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No es tu culpa: es la precariedad laboral y los alquileres imposibles

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The Health Foundation revela los estragos mentales que sufriremos en unos años quienes hoy somos jóvenes, si nuestra situación profesional y el acceso a una vivienda digna no mejoran

Gemma Cuartielles

01 Noviembre 2019 21:16

Imagina que has estudiado Traducción e Interpretación en Alemán y Chino. Tienes bajo el brazo una maestría en Relaciones Internacionales por una de las mejores universidades de Europa que costó casi lo mismo que lo que ganarás en todo el próximo año. Das carpetazo a los seis años de desvelos y sales convencida de que tu voz traducirá simultáneamente a Angela Merkel en sus mítines sobre refugiados en las Naciones Unidas. Pues claro. ¿No?

Sales a la calle esperando que te lluevan las ofertas —no cualquiera, las buenas de verdad— y, tres meses después, estás doblando turno “porque no había otra cosa”: durante el día, 10 mil horas en un Call Center internacional. Por la noche, eres esa chica en los eventos que regala shots de una nueva marca de whisky en un antro plagado de estudiantes de intercambio —sí, la que dijiste que nunca serías—.

“¿Por qué no encuentro un buen trabajo? ¿No soy lo suficientemente buena? ¿Por qué me pagan una miseria? ¿Cuándo podré independizarme? ¿Tengo que hacer 14 horas diarias para agradar a mi responsable y que me dé una palmadita en la espalda por Navidad? ¿Por qué no puedo pagar un alquiler? Estudié en una de las mejores Universidades de Europa, algo tiene que salir. ¿Cuándo?”

—Hola, te escribimos de Apple, tu talento es muy importante para nosotros.

—Oh, ¡Apple! —ya era hora—. ¿Cuál es el puesto? ¿Policy Communications Specialist en Shangai? ¿Language Translation Coordinator en San Francisco? ¿Editor de Siri en Berlín?

—Customer Success Ninja en tu localidad.

—¿Y eso qué es?

Yo te lo aclaro: dependiente de tienda que está 12 horas parado y que cobra un sueldo que no alcanzará para pagar un alquiler decente —y mucho menos para las vacaciones en Tailandia que estabas esperando.

No, no es que no seas buena. No es que los seis años de esfuerzo personal, académico y económico no te hayan preparado para el futuro prometedor que imaginabas y que seguramente mereces.

No, no es que en la entrevista hayas olvidado explicar qué es el teorema de Pitágoras ni que pases los días de tu vida sin utilizar el mínimo común múltiplo ni el máximo común divisor.

Que en México el sueldo medio mensual de un profesor de Literatura sea de 6 mil pesos mexicanos (300 dólares) o que en España paguen 60 euros al mes por unas prácticas periodísticas de casi ocho horas diarias, no es algo normal: sólo evidencia un sistema socioeconómico roto, desproporcionado e injusto.

Durante dos años, The Health Foundation ha investigado factores que podrían poner en riesgo la estabilidad mental de los jóvenes a largo plazo. A healthy foundation for the future, es el estudio que da voz a este análisis, y revela las consecuencias de enfrentarse a empleos precarios y a condiciones de vida irrisorias —a las que muchos jóvenes están expuestos en la actualidad—.

Jóvenes entre 12 y 24 años respondieron sobre cuestiones relacionadas con su empleo, vivienda y estabilidad emocional. Los resultados parecen indicar que, si la situación profesional y el acceso a un hogar digno independiente de estas generaciones no mejora, podrían desarrollarse bajo condiciones mentales complejas para su salud y bienestar.

Con base en estas conversaciones, el estudio ha elaborado una serie de recomendaciones dirigidas a los líderes políticos y económicos. Algunas de las prioridades que contribuirían a un ecosistema más saludable y amable para los jóvenes son reformar el sector privado de las rentas, aumentar la calidad de los empleos, revisar y mejorar el impacto del transporte que utilizan los jóvenes para llegar a sus trabajos e instituciones académicas o el efecto que tienen las organizaciones educativas en el bienestar de éstos.

The Health Foundation urge a los gobiernos replantear sus políticas laborales y económicas para mejorar la estabilidad y el futuro de los centennials. Y no se trata sólo de subir sueldos, sino de construir condiciones equitativas en todos los sentidos: según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la excesiva temporalidad de los contratos también está directamente vinculada con la pobreza.

Al mismo tiempo que los jóvenes nos preparamos para el futuro, también estamos desarrollando y construyendo las bases de nuestra estabilidad mental a medio y largo plazo. Si alguien con 23 años termina sus estudios universitarios con la expectativa de encontrar trabajo pero entra en un ciclo interminable de experiencias laborales denigrantes y cuentas bancarias vacías, ¿qué tipo de evolución profesional se imagina? ¿bajo qué condiciones podrá pagar un alquiler? Y, mucho más alejado de su realidad, ¿podrá algún día permitirse un hogar independiente digno?

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