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Ángelo Néstore: “hay público gay que rechaza mi obra sólo por ser femenina”

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Imagen: Martín de Arriba
 

Coincidiendo con el final del festival de poesía de Barcelona y con el día contra la LGTBfobia, hablamos con el poeta Ángelo Néstore sobre identidad, feminismo, literatura y futuro

Luna Miguel

17 Mayo 2018 20:54

Ángelo Néstore nació en Lecce, Italia, en 1986, pero vive desde su adolescencia en Málaga. Es editor, poeta, traductor, actor, profesor… y además es uno de los directores del festival de poesía Irreconciliables, un evento que se caracteriza por su transgresión y por dar cabida a todas las expresiones líricas imaginadas y por imaginar. En su última edición convivieron el trap, con la poesía gitana y la Alt Lit, entre otras muchas cosas. Néstore es autor de varios libros de poemas (aquí se pueden leer algunos) que han sido muy bien recibidos por la crítica. El último, Actos impuros, indaga en su deseo de ser madre, más allá de los géneros, de los cuerpos, y sobre todo, más allá de la propia palabra.

Coincidiendo con su participación en el festival de poesía más importante de Catalunya y con la celebración del Día Internacional Contra la LGTBfobia, hablamos con él sobre identidad, feminismo, poesía y futuro.

Imagen: Martín de Arriba

Eres co-organizador de un festival de poesía que el año pasado tuvo como invitados a Jirafa Rey y su ‘Cómeme el donut’, pero ahora vienes de participar en Barcelona Poesía, uno de los eventos literarios más tradicionales del estado. ¿Cómo se vive entre esos dos mundos?

Es verdad que el festival de poesía de Barcelona está mucho más anclado a la tradición, a los tiempos clásicos de la poesía. Creo que hace falta que, poquito a poco, todos nos atrevamos a ir más allá del género como algo que pertenece sólo a lo escrito en un libro. Desde Irreconciliables, junto a Violeta Niebla, hemos intentado experimentar. Y de hecho eso nos ha llevado a enfrentarnos a muchas críticas.

¿Por ejemplo?

Por ejemplo nos han dicho que tenemos que cambiarle el nombre. Que no podemos llamar “festival de poesía” a algo en lo que participan artistas tan dispares. Como si lo que hace Alex [Jirafa Rey] no tuviera también un lenguaje poético. A él le han criticado mucho. Se está enfrentando a muchísimo odio después de salir en la tele. La gente no tiene pudor en criticar algo que no se han molestado en entender. Pero nuestro reto también es llegar a esas personas.

¿Qué tipo de público fue a verte a tu lectura de Barcelona, teniendo en cuenta que era una de las más “transgresoras” del festival?

Había un publico muy distinto al que esperaba. Lo que más me sorprendió fue el feedback. Después del recital se acercaron muchas personas a comentar cómo se habían sentido con mis textos. Noté que había espectadores que querían expresarme su cercanía y su identificación con los temas que trato en mi poesía.

“A los hombres nos educan para repudiar ciertos sentimientos. Pero la ficción es tan maravillosa que nos deja inventar lo que sea, en el caso de mi poesía, a una hija. Por eso creo que ese vínculo que he creado en mi poesía hacia la maternidad conecta mejor con muchas mujeres que con un público masculino y homosexual”

Ángelo Néstore

¿Cómo son esas personas que se identifican contigo?

Te sorprenderá, pero sobre todo son mujeres. Chicas más o menos de mi edad, entre veinticinco y treinta y cinco años, más o menos. Yo hablo mucho de la maternidad. Sobre cómo un hombre puede llegar a sentir la frustración por no poder ser madre. A los hombres nos educan para repudiar ciertos sentimientos. Pero la ficción es tan maravillosa que nos deja inventar lo que sea, en el caso de mi poesía, a una hija. Por eso creo que ese vínculo que he creado en mi poesía hacia la maternidad conecta mejor con muchas mujeres que con un público masculino y homosexual.

Es raro, ¿no? Teniendo en cuenta que se ha etiquetado tu obra como poesía LGTB…

Hay mucho público gay que directamente rechaza mi obra por ser demasiado femenina.

Hoy se celebra el día contra la LGTBfobia, ¿no es irónico que parte de la “comunidad” te haga las mismas críticas contra las que históricamente habéis estado luchando?

Así es. Yo a muchos de ellos les diría que se miren al espejo. Que formen parte de un colectivo marginado no significa que ellos no puedan estar ejerciendo una mirada patriarcal y normativa sobre los demás. Es necesario poner de manifiesto que ser homosexual no significa ser ajeno al machismo. Estamos acostumbrados a ver solo una clase de homosexualidad, la masculina, que lo copa todo de cuerpos esculpidos y heteronormativos. Con mi poesía intento derribar esta imagen. No sé si lo hago bien o si lo hago mal, pero es mi postura política frente al mundo. Para mí cuestionarse el cuerpo y la identidad son debates básicos de la literatura.

Imagen: Martín de Arriba

Cuerpo, identidad, deseo… ¿cuáles son tus referentes en este terreno? ¿Existen en nuestro país?

Evidentemente. Yo no he descubierto nada. Hay mucha gente trabajando en esta línea, por ejemplo voces muy jóvenes como la de Sara Torres. De hecho, me llama la atención porque casi todos los referentes que podría darte son más jóvenes, o hasta mucho más jóvenes que yo. Es esperanzador.

De hecho, cuando en PlayGround publicamos una antología de escritoras trans, casi todas habían nacido a finales de los 90 o incluso en el 2000.

¿Incluso el 2000? Dios mío…

Sí, sí, en el 2000. Elizabeth Duval es de 2001. ¿Crees que ese trabajo sobre la identidad que han hecho generaciones anteriores va a terminar de explotar con la generación Z?

Va a reventar, exactamente. En España se me ocurre el nombre de Berta García Faet. Ella ha articulado un discurso que ha renovado totalmente lo que significaba el amor romántico en la poesía. Pero también está Sara Torres, como te decía. O incluso Rodrigo G. Marina. Es bonito, porque cuando lees obras como las suyas, que además son escritores de tu generación, te ayudan a seguir.

¿Y de otras generaciones?

Chantal Maillard, por supuesto.

“Estamos acostumbrados a ver solo una clase de homosexualidad, la masculina. Con mi poesía intento derribar esta imagen. No sé si lo hago bien o si lo hago mal, pero es mi postura política frente al mundo. Para mí cuestionarse el cuerpo y la identidad son debates básicos de la literatura”

Ángelo Néstore

Es curioso que cites antes a mujeres, y a mujeres jóvenes, que a todos esos hombres que suelen salir en los medios cuando a la poesía le metemos la etiqueta LGTB.

¿González Iglesias?

Sí, Luis Antonio de Villena, Juan Antonio González Iglesias… Parece que no hubiera más ejemplos.

Y parece que tuvieras que ser sólo gay para poder cuestionar el mundo. Cuando eso es sólo otra etiqueta. Yo, por ejemplo, estoy trabajando en darle la vuelta a este concepto. La sociedad me ha relegado a una etiqueta marginal, y aún así yo sigo teniendo los privilegios propios de haber nacido hombre. Soy un hombre blanco, occidental y de clase media y a pesar de cuestionar las masculinidades he crecido con este molde, con este privilegio. Es un trabajo complicado asumir tus privilegios, porque lo más fácil es aferrarse a ellos. Me emociono cuando hablo de esto, porque es duro darse cuenta. Muchas veces pienso en cuánto habrá influido el hecho de ser hombre en que me dieran el Premio Hiperión. Estoy seguro de que una mujer, por el simple hecho de serlo y aunque hubiera escrito exactamente el mismo libro que yo, habría corrido otra suerte.

Cuando conocí al poeta peruano Jorge Alejandro Vargas Pardo él también me habló de los privilegios. De cómo gracias a no parecer físicamente indígena la vida se le había hecho extrañamente más fácil. Ahora él lucha por los derechos de los indígenas y escribe en quechua. ¿Cómo crees que hay que luchar desde dentro?

Efectivamente, los espacios desde los que hablamos son fundamentales. Yo, por ejemplo, soy profesor de Universidad. Como alguien que trabaja desde la academia, me veo como un infiltrado, pero sé que mi deber, una vez he llegado hasta aquí, es seguir creando desde dentro. Hay que saber qué lugares ocupamos y qué lugares debemos ocupar. Justo como en las manifestaciones feministas, cuando se reclama que los hombres no entremos en ciertos espacios. Hay que preguntarse ¿y yo qué puedo hacer desde mi posición para contribuir a las causas en las que creo? Por eso decidí que desde trabajo de traductor me tendría que centrar en traer al castellano a mujeres olvidadas, o simplemente a autores disidentes de la identidad normativa.

El último libro de Néstore

Has hablado de feminismo contemporáneo, y también de la comunidad gay. ¿Se pueden compaginar las luchas? Porque da la impresión de que la derecha, al menos en España, esté empeñada en enfrentar nuestras identidades.

Pero es que piensa que la norma está trabajando. Que se apodera de nosotros. La norma lo que intenta hacer es causar enfrentamiento, y por otro lado fagocitar. Tendemos a mirar lo conservador como algo monolítico, pero no. La norma hegemónica tiene esa capacidad transformadora que convierte los discursos subversivos en discursos mainstream. Lo que quiero decir con esto es que para mí hay un discurso feminista que ya es muy normativo, al igual que hay un discurso gay que es heteropatriarcal.

¿Esta norma fagocitadora se puede aplicar al mundo editorial? No sé si te has fijado, pero ahora todas las grandes editoriales tienen sus líneas feministas, sus textos reivindicativos, su literatura de combate…

El feminismo se ha convertido en moneda, eso está claro. Y probablemente a mí me hayan invitado a este festival porque soy parte de él. Quizá el discurso que yo propongo, hace cinco o diez años se hubiera quedado en los márgenes. Es importante saber trabajar desde dentro, como te comentaba antes.

¿Y cuando estás en la norma, cuál es el siguiente paso?

El siguiente paso es saber hablar desde el privilegio. Saber que aunque tú ya hayas llegado hasta aquí, quedan otros detrás de ti que merecen encontrar su espacio. Personalmente, me interesa una mirada trans. Una mirada racializada. Y con conciencia de clase. Sé que es doloroso cuestionarse. Es mucho más fácil lamentarse uno mismo que luchar por los demás. Pero lamentarse continuamente no es honesto.

“Para subvertir la norma hay que ser constante, pero también hay que tener un espíritu provocador”

Ángelo Néstore

Volviendo un poco al inicio de la conversación. ¿Qué harías tú, por ejemplo como organizador de eventos literarios, para llegar a la gente que ni siquiera está dispuesta a plantearse sus privilegios?

En primer lugar, es fundamental la constancia. Para subvertir la norma hay que repetir, y repetir, y repetir. Para ser constante también hay que tener ánimo, y lo más normal, por desgracia, es que las circunstancias adversas nos desanimen. En segundo lugar, diría que la clave está en tener un espíritu provocador. Hay que provocar. Hay que ser atrevido.

¿Tú en que eres provocador?

Creo que cuando hablo de mi parte femenina soy provocador. Pero sobre todo diría que lo soy en clase, en la universidad. Cuando hablo con mis alumnos en femenino del plural. Eso les descoloca, pero creo que es necesario.

¿Se han quejado?

Algunos chicos se lo toman muy mal.

¿Cómo lo sabes?

Me lo han comentado las alumnas. Dicen que mis alumnos se sienten excluidos. Curioso, ¿verdad?

¿Te han llamado la atención por esto?

Sí. En 2015 entregué mi tesis doctoral, que también estaba escrita en femenino, y estuvieron a punto de no ponerme cum laude. Pero mi tutora, María López Villalba, que es traductora, fue la primera en apoyarme y en ofrecerme esta mirada. Una mirada que yo intento ofrecer a mis alumnos. Nuevamente, ella desde la academia, desde la norma, se abrió a mi propuesta y gracias a esa generosidad, he llegado a donde he llegado.

Puesto que siempre queda camino, antes de irnos de aquí, ¿me contarías qué nos deparará la próxima edición del festival al que algunos quieren que no llaméis “poético”?

Aún no puedo decir mucho. Estamos tanteando a algunas grandes mujeres de la literatura y de la música, como Juana Castro o Christina Rosenvinge. Lo único que espero es que sigamos sorprendiendo. Volver a llevar la poesía a los espacios en los que nunca antes estuvo. Ocupar las plazas, los cementerios, los espacios vacíos en mitad del mar. Y seguir apostando por los jóvenes. El año pasado tuvimos a Ángeles Mora en conversación con poetas que aún están en el instituto. ¡Y se nos criticó! ¡Decían que eran demasiado jóvenes! Nosotros respondimos que no. Que son nuestro el futuro. Y nuestro presente.

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