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Lit

Añorar la patria hasta la muerte: morriña salvaje de Rosalía de Castro

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Imagen: Aitana Carrasco
 

Aprovechando la publicación de la biografía de Rosalía de Castro, celebramos el #DíadasLetrasGalegas recordando los versos que la poeta dedicó a su tierra natal

Eudald Espluga

17 Mayo 2018 14:03

Asociamos la "morriña" a una nostalgia liviana. Quizá por la musicalidad de la propia palabra, la tristeza que denota no parece grave, mucho menos peligrosa. Pensamos en la morriña como en una añoranza delicada y vaporosa, no muy diferente a las nieblas galaicas que la inspiran: una humedad pesada que se te mete en los pulmones.

La melancolía que sintió Rosalía de Castro cuando se vio lejos de su Galicia natal demuestra, sin embargo, que la morriña puede ser también una aflicción feroz, que nos corroe hasta la enfermedad y la fiebre. La poeta se sintió siempre una extranjera en España, y de ese exilio interior nacerían años más tarde los versos de sus Cantares Gallegos: "levaime, levaime, airiños, leviame adonde me esperan".

El deseo de pisar nuevamente las tierras compostelanas se tradujo en un miedo a la muerte más geográfico que atávico. "Morir, pero en Galicia" decía la poeta, que llevaría este anhelo hasta sus versos:

"Non permitás qu'aquí morra,

airiños de miña terra,

qu'ainda penso que de morta

hei de sospirar por ela."

Como explica la escritora y periodista Luisa Carnés en Rosalía (Hoja de Lata), la biografía que en 1945 dedicó a la gallega, "en las épocas vividas en la capital española, en las que su amor terruño se hace más sensible, cada suspiro, cada lágrima de la poetisa adquieren forma poética. Sus poemas son brazos que se tienden hacia la tierra querida".

La propia Carnés escribía desde su exilio en México, y la biografía dedicada a la gallega formaba parte de un proyecto de recuperación de la idea de España como de aquel ideal perdido de los desterrados. Raíz, pasión y pueblo fueron las tres ideas que Carnés escogió para rescatar a Rosalía de "esta abrumadora soledad, esta sistemática postergación, este olvido de los contemporáneos", que consideraba "síntoma de la atmósfera gris de la época".

El libro, sin embargo, termina con un "desloado epílogo" en el que Carnés lamenta la indiferencia con que la tierra de Rosalía acogió su cuerpo: "no se estremeció Galicia con esta muerte. A la existencia sombría y dolorosa de esta vida, derramada en amor a su tierra, fundida a ella en ardores y dolor, siguió una muerte sin ruido, sin lágrimas ni plañideras. La lluvia saudosa de Galicia no lloró sobre el cadáver de la apasionada gallega".



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