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Así "termina" el escándalo de la leche infantil contaminada en China

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Biberones envenenados, ejecuciones y persecución politica

05 Agosto 2016 06:00

La leche es más que un alimento básico, también es un producto político sagrado. Se trata del primer alimento de los nuevos ciudadanos de una nación y puede llegar a ser el símbolo de la buena o mala salud de todo un país.

En 2008, un escándalo lácteo sacudió la República Popular de China. Varias productoras de leche locales fueron señaladas como responsables de haber vendido leche infantil adulterada. Deliberadamente, estas empresas mezclaron cantidades de melamina, un químico utilizado en la fabricación de plásticos y fertilizantes, en la leche en polvo que se da a recién nacidos y bebés de pocos meses.



El objetivo del adulteramiento era confundir los estrictos controles de calidad de la leche en China. En las analíticas sobre el producto final, la melamina era confundida con un alto índice de proteína, y la leche conseguía una calificación de calidad superior. Por lo tanto, podía venderse más cara.

Como consecuencia, al menos 6 bebés murieron intoxicados y otros 300.000 enfermaron. Más de 54.000 llegaron a sufrir graves problemas en el riñón.

La alarma había saltado en la provincia de Gansu, donde varios bebés fueron diagnosticados de piedras en el riñón. Tenían en común haber ingerido la leche infantil del grupo Sanlu, líder del sector. Poco después el propio gobierno chino admitía que los productos de otras 21 empresas del país también estaban bajo sospecha.

Han pasado 8 años desde la crisis desde "el escándalo de la leche", pero está lejos de terminar

 Miles de padres y madres corrieron a llevar a sus hijos al hospital. Los ciudadanos estallaron en cólera, la inquietud se extendía más allá de la frontera al tiempo que se retiraban millones de productos por todo el mundo (la melamina comenzó a aparecer en productos de empresas internacionales, incluyendo gigantes como Cadbury, Nestlé y Unilever).

China dejaba de ser confiable (al menos 11 países dejaron de importar de forma inmediata), también para las empresas extranjeras que compraban sus materias primas, como la neozelandesa Fonterra Group en el caso de la leche. El gobierno chino se entrentaba ante una enorme crisis a dos semanas de que empezaran los Juegos Olímpicos de Pekín.

Ejecuciones y condenas

Han pasado 8 años desde la crisis desde "el escándalo de la leche", pero está lejos de terminar. Hace escasos días se hacía visible otra de sus últimas consecuencias: la condena a siete años de prisión del abogado chino Zhou Shifeng, director del famoso bufete Fengrui.

Un año después de que el bufete abriera las puertas en 2007, el escándalo de la leche se convertía en su primer gran caso. Zhou Shifeng se enfrentó a Sanlu, investigaba y reclamaba los derechos de las víctimas de un asunto que el gobierno trataba de sofocar.


Zhou Shifeng.

El abogado fue detenido en julio de 2015, en medio de una macro operación en la que también fueron capturados alrededor de 300 abogados y activistas (la mayoría de los cuales fueron puestos en libertad poco después). A Zhou se le acusa de una serie de crímenes subversivos y vandálicos para minar al Partido y a las autoridades del país, pero su activismo por los derechos humanos viene de lejos.

Además de ser autor de tres ensayos que denuncian el afán persecutorio y la represión de su gobierno, su bufete representó a la secta Falung Dong y al famoso artista Ai Weiwei, ambos célebres enemigos del Partido. 

Incomunicado y consciente del proceso político en el que está inmerso, Zhou accedió a disculparse a través de televisión por sus supuestos crímenes, afirmando que su activismo estaba dirigido por "fuerzas hostiles extranjeras" para atacar al gobierno chino. 

Pero su caso no es el único, ni el peor.


Zhang Yujun y Geng Jinping, los dos hombres que fueron condenados a muerte.

En 2009, un año después de que estallara la crisis, Zhang Yujun y Geng Jinping (un ganadero y un comercial de leche), fueron condenados a muerte y ejecutados, acusados de ser los mayores responsables de la intoxicación y las muertes de bebés.

Se dijo que Yujun había producido y vendido cientos de toneladas de melamina y que Jinping había vendido más de 900 toneladas de leche contaminada. Gran parte de ella finalizó en Sanlu, la gran industria láctea china, que la utilizó para fabricar el preparado infantil.

El gobierno también condenó a cadena perpetua a tres personas, y otras dos recibieron penas de 15 años. Los funcionarios locales responsables, así como el director de la Administración de Supervisión de Calidad solo fueron despedidos o forzados a renunciar.

Garganta profunda

Pero quien destapó las malas prácticas de la industria láctea china fue, precisamente, un empresario del sector, Jiang Weisuo. Dos años antes de que estallara el caso, denunció malas prácticas en la provincia de Shaanxi: sus competidores añadían antibióticos y otras sustancias a la leche, y utilizaban lavadoras para mezclas ilegales.

Ganaban más dinero que él gracias a ello, pero se resistía a imitarles.

Weisuo llevó a cabo su propia investigación, recorrió las plantas lecheras de su zona. Comprendió que ante él no solo había una artimaña para aumentar las ganancias, sino un problema de salud pública muy grave.

En 2012 Weisuo fue víctima de un homicidio. Falleció días después de recibir una paliza. Aunque la policía detuvo a un sospechoso, no trascendieron más detalles del suceso. En alguna de sus apariciones públicas en los medios afirmó haber recibido amenazas. Era consciente de que su vida estaba en peligro.


Jiang Weisuo.

El escándalo de la leche contaminada llegó en un mal momento, a pocos días de que se inauguraran las olimpiadas. El gobierno reaccionó lanzando una orden directa a todos los medios de comunicación del país: nada debía empañar la imagen del país en esos momentos.

Fonterra, socia neozelandesa de Sanlu, recibió presiones de oficiales chinos para no contar lo que estaba pasando. Mientras tanto, millones de bebés se amorraban hambrientos a biberones envenenados.

Más tarde se supo que Sanlu sabía que su leche era tóxica desde mayo de 2008, pero no informó a las autoridades la ciudad Shijiazhuang hasta agosto, quienes esperaron un mes para comunicarlo a Pekín.

A principios de septiembre, pasadas las olimpiadas, Pekín ordenó la consiguiente investigación y detenciones. Pero poco a poco empezaron a surgir voces de periodistas que llevaban meses detectando casos de bebés con piedras en el riñón, cuyos artículos habían sido prohibidos por el gobierno. Una vez la historia se hizo pública, el gobierno volvió a atar en corto a los medios, ordenando que se ciñeran en los comunicados de agencias oficiales como Xinhua.

Para muchos padres, hay pruebas de que el ganadero y el comercial ejecutados fueron unas simples cabezas de turco. Aunque el director general de Sanlu, Tian Wenhua, fue condenado a cadena perpetua tras declararse culpable, los cargos públicos —desde funcionarios municipales hasta los jefes de partido locales— solo fueron despedidos o invitados a abandonar su cargo.

China intenta ahora reparar la desconfianza comercial a través de la aprobación de leyes alimentarias mucho más estrictas. Atrás quedan los niños fallecidos, el abogado encarcelado, los dos hombres condenados a pena de muerte y el cadáver apaleado del lechero honesto que lo empezó todo.


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