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Lit

Qué pasa cuando a Ulises y Penélope los narra una mujer

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Francesco Primaticcio
 

Emily Wilson se convirtió en la primera traductora al inglés de La Odisea y la polémica sobre su particular interpretación del clásico sigue generando debate

Luna Miguel

06 Febrero 2018 17:18

“Quería que el lector en inglés sintiera lo mismo que yo al leer el griego: que sintiera el dolor real de Penélope, y no uno embellecido o trivializado”. Así se expresaba Emily Wilson hace unos meses en The New Yorker, donde justificaba y explicaba las “arriesgadas” decisiones que había tomado de cara a su nueva traducción de La Odisea.

Wilson, autora estadounidense, se había convertido en 2017 en la primera mujer en traducir y publicar este clásico de Homero en lengua inglesa. Como la revista francesa Slate se encargaba de recordar ayer, ella no ha sido la única traductora mujer de Homero. En Francia, de hecho, Anne Darcier ya se aventuró a ello a principios del siglo XVIII. Sin embargo, Emily Wilson sí ha sido pionera en eso de enfrentarse al mítico texto desde una óptica femenina y feminista.

Como la misma Wilson reconoce, ella no ha querido “reconvertir” La Odisea según su antojo, sino sintiéndose fiel a unos sentimientos que su texto original expresa pero que a menudo han quedado silenciados al verterse a otros idiomas. Traducir, dicen algunos, es “traicionar”. Traducir, dicen otros, es “versionar”. Pero traducir, para Wilson, también puede ser interpretar, ir más allá de las palabras, extraer las sensaciones ocultas dentro de la literatura.

Precisamente, parte de esos sentimientos que siempre se quedaron por el camino en las traducciones de La Odisea tienen que ver con los expresados por las mujeres que la protagonizan. A Wilson le obsesionaban particularmente fragmentos en los que Penélope expresa su dolor y repulsión hacia su marido u otros hombres, y que en buena parte de las traducciones existentes en lengua inglesa se había dulcificado. Le obsesionaban también expresiones como “sirvientas”, refiriéndose a mujeres que en realidad son dibujadas como esclavas. Y le obsesiona sobre todo el retrato limpísimo de Ulises que ha llegado hasta nuestros días. El retrato de un hombre sabio, bueno, atento, humilde… en contraste con la descripción de “hombre complicado” que ella decidió otorgarle.

Estas revisiones de la obra, decíamos, han sido profundamente criticadas. Algunos han dicho que Emily Wilson sólo ha querido aprovechar la nueva ola del feminismo para generar controversia. Otros han dudado de que sea legítimo plantear un debate de género entorno a la traducción de un clásico. Pero como Wilson escribió en la revista Time “los traductores siempre interpretan la descripción del género de un poema, o cualquier otro concepto, a la luz de sus propios presupuestos”.

Entonces, ¿no está bien que estos presupuestos sean replanteados? ¿No es hermoso pensar que el mundo necesitará siempre nuevas traiciones, nuevas versiones, nuevas interpretaciones, y que por eso la literatura no se acabará nunca?

(Vía Slate)

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