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Games

De Wolfenstein II a Malditos Bastardos: cuando matar nazis es la mejor venganza posible

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Juan Carlos Saloz

30 Octubre 2017 17:31

Según Arturo Pérez Reverte, el desafío de su novela Falcó era crear simpatía en “un héroe del bando franquista que además es torturador, asesino e inmoral”.

No hay duda de que Reverte quiso hacer lo mismo que ya han aprovechado series como Breaking Bad o Narcos: convertir a auténticos cabrones en ídolos de masas. El problema es que, para hacerlo, tocó una tecla aún más polémica que las drogas: la Guerra Civil Española.

Con el conflicto aún a medio cerrar, el libro acabó acarreando muchas críticas por este tema. Quizás, todavía no hayamos superado la barrera que nos permita hacerlo. Quizás, simplemente, no sea de buen gusto hacerlo, pase el tiempo que pase. Pero lo que demuestra con creces es que, por más que se hayan explotado hasta la saciedad, videojuegos como Wolfenstein II siguen siendo necesarios.

Pongámonos al día. Wolfenstein es una saga de videojuegos que comenzó a principios de los 80 y que tiene como objetivo acabar con los nazis. Ya sea a través del sigilo, como en su primera entrega, o de empuñar armas gigantes, como en los últimos juegos, siempre ha puesto al protagonista en una situación de inferioridad en la que tiene que zafarse de enemigos hitlerianos.

Sin embargo, los dos últimos, que comenzaron con el reboot de 2014, ofrecen una experiencia muy distinta de los anteriores. Como en El Hombre en el castillo, se sitúan en una sociedad distópica en la que los nazis han ganado la Segunda Guerra Mundial. Pero en esta ocasión han pasado casi dos décadas y América está completamente a su merced. Así que el protagonista, "B.J." Blazkowicz, surge de la nada para acabar con este régimen.

¿Cómo? Matando nazis a balazo limpio, con una metralleta en cada mano y ninguna empatía por sus rivales.

Al igual que ocurre en filmes como Malditos Bastardos, no hay ninguna intención de entender al bando contrario. No hay necesidad de empatizar con los nazis, como tampoco la hay de sentir simpatía por Falcó. El enemigo está deshumanizado, se ha convertido en un espectro digital. Y es así está porque se lo pueden permitir. Porque lo que hicieron no era humano y porque las heridas de las víctimas todavía no están cerradas.

En el caso de los nazis está clarísimo. La campaña de publicidad de Wolfenstein II: The New Colossus ha consistido en comparar el régimen nazi con la política actual, y el más claro ejemplo está en el eslogan que han utilizado: MAKE AMERICA NAZI-FREE AGAIN.

Aunque la campaña ha dado la vuelta al eslogan de Trump, y podría considerarse incluso bueno para sus políticas, no hay duda de que detrás existe una crítica soterrada a quienes salieron a la calle en Charlottesville.

Básicamente, ofrecen una venganza para quienes no pueden evitar llevarse las manos a la cabeza viendo estas imágenes. ¿Estás harto de los nazis? ¿Crees que no se hizo suficiente y que por eso todavía siguen en pie? Pues coge dos metralletas y reviéntalos en un videojuego. No servirá de nada, pero podrás desahogarte.

A tanto ha llegado esta intencionalidad del juego que, incluso, han tenido que censurarlo en Alemania. Aunque la narrativa es la misma, no aparecen esvásticas por ningún lugar, y todo atisbo de realismo desaparecen por completo. Al fin y al cabo, muchos podrían sentir que matan a sus abuelos con este título.

Con sus anteriores juegos como precedente, y con un envidiable 89 en Metacritic, Wolfenstein II se ha convertido en uno de los mejores juegos del año. Pero lo que ofrece es mucho más que entretenimiento o superación. Ofrece rabia. Ofrece furor. Ofrece venganza.

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