebraba una enorme fiesta por su 58 cumpleaños. Era el mismo lugar que al día siguiente acogería el evento de Miss Universo. Después de la fiesta de cumpleaños, Trump se fue, supuestamente, a dormir a la suite presidencial del hotel Ritz-Carlton, donde se hospedaba. El sábado 9 por la mañana, en el hall del Ritz, Trump hizo un cameo en un vídeo musical del hijo de Agalarov, Emin, un cantante pop. Más tarde, participó en un tour de Moscú y por la noche asistió a la gala de Miss Universo, que se alargó hasta altas horas de la madrugada. En algún momento del domingo, Trump cogió el avión de regreso a Nueva York.

El polémico informe Steele: Trump habría tenido un encuentro con dos prostitutas rusas, con las que hizo todo tipo de juegos sexuales en su habitación del Ritz. El FSB, heredero del KGB, tendría la grabación, con la que el Kremlin extorsiona aun hoy a la Casa Blanca para que esta no perjudique los intereses de Rusia

Aquel mismo fin de semana, Trump y sus socios inmobiliarios habían discutido con Agalarov los planes para levantar una Torre Trump en Moscú, un complejo comercial-hotelero como los que el magnate ha construido en otras partes del mundo. También, en algún momento entre la fiesta de cumpleaños de Agalarov y el cameo en el vídeo de Emin, en la noche del viernes al sábado, o después del after de Miss Universo, en la madrugada del domingo, Trump habría tenido un encuentro con dos prostitutas rusas, con las que hizo todo tipo de juegos sexuales en su habitación del Ritz. El FSB, heredero del KGB, tendría la grabación, con la que el Kremlin extorsiona aún hoy a la Casa Blanca para que esta no perjudique los intereses de Rusia. Esta, según Harding, es una práctica común de los servicios de inteligencia rusos con la que ya han provocado el fin de carreras de diplomáticos occidentales en el pasado.

La descripción de aquel fin de semana es solo una parte del polémico informe Steele, que se publicó sin verificar a principios de año en BuzzFeed. Steele era un exespía británico destacado en Rusia que entonces trabajaba para una firma de inteligencia privada de Washington, contratada por un contrincante republicano de Trump en las primarias con el fin de desprestigiarlo. Aun hoy, el informe sigue sin verificar. Pero pasados los meses, algunas cosas empiezan a cerrar. Por ejemplo, Bloomberg reconstruyó a través de registros de vuelos y publicaciones en las redes sociales y revistas de sociedad todo lo que el informe cuenta sobre aquel fin de semana de noviembre. A excepción del encuentro sexual, claro.

Reuniones en la Torre Trump

El informe también contaba que después de aquel encuentro en 2013, el productor de Emin Agalarov, un británico llamado Rob Goldstone, envió un email en junio de 2016 a Donald Trump hijo para hacerle una suculenta oferta: un dossier de inteligencia del FSB sobre supuestos trapos sucios de Hillary Clinton, tampoco confirmados. Aquel fin de semana en Moscú había dado sus frutos y ahora los rusos tenían a un “amigo” —además, extorsionado— compitiendo por la presidencia de Estados Unidos.

El primogénito de Trump respondió al ofrecimiento del productor con un “Me encanta”. Aquel email derivaría luego en una reunión secreta en la Torre Trump de Nueva York con Natalia Veselnitskaya, una abogada cercana a Putin. En aquel encuentro, Donald Trump Jr. invitó también a Kushner, al jefe de campaña de Trump, Paul Manafort, y a un lobbyista ruso. En la investigación posterior, Trump Jr. negó que tuviera esa reunión, aunque más tarde terminó reconociéndolo.

Según el relato de Harding, a partir de esa reunión de junio “el tema ruso” —como lo denomina el propio Trump— pasaría a manos de Kushner. El yerno del presidente se reunió, una vez ganadas las elecciones, en diciembre de 2016, con el embajador Serguéi Kisiliak para establecer un canal de comunicación bilateral con el Kremlin. El encuentro fue, nuevamente, en la Torre Trump. En el mismo mes y en el mismo lugar, Kushner recibió a Serguéi Gorkov, un banquero con pasado en el espionaje. Gorkov había sido directivo del Sverbank —el banco que patrocinó Miss Universo en Moscú en 2013 con cuyo CEO Trump cenó— y era, cuando visitó a Kushner, director del VEB, el Banco de Desarrollo Estatal ruso. Este, básicamente, financia los proyectos políticos de Putin y se le señala como un enlace directo del Kremlin. Como gesto de agasajo, Gorkov acudió a Nueva York con una bolsa de tierra de Navahrudak, la región bielorrusa de la que es originaria la familia Kushner, que posteriormente huyó por la persecución a los judios.

Todas la miradas están ahora en Jared Kushner como cerebro detrás de los contactos de Flynn con Kisiliak. / Getty-Arte PG

Los rusos querían el levantamiento de las sanciones y un trato de privilegio hacia sus intereses. Después de aquellas reuniones, Kushner habría delegado en Flynn la continuidad de los contactos con los rusos. De ahí que ahora Flynn diga que mintió en la investigación previa del FBI, cuando declaró que actuaba por su cuenta. Kushner ha reconocido las reuniones con Kisiliak y Gorkov pero siempre ha mantenido que fueron a petición de la parte rusa y que cuyo contenido fue insustancial. Se escuda en que simplemente los recibió como habría hecho cualquier equipo de campaña.

Después de que Flynn haya quitado el tapón, el camino del fiscal especial para el caso, Mueller, queda más despejado hacia Kushner. Y esto sí que tendría implicaciones más serias para Trump. En Washington señalan que Mueller, al igual que Comey, podría ser la próxima víctima del presidente. Pero su destitución solo haría que alimentar, aun más, las sospechas sobre la obstrucción a la justicia desde el Despacho Oval.

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