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"He salido de fiesta llevándome la mochila con la ropa para volver corriendo a casa"

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Valentí Sanjuan
 

Hablamos con Valentí Sanjuan, el periodista que se ha convertido en uno de los ironmans más influyentes del momento

Rafa Martí

09 Julio 2018 06:00

Valentí Sanjuan (Tordera, 1981) se define como un motivado. Lo transmite en cada gesto, en cada palabra. Es incapaz de no hacer nada. Cuando empecé a indagar el personaje esperaba encontrarme a un tipo cuya personalidad real sería bastante más diferente que lo que cientos de miles de personas ven todos los días en su Instagram, su canal de YouTube o sus libros: maratones, ironmans, ultramans, vivencias personales desde lo más profundo y, en resumen, una bestia emocional; una montaña rusa de energía. Pero lo cierto es que, a diferencia de muchos nuevos mesías del siglo XXI, de coaches y líderes inspiradores que señalan el camino de la autoestima, el wanderlust, la actitud y el sétúmismo, Sanjuan (que no se considera ninguno de los anteriores) no tiene fisuras ni dobleces: lo que vive es lo mismo que cuenta.

Me lo habían advertido antes pero lo confirmé nada más entrar en su piso-oficina, un apartamento grande en el centro de Barcelona con patio trasero, y plagado de preciosas bicis de fibra de carbono y placas al youtuber del año. Durante el día comparte el espacio con su equipo y cuando este se va, descansa. La diferencia entre lo privado y lo público en el mundo de Sanjuan no existe.

Antes de llegar a todo esto, Sanjuan tenía una vida bastante corriente: trabajaba en el mundo de la comunicación, en el que empezó con 17 años cuando montó una web de cine, para seguir con un programa de radio en la universidad, luego una revista y, al final, regresar a la radio profesional. El cúmulo de circunstancias adversas, sin embargo, es lo que le enseñó el camino hacia donde está hoy.

Correr por necesidad

Sanjuan comenzó a correr porque le dejó una novia. En un momento en el que la mayoría hubiésemos elegido el camino de la fiesta y de la noche para tener recompensas inmediatas, él optó por el deporte. “¡Quizá a ellos les va mejor que a mí, eh, pero a mí me salía correr!”, dice. Sin embargo, no renunció a la noche. De hecho, corría de noche. “Me acostaba de madrugada y al cabo de una hora de no dormirme, con los ojos como platos, con ansiedad, me ponía a ver una peli y nada, no entraba el sueño. Así que comencé a correr de madrugada. En aquella época llegué a salir al Jamboree a tomar una copa con mis amigos y dejar la mochila con la ropa de deporte en el guardarropía para volver a casa corriendo, medio borracho”, asegura.

Para Sanjuan aquello arrancó como una huida hacia adelante. “Como te pongas a pensar en esos momentos en lo que todo es una puta mierda, estás perdido”, afirma. En una de sus rupturas amorosas, recuerda, tenía un cuaderno grande con el que se iba en skate hasta la Barceloneta a apuntar qué había fallado y qué podía aprender. Hasta que quemó el cuaderno y se puso de nuevo en marcha. Sanjuan reconoce que no da espacio a la tristeza ni a la reflexión, porque de alguna manera u otra el bajón acaba siempre encontrando los espacios para hacerse presente.

"Después de que muriese mi madre, me dije: 'O te pones ya, o es posible que te caiga un piano en la cabeza'"

“Lo cierto es que la hostia vendrá, que habrá un día que saldrás con los colegas y te lo habrás pasado muy bien pero luego te despertarás solo en casa, o estarás corriendo en en medio del desierto pensando que lo has enterrado todo después de una Titan y el primer día de vuelta a casa… ¡hostia puta! Nada enterrado. Así que el tema es ponerte a hacer cosas que te gustan, ni siquiera por motivación, porque no la tienes, sino por pura necesidad, te engañas para ver que haces cosas bien, que eres útil”, dice. “Esto no es Bukowski, que te arda por dentro. Comienzas por necesidad”.

Los ironmans llegaron también después de otro golpe: la muerte de su madre. Su familia era una familia de clase media. Su padre había trabajado hasta los 60 años, cuando pudo montarse su propio taller. Y su madre trabajaba con él. La única distracción que tenían era esquiar dos o tres fines de semana al año. Su madre esperaba paciente el momento de la jubilación para comprarse un flamante equipo de esquí, con la desgracia de que, a poco de jubilarse, le diagnosticaron un cáncer fulminante. “Se lo diagnosticaron en octubre y el 31 de diciembre la estábamos enterrando. Lo único positivo que saqué al cabo de un tiempo es que las cosas hay que hacerlas y no tienes que esperar. O te pones ya, o es posible que te caiga un piano en la cabeza”, dice Sanjuan.

El ironman era una de tantas cosas que Sanjuan tenía en su lista de deseos vitales y se puso a ello. Para aquel entonces, un compañero de la agencia de publicidad donde trabajaba ya le había animado a hacer vídeos de cuando salía a correr. Sanjuan tenía además un programa Catalunya Ràdio, Vist i no vist, al estilo late night. “Sentía que en mi vida hacía muchas más cosas que quería contar que no cabían en el programa y le pregunté a este tipo cómo podría vertebrar un canal de YouTube”. Sin creerlo demasiado, comenzó a grabarse con una GoPro mientras trotaba. Lo que no sabía es que del extraño matrimonio entre el deporte y su talento comunicador saldría todo lo que hoy conocemos: algo tan aburrido y lineal como el running convertido en historias conmovedoras con un público inmenso.

Con aquel prematuro canal de YouTube escribió a la organización del Ironman de Lanzarote. Apenas llevaba un año corriendo y no tenía ni bici, pero les convenció de lo que sentía y les explicó lo que iba a contar. Así, llegó a la isla. “Había un grupo de WhatsApp en el que se hacían apuestas durante los dos meses anteriores porque creían que ni me llegaría a presentar”, asegura. El ironman tenía que completarse en 17 horas y lo terminó en 12 horas y 55 minutos. Ni él se lo podía creer. “Después de tantos miedos, es de lo más bonito que he vivido… Lo sientes tan adentro...”.

Aquello que en principio iba a ser un “completado” en la lista de sueños vitales fue a más. Su hermana, que en Lanzarote le siguió con una moto para hacerle vídeos, dijo que quería unirse. Así, comenzaron a prepararse. Sanjuan se adentró en este mundo a través de mucha motivación para salir de su hoyo personal (también le habían echado de la radio) y de trueques que le permitían hacerlo casi gratis. El broker y deportista Josef Ajram le dejó una bici de edición limitada diseñada por Lance Armstrong, Vueling le regaló billetes a cambio de menciones, otro amigo le dio un traje de neopreno tras contarle su proyecto… Y así todo. Terminó un ultraman en Gales, se clasificó para Hawaii y cuando lo pensó, se había metido en una rueda de la que ya no saldría.

Vivir rápido

A partir de entonces, la vida de Sanjuan pasó a una velocidad trepidante. Vivía tres vidas: la de su agencia de comunicación, la de las carreras y la de los vídeos. Sus jornadas podían alargarse fácilmente hasta las 19 horas. En medio de todo este torbellino, Sanjuan solo parecía seguir escapando de empresas profesionales y amorosas fallidas. Como si todo el dolor y el estrés que genera lo efímero y el estilo de vida que ofrecen las sociedades modernas solo tuviera una respuesta que Sanjuan tenía que encarnar: lucha el doble, motívate el doble, autoayúdate.

Y sí. Ir rápido, a Sanjuan, casi le cuesta la tumba. “Porque comienzas a perder perspectiva de por qué haces lo que haces”, dice. “Cuando llevas 20 horas corriendo con los pies llagados, eres inmune a todo. Conectas con otra gente pero estás jodido porque hablas con ellos como una cosa más, profesional. Acabas haciendo costra y recuerdas entonces que haces lo haces porque querías conocer el alma humana, pero el resultado es el contrario. Y lloras y te preguntas si es real, o es solo costra, un vídeo más.

Por ello, Sanjuan hace un año que ha puesto (algo) el freno. “En aquel momento ya estaría pensando en lo siguiente que tengo que hacer después de hablar contigo”, asegura. De hecho, si hay algo de lo que Sanjuan se arrepiente es de no haber disfrutado pausadamente de todos los logros del camino. Él lo define como ganar un partido un domingo y no tener el lunes para gozarlo, porque el mismo lunes hay otro partido tan exigente como el del día anterior. Aunque, por otra parte, si no hubiese sido así, probablemente nunca hubiese logrado lo que ha logrado.

"Si te apasiona, te esfuerzas. ¡Qué putada esforzarte por algo que no te apasiona!"

Al final, Sanjuan es un apasionado que no podría haber hecho las cosas de otra forma. “Me encantaría tener la fórmula de la gente que encuentra la felicidad en la tranquilidad, que no tiene una pasión. Porque si no tienes una pasión tampoco tienes demasiadas expectativas, decepciones o nerviosismos. Pero no soy así, ya desde cuando curraba en la radio 12 horas al día hasta ahora; pero intentando alargar el disfrute un poco más, eso sí”, dice.

Lo bueno de tener una pasión, por contra, es que nada cuesta demasiado. Cuando comenzó a correr, le gustaba correr. Y lo mismo con las carreras, la publicidad y su canal de YouTube. De ahí viene un poco el título de uno de sus libros y lemas vitales, “Menos cabeza, más corazón”. Aunque, acto seguido, le pregunto si es eso posible, y también dice: “Hay momentos en los que estás muy cansado y que no tienes nada de ganas, y qué putada hacer tu hobby y tu pasión sin tener ganas… Pero bueno, dile a Iniesta que le flipa el fútbol… seguro que hay días que no tiene ganas de entrenar”.

Para mantenerse arriba y disciplinado, su secreto son las metas cortas (12 ironmans por año, uno por mes). Así se ha convertido en un tipo de los que dice que va al gimnasio el 1 de enero para ir, y salir el 31 de diciembre y, al día siguiente, volver a empezar. “Si te apasiona, te esfuerzas. ¡Qué putada esforzarte por algo que no te apasiona!”, exclama.

En todo caso, Sanjuan dice que tiene ganas el 90% de las veces. El propósito detrás de todo, de las ganas, es entretener a la gente (y superarse, claro). No tiene conciencia de coach ni de psicólogo, aunque indirectamente, sus vídeos han terminado haciendo estragos positivos en una legión de seguidores que le escriben día sí, día también, para darle las gracias por haberles ayudado a sacarles del pozo.

Pero se quita hierro. Me dice: “Mira, cuando estás en el pozo hay gente con mucha suerte que tiene a otros que le ayudan pero al final por mucho que te animen, que te preparen el desayuno o te monten el mejor plan del mundo, si tú por dentro estás podrido, es imposible que salgas”. Todo el mundo sale por sí mismo. Como él, a pesar de todas las veces que la vida, y otros, han intentado desanimarle.

“La única discapacidad que existe es la emocional y de actitud. No saber querer, no respetar, no saber quererse a uno mismo... Es una cosa que no se ve a simple vista. Ojo con a quién le cuentas las cosas y ojo a quién le aconsejas que haga o deje de hacer alguna cosa, porque tiene que ser muy jodido estar en la caja de pino y que en la tumba de al lado salga un tío que te diga: ‘Hijo de puta, yo quería hacer esto y tú me comiste la cabeza para que no lo hiciera. Por qué vas al desierto, por qué haces esta oposición, por qué estás con esta pareja o por qué haces este viaje... Me daba miedo, estaba inseguro y en lugar de darme tu apoyo, lo dejé de hacer por ti’.

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