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El país donde su gran criminal es una sola planta

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Fronteras que no existen, masacres violentas, detenciones arbitrarias y hasta el nacimiento de un rey… Bienvenidos a los crímenes de la soja

Marc Casanovas

23 Noviembre 2016 06:00

En el centro de América Latina manda una república que no existe. Una república que lleva muchos años vendiendo tierras al mejor postor y matando campesinos en nombre de una justicia inventada.

Es la República Unida de la Soja.

La conforman los 4 principales productores de soja: Brasil, Argentina, Bolivia y Paraguay.

Esta república es parte de la publicidad de la empresa multinacional Syngenta, una gran productora de soja que controla tantas hectáreas de terreno que ya se atreve a dibujar un país imaginario forjado con el grano transgénico.




 

Entre estos países, seguramente Paraguay es el menos conocido por la comunidad internacional.

“Es todo muy loco. Se nos ríen en la cara sin darnos cuenta. Nos dibujan un mundo feliz con su publicidad. Nos venden la idea de progreso y de Paraguay como granero del mundo y no nos extraña porque no hay una consciencia como pueblo de lo que significa realmente”, dice Patricia López, una de las principales activistas de Paraguay Resiste en España.

 ¿ PARAGUAY DESAPARECE ?

Paraguay es el sexto productor de soja y cuarto exportador mundial. Si nos fijamos en la producción de soja por habitante, es el primer productor mundial con una media de 727 kg por an?o.


 


Si seguimos así Paraguay va a desaparecer. Sinceramente creo que ya estamos en vías de extinción.


La frontera natural del ri?o Paraguay parte el territorio en dos: la occidental o Chaco, amplia zona semia?rida que representa el 61% del territorio nacional y en la que habita el 3% de la poblacio?n, y la regio?n Oriental, que supone el 39% del territorio y en el que vive el 97% de la poblacio?n. 

Evidentemente, la industria sojera lucha por conquistar ese 39% del territorio. Sin embargo, Patricia ya pone en duda hasta estas cifras “La tierra está pasando factura. Con tantos agrotóxicos no hay tierra que aguante. Por mucho que la tierra sea super fértil, no hay manera. Por ejemplo, la región de San Pedro era una zona impenetrable, era selva virgen. Ahora se expolió y no queda nada. O en El Chaco, ahora debe ser una de las zonas con más destrucción del mundo”. 

El expolio de tierras augura un futuro inquietante: “Paraguay ha perdido el 90% de su bosque atlántico. Realmente no queda nada. La frontera real ahora casi ni se ve. Si seguimos así, Paraguay va a desaparecer. Sinceramente, creo que ya estamos en vías de extinción”, se lamenta Patricia.


 


Históricamente los campesinos indígenas siempre consiguieron tierras a través de la ocupación.


TIERRAS MALHABIDAS

“Históricamente, los campesinos indígenas siempre consiguieron tierras a través de la ocupación. Nunca nadie les asignó 10 hectáreas por cabeza por ser hijos de estas tierras. Ocuparon esas tierras sabiendo que corrían peligro”, recuerda Patricia.

La grave situacio?n llevó a una cátedra de la UNESCO a realizar una misión sobre el terreno del oriente paraguayo. Arturo Landeros, investigador independiente de Derechos Humanos y colaborador del informe, nos cuenta que “el objetivo era verificar el grado de implicacio?n del Estado en el cumplimiento de sus obligaciones respecto al estado de la poblacio?n rural”.

Segu?n la Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay, en los u?ltimos 20 an?os se ha asesinado un campesino cada 22 di?as. "Y la cifra se puede recrudecer en los últimos tiempos", asegura Patricia.

La razón de estos crímenes: las llamadas tierras “malhabidas”, la tierra pu?blica que fue adjudicada indebidamente por el Estado sin contar con la herencia indígena.

Alrededor de 100.000 “sin tierra” emigraron a partir del 2004 hacia EE.UU. o Espan?a.

“Cuando los agricultores, sobre todo jóvenes indígenas guaraníes, se quedaron sin sus tierras ancestrales, decidieron ocupar tierras malhabidas privatizadas por el Estado. En la actualidad, los desalojos constituyen las pra?cticas ma?s comunes de la fuerza pu?blica hacia los pueblos indi?genas, forza?ndolos a dejarlo todo por real decreto”, nos dice Arturo.

Si no se van, se enfrentan a grupos paramilitares o pistoleros contratados por los terratenientes, para amedrentar, atentar y asesinar a los dirigentes campesinos. Alrededor de 100.000 “sin tierra”, que en un primer momento engrosaron la poblacio?n de los suburbios de las grandes ciudades como Asuncio?n y Ciudad del Este, emigraron a partir del 2004 hacia EE.UU. o Espan?a.

No en vano, los importadores de soja son el sector de la economi?a que tiene mayores ingresos econo?micos porque Paraguay es el u?nico pai?s donde la exportacio?n de soja no paga impuestos. En abril de 2016, el senado paraguayo rechazó indefinidamente el proyecto de creación de un impuesto sobre la soja.


En los u?ltimos 20 an?os se ha asesinado un campesino cada 22 di?as


OTRA VEZ LOS TRANSGÉNICOS


La rentabilidad de la soja esta? asociada a la extensio?n del cultivo y a la producción en masa. Todo lo que no sea este modelo no da máximo beneficio. En consecuencia, se hace cada vez ma?s necesario aumentar la superficie de produccio?n y el uso de la biotecnologi?a para acelerar el crecimiento.

En 2005 se legalizó la soja transgénica, pero desde 1997 se empezo? a plantar en tierras guarani?es a través del contrabando procedente de Argentina y Brasil, generaliza?ndose su uso sin ninguna legislación ni permiso.

Patricia lamenta que “se supone que tendría que existir una franja, natural o no, que no permita a los empresarios brasileños entrar en esas tierras, pero no es así". Para Arturo "mucha de la soja que se vende como soja argentina o brasileña está cultivada en Paraguay”.



La soja transgénica empezo? a llenar a tierras guarani?es por medio del contrabando procedente de Argentina y Brasil.

Cuando entró en vigor la legalidad del producto, Monsanto llevaba ya 8 años inundando los campos de forma libre e incontrolable aumentando la concentracio?n de la superficie cultivable en pocas manos. Se calcula que cerca del 60% de la produccio?n de soja en Paraguay es transge?nica.

Así lo refrendan los datos: en el periodo 1995-96 se cultivaban 800.000 hectáreas de soja, En 2016 ya supera las 3 millones de hectáreas.

La soja transge?nica requiere del uso terrestre o aéreo de pesticidas. De hecho, las fumigaciones con aeroplanos quedan expuestas a la deriva de los vientos que generalmente terminan ocupando las zonas aledan?as donde habitan campesinos o comunidades indi?genas. Se calcula que ma?s de 20 millones de litros de agroqui?micos son esparcidos por an?o sobre el territorio paraguayo.

La mayori?a de los informes analizados reportan contaminacio?n de arroyos y pozos de agua, muerte de animales o destruccio?n de huertos familiares que no resisten los herbicidas.



Se calcula que ma?s de 20 millones de litros de agroqui?micos son esparcidos por an?o sobre el territorio paraguayo.


EL TRUMP PARAGUAYO Y EL REY DE LA SOJA

En agosto de 2013, Horacio Cartes asume el poder en Paraguay. Patricia asegura que “es muy parecido a Donald Trump. Es empresario, es exitoso y dice orgulloso que no paga impuestos y que nunca ha votado. Su plan siguió tres pasos. Primero compró un equipo de fútbol (Club Libertad  de Asunción), después el Partido Colorado y luego la presidencia. Es un empresario vinculado al narcotráfico que va a suponer más muerte para el país con la militarización de las tierras".



Es un empresario vinculado al narcotráfico que va a suponer más muerte para el país.

 Uno de los grandes beneficiados de la extraña política de tierras es el propietario del Grup Favero. El brasilen?o Tranquilo Favero a quien algunos ya llaman el “Rey de la Soja” por ser el mayor productor del país. No es algo extraño que un brasileño tenga los negocios en Paraguay. Los llamados brasiguayos controlan 14 de las 28 empresas nacionales más importantes del sector.

“Más de la mitad del país es suyo. Es casi el dueño de Paraguay. Todo se puede comprar. Incluso tierras que no se pueden vender están a la venta”, asegura Patricia.

Para Arturo, "la facilidad con que los empresarios extranjeros han accedido a los recursos naturales paraguayos revela la magnitud del vaci?o institucional que ha reinado en el pai?s".  



Más de la mitad del país es del llamdo rey de la soja: Tranquilo Favero.


EL NARCOTRÁFICO Y LA SOJA

Uno de los episodios más osucros de la historia reciente de Paraguay fue la masacre de Curuguaty donde murieron un total de 17 personas (11 campesinos y 6 policías). El hecho no solo no fue esclarecido sino que está siendo utilizado para la criminalización de los sectores campesinos. La resolución del juicio en julio de 2016  condena a los campesinos a penas que van desde los 4 a los 35 años de cárcel.

Patricia se pregunta: “¿por qué alguien se empecinan tanto en unas tierras muy concretas teniendo miles de hectáreas mejores? Porque en realidad eso es un corredor de la droga que les permite pasar por ahí sin ningún tipo de problema”.

Mientras, las familias de los campesinos encarcelados mal viven sin ayudas del Estado y la soja transgénica crece con más fuerza que nunca en las tierras de Curuguaty.



La masacre de Curuguaty se dio en unas tierras que eran un corredor del narcotráfico.


CAMPO Y CIUDAD

Para la activista de Paraguay Resiste y el investigador de Derechos Humanos hay un tema fundamental. La desconexión actual entre campo y ciudad: “La lucha campo y ciudad es la gran deuda de Paraguay. Deberíamos sobrevivir como país si sabemos conectar ambos mundos. Sólo así se puede creer en algo”, asegura Patricia.

Paraguay se conforma con dos mundos separados: “Quien está poniendo el cuerpo en esta lucha son los campesinos mientras la ciudad vive en un pedo. Y es irreal. Hay que pensar que todos venimos del campo. Somos un país que más de la mitad de la población estaba en el campo hace muy poco. Paraguay no puede olvidar la cultura campesina porque está en su sangre y en la influencia indígena”, sentencia la activista.

Arturo recalca que “hay que leerlo todo en clave latinoamericana. Paraguay es como una aldea gala pero al revés. Una nación oligárquica rodeada de poderes progresistas. Un bastión de defensa mientras el chavismo intenta avanzar por todos los lados”.


Paraguay es como una aldea gala pero al revés. Una nación oligárquica rodeada de poderes progresistas.


Y también insiste en la desconexión: “Ahora mismo lo que se está produciendo en el campo no es para alimentar a las ciudades. Es todo exportación. Y lo que pasa en las ciudades no tiene ningún efecto directo en el campo. En el campo tienen muy claro quiénes son los cabrones. En la ciudad todo queda más diluido”.

Patricia asegura que países como España no pueden dar la espalda: “la criminalización de la lucha campesina es una herramienta que se utiliza sistemáticamente. Es necesario articular campo y ciudad en Paraguay, pero también en el mundo entero. La lucha por la tierra es la lucha por la soberanía alimentaria que nos toca a todos. No en vano España es uno de los principales mercados consumidores de la soja que proviene de Paraguay”.

“Cuando escucho hablar a los campesinos y los indígenas del Paraguay me emocionan por el vínculo que tienen con la madre tierra. No van a abandonar esa lucha aunque les vaya la vida en eso. Nunca bajarán la guardia”, sentencia con ojos llorosos la activista antes de dar el último sorbo al mate.



Es necesario articular campo y ciudad en Paraguay, pero también en el mundo entero.



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