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Artículo Tras la empresa láctea que se está haciendo de oro con la crisis de la leche Food

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Tras la empresa láctea que se está haciendo de oro con la crisis de la leche

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La historia tras el enigmático empresario de la leche que no paraba de ganar dinero… aunque cada vez se bebía menos leche

Rafa Martí

20 Septiembre 2016 06:00

La caída libre del sector lácteo es un hecho: baja el consumo y los productores saltan por los aires. En el último año, han desaparecido, al menos, 1.500 productores de leche. O lo que es lo mismo: todos los días en España 5 pequeños ganaderos han dejado de producir, según la Organización de Productores de Leche (OPL). A ello se suman cierres de fábricas y pérdidas de empleo.

La respuesta lógica es que esto pasa porque hemos dejado de tomar leche. El consumo ha decrecido en España desde los 4.025 millones de litros en el año 2000 hasta los 3.287 millones consumidos en 2014. Los datos son de Inlac (Organización Interprofesional Láctea). La respuesta, de alguna manera es cierta, pero ese no es el motivo principal. En la crisis del sector lácteo hay otra crisis, acentuada por una potencia empresarial que juega a multiplicar sus beneficios: hablamos de Lactalis, el gigante mundial de la industria láctea.

Monopóleo lácteo

Lactalis es una empresa francesa que nació como un negocio familiar. André Besnier fundó una productora de queso en 1933 y de ahí salieron grandes hitos como el camembert de Président. Casi un siglo después, Emmanuel Besnier, el bisnieto de André, capitanea una empresa con alrededor de 40.000 trabajadores y 44 centros de producción en todo el mundo.



A pesar de ser una gran multinacional, la empresa jamás ha cotizado en bolsa y sigue siendo de propiedad familiar. Por ello, sus cuentas de resultados y beneficios no están claros. En 2008, que se sepa, tuvo una ventas globales de 9.350 millones de euros. Esto, antes de que adquiriera Ebro Puleva, el principal productor español, y luego Parmalat, el principal grupo italiano, en 2010. Besnier tiene una fortuna personal de 8.300 millones de euros, según Forbes. Es considerado uno de los hombres más ricos de Francia y tiene apodos como el “Howard Hughes francés”, “el emperador del queso” o “el millonario invisible”, por su secretismo y nulas apariciones públicas.

También es el principal problema para los productores de todo el mundo. Alcanzar esas cifras no hubiese sido posible si no hubiera desatado una guerra de precios con los ganaderos. “El precio de producción de un litro de leche es de 30 céntimos para el ganadero. Pues Lactalis lo compra a 28. El ganadero no se puede negar”, dice José María Álvarez, portavoz de la OPL y de Ganaderos Lácteos Unidos.

Guerra de precios

La problemática se agrava cuando la leche se trata, además, de un producto perecedero. Un ganadero no puede almacenar la leche más de dos días, y si nadie se la compra, tiene que tirarla. “Nadie tira la leche, pero el último día viene una empresa grande y dice que compra el litro a 18 céntimos. Son 18 céntimos o nada. El ganadero no tiene escapatoria”, añade Álvarez.

Según la situación que describe Álvarez, empresas como Lactalis tienen ahora mismo un pacto tácito. Hace dos años que han acordado mantener los precios bajos y no quitarse productores. Es decir, el ganadero no tiene la posibilidad de ir a otra empresa a que le compre la leche a un precio digno.

Aunque el consumo de leche en España ha bajado, este se compensa con el consumo de otros derivados, como el queso. Sin embargo, la producción está muy por debajo del consumo total, por las explotaciones que se ven obligadas a cerrar. La demanda se cubre con la importación, sobre todo de Francia. Según Álvarez, “Lactalis actúa de mala fe y conseguirá terminar con la producción de leche en España”.

En la actualidad quedan alrededor de 15.000 ganaderos en España que penden de un hilo. La Unión Europea y el Gobierno intentaron paliar esta situación con una ayuda total de 45 millones de euros al sector lácteo. Pero parece que no hay nada que impida la sangría. “Lactalis ha tenido un gran impulso del Gobierno al facilitar la compra de Ebro-Puleva”, señala Álvarez.

Fábricas cerradas

Por otro lado, los ganaderos no son los únicos afectados. Desde principios de los años 80 hasta 2015, existía una cuota láctea en la UE: las explotaciones no podían producir más de un límite estipulado. En ese tiempo, gigantes como Lactalis se dedicaron a comprar explotaciones y fábricas y a aumentar su número de productores para multiplicar beneficios. Sin embargo, en 2015 la UE suprimió la cuota y liberalizó la producción. Esto ha provocado la caída de los precios y que Lactalis se deshaga de explotaciones que había adquirido cuando la producción era limitada.

El caso más llamativo es el de la fábrica de Lauki en Valladolid. Ahora, la multinacional francesa quiere cerrarla y no quiere aceptar ofertas de compra que beneficien a otros competidores. El 30 de septiembre se acaba el plazo para las ofertas y hay 86 puestos de trabajo que podrían desaparecer.

“En Lactalis tienen muy claro que unos trabajadores de Valladolid no pueden doblegar a una multinacional”, dice Juan Manuel Ramos, del sindicato CCOO de Castilla y León. Ramos apunta que Quesería Ibérica tiene una oferta de compra que multiplicaría por dos la producción y el empleo. Lactalis, sin embargo, se niega, al considerar a esa empresa como competidora. “Prefieren que crezca la hierba”, dice Ramos.

Ramos critica que el sector está muy atomizado y que no se ha centrado en crear valor añadido. Por ello acusa al Ministerio de Agricultura, por no haber hecho de esta producción una “insignia del país”. “En la actualidad ya se trae la mayoría de la oferta de fuera, y si amenazas como el TTIP se hacen realidad, pueden ser el final del sector”, apunta Ramos.

Ante la crisis del consumo y la producción de leche, la industria da el argumento de que esta sigue siendo imprescindible por los puestos de trabajo y la subsistencia de los productores locales. Sin embargo, el escenario que la multinacional ha creado en España parece todo lo contrario: menos trabajadores y ganaderos que no pueden subsistir. Hemos intentado hablar con Lactalis, la empresa del millonario invisible, y no hemos obtenido respuesta.

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