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Cynthia Ozick, ¿dónde has estado todo este tiempo?

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'La galaxia caníbal', su segundo libro, se traduce al español tres décadas más tarde de su publicación original

Alberto Del Castillo

09 Octubre 2017 12:57

Camilo José Cela se jactaba de ser el escritor que más había leido de su generación. El nobelizado escritor gallego mostraba su engreimiento y después se justificaba: había pasado parte de su adolescencia rodeado de enfermeros —internado en un sanatorio antituberculoso— sin otra fuente de ocio que la literatura.

Precisamente de ese sanatorio me acordaba esta semana mientras leía La galaxia caníbal (Mardulce, 2017), una novela de la estadounidense Cynthia Oznick publicada en 1983 y hasta ahora inédita en castellano. Me acordaba porque el protagonista del libro, un judío parisino llamado Joseph Brill, habría de bosquejar el resto de su vida en el sótano oscuro y húmedo de un convento, rodeado exclusivamente de libros.

Durante la ocupación nazi, asediado por la incertidumbre y la impotencia derivadas del desconocimiento del paradero de su familia, Brill pasó ocho meses en ese sótano. Ocho meses sufriendo una experiencia cercana a la tortura de aislamiento celular.

Entre lecturas bíblicas y talmúdicas, Brill reparó en Edmund Flegg, una de las grandes figuras del judaísmo francés —este honor ha sido vindicado por, entre otros, Bernard-Henri Lévy—, el filósofo, Flegg, que marcaría todo el pensamiento y forma de actuar posterior de Brill.

Flegg fue su salvación y, a la postre, sería también su castigo.

En este punto se revela uno de los lugares comunes de la obra de Ozick: la luz del holocausto es alargada y proyecta una sombra inmensurable en su literatura: “Como judía siento el impacto de una larga, larga historia, de la rica diversidad de los movimientos intelectuales que han caracterizado el pensamiento judío durante el milenio”, dijo Ozick en una ocasión.

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Influido entonces por la obra de Edmund Flegg, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, Brill funda una escuela. El rasgo distintivo de este centro era que impulsaba un sistema educativo dual, extremadamente ambicioso, que combinaba la doctrina pedagógica laica y la formación judía tradicional.

Las diferencias entre Europa y Estados Unidos canalizadas a través del protagonista; el debate entre ciencia y religión; el spleen constante; y la sensación de, año tras año, vivir atrapado en el mismo día, colman los pensamientos de Brill.

Hasta que aparece Hester Lilt, una mujer que, en su día, fue definida por Edmund White, crítico del New York Times, como “una mezcla entre Hannah Arendt y Susan Sontag”. Lilt eclipsa, deslumbra y devora a Brill.


Y mientras tanto, Brill aspira a hacer de la hija de Hester lo que el rabino de Praga con el golem.

“Pienso que es una simple cuestión de elegir un tema, o dejar que el tema se elija a sí mismo y dejarlo dictar su extensión. No me interesa mi propia voluntad”. Dijo Ozick en una famosa entrevista en Paris Review.

Ese es, precisamente, su modus operandi: elegir un tema —La galaxia caníbal fue primigeniamente un cuento sobre la educación—, dejar que se amplíe y dotarlo de vida como el golem y el rabino del que hablábamos.

A pesar de no interesarse en su voluntad —o quizás precisamente por eso—, sus páginas se impregnan de su abolengo y la religión judía se filtra a través de ellas como el hava nagila en un Bar Mitzvah.  

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Porque es un “tema” que le busca, que le atrapa. Así lo dijo en una entrevista con el ABC, cuando le preguntaron si el holocausto era un "tema" que debe afrontar en su obra. Pregunta, ante la cual, por cierto, mostró cierta irritación: “Qué palabra tan anodina (por “tema”) para referirse a una matanza tan masiva y brutal”.

Ozick, como dijo Gonzalo Torné, es “una de las pocas escritoras que justifican que siga circulando la voz genio”.

Ganadora de un Pulitzer, permanente aspirante al Nobel, definida por Nuria Barrios como la Emily Dickinson del Bronx y a menos de un año de ser nonagenaria, algunos ensayos, dos novelas y un libro de cuentos reunidos ya habían sido publicados al castellano por Lumen. Sin embargo, La galaxia canibal había permanecido inédita en castellano hasta ahora.

Leer La galaxia canibal, más que como una bocanada de aire fresco, es como esa inhalación, tan larga como el diafragma lo permita, que va cargada de tintes nostálgicos. Como un olor común que eriza el vello. Es la sensación de que lo que está delante de ti es un clásico que quedó injustamente olvidado. Es leerla y preguntarte, como dirigiéndote a Ozick del mismo modo a un amante, ¿dónde habías estado todo este tiempo?

cynthia

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