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Un chef denunciado por 31 mujeres de acoso sexual planea volver a su restaurante

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Es difícil evitar que este chef no haga lo que más le convenga con su negocio, pero la decisión de comer en un restaurante propiedad de un acosador sexual recae sobre cada uno de nosotros

Rosa Molinero Trias

10 Julio 2018 17:19

Ni más ni menos que 31 denuncias por acoso sexual fue las que recibió el chef de la Bay Area Charlie Hallowell después de las investigaciones que publicó en diciembre de 2017 Tara Duggan para San Francisco Chronicle. Pero parece que no han bastado para que el chef se retire por completo del negocio de la restauración.

Lo que ha estado haciendo Hallowell después de conocerse las acusaciones es propio de alguien que no parece haber sido denunciado ni asume las consecuencias de ello. Como si fuera impermeable a los cargos contra él y la reprobación de la sociedad. Pero su comportamiento no deja de ser común. Tal y como describía el crítico gastronómico Pete Wells para The New York Times: “En mayor medida, los chefs actúan como si la repentina voluntad de las mujeres de hablar sobre cómo es la industria realmente para ellas fuera una cosa temporal que se apagará pronto y la fiesta volverá a empezar otra vez”.

Hallowell, en primer lugar, no dimitió hasta que un grupo de managers se lo pidió por escrito en una carta publicada en el periódico San Francisco Chronicle como condición para que ellos no dimitieran.

A nadie le bastaban sus disculpas y una breve retirada. Hallowell había admitido casi todas las acusaciones: su necesidad continua de estar hablando sobre sexo que una empleada describió como “un síndrome de Tourette sexual”, los tocamientos, los azotes, que se arrimara por la espalda, sus proposiciones de sexo en la sala de frío. Con todo, quería seguir al pie del cañón en sus restaurantes.

Todavía sorprende más la noticia que se conoció en junio: Hallowell planea volver a trabajar en su primer restaurante, Pizzaiolo.

Pero lo que ya no tiene explicación es que dos de sus antiguos empleados, que pudieron conocer los comportamientos del chef hacia 31 de sus compañeras, hayan aceptado la oferta de venta de dos de sus restaurantes. Penrose fue comprado por uno de sus todavía hoy chefs, Rico Rivera, y el Boot & Shoe Service, a la que fue asistente de dirección del Pizzaiolo, Jen Cramer, y a su marido Richard Clark.

A todo esto se le suma que el copropietario del grupo de restauración de Hallowell, Richard Weinstein, también ha sido denunciado por 10 trabajadoras de sus restaurantes por acoso sexual.

Al tratarse de empresas privadas y a la espera de una resolución judicial, es difícil evitar que un chef como Hallowell no haga lo que crea más conveniente con su restaurante, sea o no ético. No obstante, como todo negocio, puede verse afectado de distintas formas según las decisiones que tome y según como reaccionen la sociedad.

Porque si la tarea de investigar los casos de abusos sexuales de Mike Isabella, Mario Batali, Ken Friedman, Charlie Hallowell, John Besh, John Iuzzini, en la cadena McCormick&Schmick’s y las más de 60 denuncias desde 2010 que suman Applebee’s e IHOB ha recaído en las periodistas Kim Severson, Julia Moskin, Tara Duggan, Irene Plagianos, Kitty Greenwald, Brett Anderson, Katie Johnston por culpa de la negligencia del propio sector de la restauración, la decisión de comer en un restaurante propiedad de un chef acusado de delitos sexuales recae en el comensal.

En entregar o no tu dinero para engrosar las cuentas de un acosador sexual está una de las decisiones más importantes que debemos tomar como comensales.

Porque da igual que el criminal ya no esté presente en el día a día del restaurante si el negocio sigue siendo suyo y sigue beneficiándose de una actividad que ya ha quedado muy claro que no tiene ni idea de llevar a cabo con el respeto y la actitud que merecen sus trabajadoras. Es un gesto potente, que sobrepasa lo simbólico, pero que nunca suplirá el posicionamiento que se necesita por parte de la industria.

Podemos seguir perpetuando el acoso sistemático hacia las mujeres que abunda en la industria de la restauración. O podemos llamar al boicot para defender con nuestro estómago y nuestro dinero lo que queremos: restaurantes libres de violencia sexual hacia las mujeres.

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