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Amélie Nothomb habla por primera vez de la agresión sexual que sufrió con 12 años

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Lo narró de manera velada en 'Biografía del hambre', pero ahora lo confirma en una entrevista con Le Monde: cuando tenía sólo 12 años, Amélie Nothomb sufrió intento de violación a manos de cuatro hombres en una playa de Bangladesh

Luna Miguel

31 Agosto 2017 15:42

La primera vez que lo lees, sólo parece un mal sueño:


«Un día, cuando ya llevaba unas horas dentro del agua, muy lejos de la orilla, mis pies fueron atrapados por numerosas manos. A mi alrededor, nadie. Debía de tratarse de las manos del mar.

Mi miedo fue tan grande que me quedé sin voz. Las manos del mar ascendieron por mi cuerpo y me arrancaron el traje de baño.

Yo me debatía con la energía de la desesperación, pero las manos del mar eran fuertes y numerosas.

A mi alrededor, seguía sin haber nadie.

Las manos del mar separaron mis piernas y entraron dentro de mí.

El dolor fue tan intenso que me devolvió la voz.

Grité.

Mi madre me oyó y corrió a buscarme dentro de las olas, gritando de un modo demencial en el que sólo una madre puede gritar. Las manos del mar me soltaron.

Mi madre me tomó en sus brazos y me llevó hasta la playa.

A lo lejos, vimos salir del agua a cuatro indios de veinte años, de cuerpos delgados y violentos. Nunca más los encontraron. Nunca más volvieron a verme dentro de agua alguna».


En realidad, lo que desvela este fragmento de la última parte de Biografía del hambre, de Amélie Nothomb, es el intento de violación que la escritora belga sufrió con 12 años, en una playa de Bangladesh a la que había ido a pasar el día con su madre y su hermana.

Biografía del hambre fue publicado en 2006. Desde entonces, el libro se ha convertido en uno de los títulos de no ficción más célebres de Nothomb por contar de una manera directa y crítica su experiencia con la anorexia desde que era una preadolescente.

Quizá fuera por la potencia de la temática general del libro, o quizá por el tono entre pesadillesco, lírico y casi ficticio con el que narró el episodio, pero lo cierto es que desde que saliera a la luz hace más de una década apenas se ha hablado de la importancia de estas palabras de Nothomb.

Ni siquiera la propia autora había querido tratar el tema en público. Y tampoco es uno de los temas fundamentales en Amélie Nothomb: l’éternelle flame, una biografía que Laureline Amanieux le dedicó en 2005, en la que sin embargo sí se toman como punto de inflexión en la vida de la escritora varios sus problemas de adolescente.

Amanieux destaca la obsesión de Nothomb por la juventud, la continua investigación de la decepción que solemos sentir en una época tan explosiva y la violencia que puede residir en esos cuerpos púberes.

Quien haya leído alguna obra de Amélie Nothomb conocerá de sobra su maravillosa manera de describir la parte más oscura de adolescencia. Desde Antrichrista a Diccionario de nombres propios, pasando por cualquiera sus textos autobiográficos, podría decirse que ese descubrimiento abrupto de la madurez es uno de sus grandes temas.  

Esto es algo que termina por quedarnos claro tras la lectura de una entrevista publicada por Le Monde el pasado 27 de agosto, en la que Nothomb reconoce a la periodista Annick Cojean que a los 12 años sufrió episodio de violencia sexual que la marcaría para siempre y que en adelante impregnaría su escritura.

Con motivo de la publicación de Frappe toi le coeur, su vigesimosexta novela, Cojean pregunta a la autora algunas cuestiones íntimas, y Nothomb reconoce que durante toda su vida lo que ha hecho es reconvertir la oscuridad de su historia real en un montón de otras historias de ficción.

Después de que la periodista insista en el secreto que atormenta a Nothomb, la escritora admite por primera vez que un día, mientras se bañaba sola en una playa de Bangladesh, cuatro hombres intentaron violarla. "De golpe, descubrí la pubertad, la violencia, el odio a uno mismo, el odio a todo lo demás, el cansancio, el frío", señala Nothomb.

"Muchas mujeres han mantenido en secreto sus violaciones", le dice entonces Cojean.

"Es espantoso. Y creo que es algo generacional. Dios sabe que he hablado muy poco sobre este episodio, pero hay gente mayor que ha reaccionado mal ante él. Siempre ha existido la idea de que la víctima es realmente la culpable. Quizá por eso he llevado tan mal esta historia. Se me otorgaba una culpabilidad que terminé por asumir", concluye ella.


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