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Por qué Los Sims siguen siendo el simulador vital que necesitamos

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Por qué Los Sims siguen siendo el simulador vital que necesitamos

De niños, Los Sims nos permiten jugar a ser Dios. De adultos, son el reflejo de la vida que querríamos tener (y no tenemos)

El Juan Carlos Saloz de la vida real se levanta a las 6:30 de la mañana. Se ducha, se toma un café y se va directo a trabajar. Llega a las tantas, después de pelearse con una larga caravana de coches. Cena algo ligero para que no le siente mal, ve algo en Netflix o YouTube y duerme unas cinco horas diarias. Así cada jornada.

El Juan Carlos Saloz que vive en Los Sims 4 se levanta al mediodía, hace un ñiqui-ñiqui y cumple rápidamente con sus necesidades básicas. Después, sale a hacer footing, se da una vuelta por el barrio y, de vez en cuando, se pasa media jornada en un trabajo creativo que le da para comprarse la mansión más grande de la ciudad.

El Juan Carlos Saloz de Los Sims 4 no es excesivamente diferente al Juan Carlos Saloz de la vida real. Pero tiene todo lo que el de carne y hueso desearía tener. El juego llena el gap, y es eso lo que provoca que no pueda desengancharme de la pantalla.

Desde la llegada de esta nueva versión del videojuego de EA, el avatar que finge ser yo mismo me tiene atrapado. De alguna forma, me basta con que mi trasunto en ese multiverso virtual esté feliz, por más que yo esté todo el fin de semana tirado en la cama.

Lo más curioso es que nunca he sido un jugador habitual de Los Sims. La última vez que toqué este título tendría unos 11 años, y por aquel entonces lo veía como un juego de construcción o aventuras, sin nada que ver con el simulador de sueños que suele ser.

Por aquel entonces, lo que más me divertía era incendiar la casa con los Sims dentro o meterles en la piscina y quitar la escalera, provocando que murieran ahogados. Sin embargo, ahora me divierte mucho más ponerles a cocinar, dejarles sentados viendo la TV o entablar relaciones con vecinos cercanos.

Lejos de las experiencias de Minecraft o Second Life, donde las posibilidades se amplían hasta la fantasía, Los Sims no ofrece mucho más que ponerte en la piel de humanos más o menos realistas que cumplen con su rutina habitual.

Así que, ¿a qué se debe esta adicción por la monotonía?

Para contestar a esta pregunta, hemos consultado a varias compañeras expertas en Los Sims. Jóvenes jugadoras que llevan probándolo desde su infancia, y que en cada época han encontrado un motivo por el que seguir disfrutándolo.

"A mí me interesaba porque me permitía explorar en todos los personajes que me gustaría ser. Una adolescente. Una mujer soltera increíblemente ligona. El padre de una familia. Una universitaria en una fraterninadad. Todos esos personajes a la vez. Dibujaba mis posibles vidas con todos los chicos que me gustaban. Tenía tantos hijos como quería. Joder, jugar a los Sims era lo más parecido a ser Dios", explica la periodista Anna Pacheco, que reconoce haber sido una fanática durante su adolescencia.

No obstate, el juego no es válido únicamente en la edad en la que se nos permite soñar con un futuro mágico o una vida paralela. También es una forma de convertir las actividades mundanas en algo endiabladamente divertido, o de autoengañarse con una vida productiva sin tener que salir de casa, como en el caso de Sandra Cabañas, jugadora habitual desde su más tierna infancia.

“Algo que me encanta de Los Sims es que me permite ser todo lo productiva que no soy en la vida real. Me siento muy feliz cuando mis personajes cumplen con sus objetivos, aunque luego me dé cuenta de que yo no he cumplido los míos propios en todo el día”, explica.

Tener control sobre el tiempo es otro de esos factores diferenciales que hacen atractivo a Los Sims. Como en la olvidada película Click, de Adam Sandler, puedes saltarte las partes más aburridas, como dormir o ir a trabajar, para así centrarte en lo que realmente te importa. Pequeños trucos que hacen más atractiva la simulación sin que pierda ni una dosis de realismo.

“Si nos engancha tanto es porque es un espacio donde controlamos, realmente, nuestra vida”, opina Anna Cea. “Puedes hacer y ser como te dé la gana, sin ser juzgado por convenciones sociales ni límites legales”.

Con ella coincide Silvia Laboreo, otra joven profesional del periodismo que durante su adolescencia pasó muchas horas controlando a estos personajes. "Los Sims te permite ser malo sin consecuencias. En la vida real estamos coaccionados por lo que se supone que debemos ser si vivimos en sociedad. Pero en Los Sims esos límites se desdibujaban y cosas como la infidelidad, el asesinato, el robo o la violencia se aceptan, porque solo es un juego. Yo recuerdo descargar mi ira matando a personajes que se llamaban como mis amigas cuando me enfadaba con ellas".

Tengas la edad que tengas, utilizar el videojuego como una forma de desahogarte sigue siendo un método mucho más sano que hacerlo en la vida real. Pero no todo el mundo ha tenido la misma experiencia cuando lo ha retomado unos años más tarde.

"Cuando he intentado jugar de mayor, he terminado aburriéndome”, nos cuenta Margaryta Yakovenko. "Creo que lo atractivo era que, cuando jugaba con 13 años, podía ser un millón de cosas: desde un señor gordo que intentaba tener novia hasta una joven que quería ser política. ¿Qué pasó cuando a los 20 intenté jugar de nuevo? Que acabé con una Sim rubia, delgada y de ojos verdes que quería ser periodista y tenía un trabajo de repartidora de periódicos. El juego se convirtió no en una dimensión llena de posibilidades, sino en una caja de 4 paredes en la que reproducía mi futuro próximo. La primera vida molaba, era una alternativa sin miedo. La segunda era lo más parecida a tu vida real, y al verte jugar y reproducir esa vida, te dabas cuenta de lo vacía y común que era".

Visto así, puede que mi propia adicción actual por Los Sims sea producto de la pérdida de imaginación y libertades que inevitablemente te provoca el paso del tiempo. Pero eso no lo hace menos atractivo. De niños, Los Sims nos permiten jugar a ser Dios. De adultos, son el reflejo de la vida que querríamos tener (y no tenemos).

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