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Así es el policía de crímenes biológicos que investiga laboratorios y placas de Petri

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Los biólogos llaman a Edward You cuando algún compañero empieza a hacer cosas raras. El abaratamiento de CRISPR podría ser la gran arma de la próxima generación de ataques bioterroristas

Antonio Regalado

04 Noviembre 2016 17:50

Crédito imagen de cabecera: Matt Chase.

¿Ha observado algo extraño creciendo en una placa de Petri en el sótano de un amigo? ¿Conoce a algún alumno de postgrado enfadado que trabaja durante horas inusuales en un laboratorio de patología? En tal caso, tal vez quiera llamar a Edward You.

Como agente especial de vigilancia de la dirección de armas de destrucción masiva de la sede central de FBI en Washington D.C. (EEUU), You es el policía biológico líder de Estados Unidos. Su trabajo: vigilar los avances de laboratorio y asegurarse de que no acaben produciendo un ataque biológico.

Es una dura labor. Los métodos para modificar el ADN de los microorganismos están ampliamente disponibles y son cada vez más potentes. Además, un nuevo movimiento do-it-yourself (hazlo-tú-mismo, o DIY) empieza a sacar la ingeniería genética de las grandes instituciones para introducirla en laboratorios caseros, donde resulta más difícil de vigilar.


"Es la persona a la que acudes cuando no sabes a quién llamar".


La gente que le conoce dice que You, que se unió al FBI en 2005, ha ampliado los límites de su papel en la agencia, ha influido a los actores políticos para que busquen puntos ciegos y ha ejecutado una campaña amigable y abierta para infiltrarse en las comunidades de biólogos "indie" simplemente conociéndoles.

You se refiere a su red de fuentes como una "red de detección" que le permite conocer las preocupaciones de los científicos. Afirma que hasta ahora no ha protagonizado ninguna persecución en coche. Su trabajo es más bien el equivalente biológico a las "llamadas al 112 sobre gente que conduce de manera temeraria", dice.

El enfoque de You está muy adaptado al problema de las amenazas biológicas. Las armas nucleares pueden ser controladas si se mantienen en secreto y también se pueden rastrear las centrifugadoras de alta velocidad que convierten el uranio en combustible de bombas. Pero la experiencia biológica no puede ser fácilmente contenida. El reto es que los mismos gérmenes, técnicas y capacidades necesarias para estudiar las enfermedades también pueden ser empleados como armas.

El resultado: una tecnología potencialmente peligrosa está libremente disponible. En febrero, Estados Unidos declaró la edición génica como arma de destrucción masiva en potencia. Al mismo tiempo, los kits caseros para modificar los genes de bacterias mediante CRISPR se pueden conseguir en internet por menos de 130 euros

En teoría, esto permitiría que cualquier malhechor diseñe bacterias mortales o recree gérmenes antiguos como la viruela. En la práctica, tal ingeniería no sería fácil, pero podría llegar a serlo en un futuro próximo. "Las barreras de acceso para hacer algo malicioso son cada vez menores, y eso nos perjudica a todos", afirma el director ejecutivo del Centro de Biología Sintética del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, EEUU), Nevin Summers. En su opinión, "la próxima generación de niños que estudie biología tendrá que resolver unos espinosos problemas de seguridad".

El FBI es una agencia de actuación policial e inteligencia nacional. Eso significa que You busca más Unabombers biológicos autóctonos que agentes extranjeros.


Foto: El agente especial del FBI Edward You habla con alumnos durante la competición Máquinas Modificadas Genéticamente Internacional de 2013. Crédito: Universidad de California.

Los delitos biológicos también siguen siendo algo muy excepcional, y suelen ser perpetrados por criminales con formación científica. En 1996, una técnica de laboratorio del Centro Médico St. Paul (EEUU) llamada Diane Thompson avisó a sus compañeros que había dejado unas magdalenas en la cocina. Pero las había infectado con la bacteria Shigella, y mandó a nueve personas al hospital (recibió una pena de 20 años de cárcel). El mortífero ataque de ántrax perpetrado por medio del sistema de Correos de Estados Unidos de 2001, según concluyó el FBI, fue realizado por un científico militar con problemas mentales.

You explica que parte de su trabajo consiste en ayudar a los científicos a aprender a identificar tales amenazas. Los ataques suelen estar precedidos por comportamientos extraños por parte del autor, como correos electrónicos, arrebatos inapropiados o un gasto excesivo de material. Pero la mayoría de los biólogos académicos, que trabajan en curar el cáncer o desarrollar nuevas pruebas, desconocen estas señales. You afirma: "Impedir el mal uso de la tecnología es una responsabilidad compartida. Ahora más que nunca necesitamos un ejército de sombreros blancos que esté atento a posibles actividades de sombrero negro".

You entró en acción este mes durante SynBioBeta, una conferencia de dos días de duración celebrada en San Francisco (EEUU) que atrae a una gran mezcla de empresas como DuPont, varias start-ups que desarrollan carne cultivada en laboratorio y biológicos aficionados. Recorrió la sala dando la mano y lanzando besos al aire a los asistentes mientras su compañera de la oficina local del FBI, un agente tatuada con un anillo en la nariz, repartía su tarjeta. "Si alguna vez quieres contarnos algo, podemos enviárselo a la nave nodriza de Washington", explicó a un emprendedor.

You llevaba un traje azul para distinguirse en la sala, y el segundo día apareció con una camisa por fuera del pantalón y una gorra de lana con visera. La gente se agrupó en torno a las galletas y el café y ojeaba los equipos de laboratorio expuestos. Le pregunté si iba armado a tales. Y de forma ambigua me respondió: "Todos somos agentes especiales". 

You estudió un máster en biología molecular y después aceptó un trabajo en Amgen. Desde que se unió al FBI, también ha enseñado al Gobierno a "ser menos tonto" respecto a la biología, cuenta el científico político del MIT Ken Oye.

En 2004, el FBI demostró lo mal preparado que estaba cuando detuvo a un bioartista de Búfalo (EEUU) Steve Kurtz y le procesó bajo la Ley Patriota tras encontrar cultivos bacterianos en su domicilio. Fue anunciado como un gran golpe al bioterrorismo, pero un juez acabó desestimando el caso por falta de pruebas. "No había nada allí, era sólo un bicho inocuo y la placa de Petri hasta se podía chupar", señala el inversor y analista Rob Carlson que tenía su propio laboratorio casero.

Para 2009, la agencia había cambiado de rumbo. Empezó a patrocinar la Competición Internacional de Máquinas Modificadas Genéticamente, una feria anual donde 3.000 equipos estudiantiles realizan ingeniería microbiana. (Este año el FBI establecerá una caseta de reclutamiento profesional allí). Y ha cortejado a biólogos DYI miembros de un movimiento de contracultura cuyos proyectos incluyen esfuerzos por desarrollar insulina y queso sin lácteos de fuente abierta y otras atrevidas propuestas para la biotecnología comercial.


Crédito: Matt Chase.

En lugar de perseguir al grupo, que incluye a algún que otro personaje peculiar, el FBI le ha dado credibilidad y a veces apoyos financieros bajo la dirección de You. Sebastian Cocioba, que opera un laboratorio en un dormitorio de su apartamento en Nueva York (EEUU), tiene un contacto en la oficina de campo regional de la FBI. El científico explica: "Contacto regularmente con ella para informarle de las cosas que se cuecen".

Descubrí lo eficaz que es la red de You mientras intentaba aprender más sobre él. Al menos una persona le remitió mis preguntas directamente a él, una parte del flujo de pistas enviadas desde todos los rincones de la biotecnología que ahora llegan a su despacho en Washington. La experta en bioseguridad de la Universidad de Stanford (EEUU) Megan Palmer dice que envía personas a You unas dos veces al mes. Entre ellas hubo un ejecutivo de una empresa biotecnológica alarmado por las preguntas de un cliente y una persona de la comunidad DYI preocupada por un experimento del que había oído hablar. "Es la persona a la que acudes cuando no sabes a quién llamar", dice Palmer.


"Impedir el mal uso de la tecnología es una responsabilidad compartida".


You a menudo es el primero en enterarse de las preocupaciones más oscuras de los científicos. Últimamente algunas han estado relacionadas con el método de edición génica CRISPR, que puede ser empleado para generar alteraciones que se autopropagan en insectos o virus que cortan el ADN. Él "va por todas partes y plantea las preguntas acertadas", afirma Palmer.

Otro riesgo de seguridad que ha estado investigando está relacionado con grandes bases de datos de ADN y biológicas. Estados Unidos está montando un estudio de medicina de precisión de un millón de participantes que recopilará este tipo de datos, y ya existen vastos botines comerciales. Aunque aún no está claro por qué los intrusos podrían querer hackear tales datos, You patrocina talleres sobre "salvaguardar la bioeconomía" que explorarán los peligros potenciales.

Pero lo que el FBI no ha hecho ha sido publicar los resultados de los esfuerzos de You. ¿Cuántas bioamenazas existen? ¿Cuántas son investigadas? Y, ¿cuántas nacen dentro de laboratorios gubernamentales de gérmenes, que tienen un historial de accidentes? Palmer afirma que los científicos también quieren saber cómo se utilizan los datos que ofrecen al FBI, pero ahora mismo la comunicación con los agentes es una calle de sentido único.

Aunque se negó a describir sus investigaciones, You reconoce que investiga bioamenazas que podrían no materializarse jamás. El experto afirma: "Una amenaza implica intención, y aún no hemos observado eso. Pero a medida que las cosas están más disponibles, se baja el listón y la posibilidad de un incidente aumenta".


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