PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Food

Así es como tu ciudad te convierte en obeso o delgado

H

GETTY
 

“Se pasaban el día sentados, fuera en el sofá o en el coche"

Rosa Molinero Trias

27 Febrero 2018 17:31

La alimentación y el deporte. Pero también el entorno es un factor con gran impacto en determinar si una persona terminará por desarrollar sobrepeso u obesidad. Y por entorno entendemos cosas como, por ejemplo, tu estatus socioeconómico pero también la disponibilidad de alimentos hipercalóricos y a veces pobres nutricionalmente, así como la facilidad que una persona encuentra fácilment eun lugar donde practicar una actividad física cerca de donde vive. Y en todo ello influye el diseño de tu ciudad.

Sí, el lugar donde vives puede llegar a convertirte en obeso.

Aquí los criterios para averiguar si tu pueblo o ciudad son saludables o no, partiendo de la base de que la Organización Mundial de la Salud, entiende por salud “el estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de enfermedades”:

1. Te tropiezas contínuamente con supermercados de multinacionales, cadenas de comida rápida y comida procesada lista para llevar. Que se concentren en tu pueblo o ciudad una gran cantidad de ellos significa que la comida poco sana y poco nutritiva llenará a menudo el estómago de tus vecinos.

2. Muchos coches, carreteras y tráfico que tienen preferencia sobre los peatones. Si la arquitectura de la ciudad se pensó para el coche y no para el peatón, si en tu ciudad ves más tubos de escape que árboles y hay menos rutas para hacer en bici o a pie que en coche algo no funciona.

3. Apenas se respira aire limpio, hay demasiada gente y edificios y muy pocos espacios abiertos. No hay suficientes parques ni jardines y tampoco ningún gran espacio abierto cercano y bien conectado con la ciudad. El apiñamiento nos deja sin aire. Todo mal.

Son criterios de la Escuela de Salud Pública de Harvard, que identificaba así los espacios donde la obesidad arraiga especialmente.

También lo corroboraba la OMS, que en 1987 introdujo el concepto de ‘Ciudades Saludables’ y desde entonces siempre se ha contado como uno de sus objetivos: “El entorno físico que se encuentra afectado por las decisiones urbanísticas puede facilitar y puede ser un freno a un modo de vida sano. El hecho de que las personas caminen, vayan en bici o practiquen deportes al aire libre queda afectado por la calidad y la seguridad de los carriles bicis y de las aceras peatonales, así como la disponibilidad de los espacios públicos cercanos”.

"El hecho de que las personas caminen, vayan en bici o practiquen deportes al aire libre queda afectado por la calidad y la seguridad de los carriles bicis y de las aceras peatonales"

Organización Mundial de la Salud

No en balde es el diseño de unas ciudades saludables uno de los objetivos más importantes para la OMS, que calcula que hoy en día la mitad de la población mundial vive en áreas urbanas y que, hacia 2050, se llegará al 70%.

La solución parece fácil: necesitamos más espacio para movernos. Pues en parte sí, pero es más complejo. Se puede apreciar claramente esa complejidad en el caso de las áreas residenciales estadounidenses, alejadas de los centros urbanos y llamadas suburbios.

Construidas a partir de los años 50, fueron creadas alrededor del coche. No es de extrañar que fuera este período en el que el gigante automovilístico General Motors experimentara un gran crecimiento.

“A la gente le gustaba ir en coche, así que creamos suburbios”, dice para Politico James Sallis, experto en salud pública e investigador en ciencias del comportamiento de la Universidad de California en San Diego.

“Se pasaban el día sentados, fuera en el sofá o en el coche"

James Sallis, experto en salud pública

Porque contraria a la lógica que impera en Europa, donde asociamos más espacio con más naturaleza y por ello con más actividad al aire libre, en el caso de los suburbios esto no funcionaba así. “Se pasaban el día sentados, fuera en el sofá o en el coche. El trabajo en la fábrica local se desplazó a las oficinas en la ciudad; la carnicería, la panadería y la frutería del barrio por supermercados lejanos y luego a los centros comerciales, a tres pueblos de distancia, que acabaron con el comercio local”.

Así se ponía punto final al paseo a pie para ir a comprar el pan y se empezaba a reducir cuánto caminamos: según Politico, caminamos la mitad o menos que a principios del siglo XX y parece que desde hace 25 años la cantidad disminuye un 1% al año.

"Caminar es lo más cercano a un medicamento miraculoso que tenemos”

Centers for Disease Control and Prevention

Mal asunto porque, según el Centers for Disease Control and Prevention, caminar, “es lo más cercano a un medicamento miraculoso que tenemos” para combatir las enfermedades metabólicas como la diabetes o la obesidad.

Por otro lado, este diseño no es exclusivo de los suburbios. Mientras que en su caso se proponen hacer las calles más densas en servicios y comercios y planear rutas accesibles a pie o en bici para que la gente salga a la calle, en los grandes centros urbanos la gente sí sale a la calle, pero igualmente engorda hasta la enfermedad. De hecho, el incremento de urbanización de las ciudades se considera como detonante de la obesidad: no fomenta la actividad física y hay más promoción de comida que no es sana.

Además, en general, en las ciudades tienen más preferencia los automóviles que los peatones (con excepción de Venecia, donde solamente tiene preferencia el parné). Sí que es cierto que algunas capitales europeas han sido tradicionalmente de los ciclistas y otras tantas se están incorporando a esta dinámica de recuperar las calles para los viandantes y los usuarios de transportes sostenibles. A pesar de esto, muchos reciben las medidas a regañadientes o con una oposición directa, como en el caso de Barcelona.

Un factor más a tener presente es la relación que la población establece con la ciudad. Un caso que lo ejemplifica es el de las niñas turcas, como indica este estudio: al ser un país de mayor conflictividad, la falta de seguridad en las calles hace que a las niñas no se les permita jugar al aire libre, mientras que a los niños sí, por lo que ellas son más propensas a sufrir sobrepeso u obesidad.

De ahí que los expertos opinen que para producir un cambio efectivo en las ciudades y su población se necesiten acuerdos entre actores muy diversos, desde centros escolares hasta organismos de transporte, pasando gestores de habitaje y espacio público, entre otros. Y, necesariamente, esas colaboraciones deberán ser duraderas (de por lo menos 25 años, opina una agencia especialista para Politico) para que realmente surtan efecto.

share