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Padres que dan vino a sus hijos: ¿tradición o imprudencia?

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Un periodista a favor de unas gotitas de vino tinto en un vaso de agua como regalo a los hijos enciende las alarmas en España: "Es usted un inconsciente. Un niño nunca debería probar una sustancia tóxica"

Rosa Molinero Trias

16 Mayo 2018 16:14

En la gastronomía española, hay temas que generan verdaderas rivalidades: que si la tortilla de patatas con o sin cebolla, que si la paella lleva esto y aquello no, que si el queso Manchego no se puede llamar Manchego en México. Pero tal vez sea el vino lo que nos trae de verdad de cabeza. Porque aunque la Organización Mundial de la Salud afirme que el 12% de los casos de cáncer en todo el mundo están relacionados con el consumo de alcohol, en España sigue imperando aquello de que “un vasito de vino es bueno para la salud”. Y de ahí a decir que el vino no hace ni mal a los niños, va muy poco.

Así mismo lo piensa Benjamín Lana, uno de los grandes nombres del periodismo gastronómico español y director del grupo de comunicación Vocento, que firmaba en su columna periódica Un Comino el texto "El vino y los niños". O por qué unas gotas de tinto en un vaso de agua no es una irresponsabilidad sino un regalo en el país con más viñas del mundo".. Siguiendo la estela de la tierna carta dedicada a su hija de ocho meses , que en abril iniciaba el paladar con el primer puré de zanahoria, en esta ocasión Lana explicaba los motivos por los que dará a probar el vino a su retoño cuando crezca.

«Cuando cumplas ocho años ojalá te pueda escribir otra carta. Te hablaré del vino y haremos magia de colores en el vaso de agua. La vida está llena de sorpresas», escribía el periodista.

Obviamente, tal afirmación iba a traer su buena dosis de polémica, como ya pronosticaba el mismo Lana (“no pocos incluían tirones de orejas por lo del vino”, decía). La Federación de Alcohólicos de la Comunidad de Madrid le respondía con esta contundencia:

Pero muchos otros salían en su defensa. Y no es nada raro: varias generaciones de españoles se han criado bebiendo algo de vino en las comidas o merendando pan con vino y azúcar, melocotón y un chorrito de vino o con copitas de Quina Santa Catalina, cuyo lema era ‘Es golosina y es medicina’, y tenía unos 15º de alcohol que los niños de antes se calzaban entre pecho y espalda. No lo podemos evitar: defendemos la ciencia hasta que nos sugiere que eso que tanto nos gusta, nos está haciendo más mal que bien. Y el vino no es saludable y no es inocuo, por mucho que nos apasione.

Sin embargo, Lana encontraba los motivos para justificar darle vino a su hija. Analizamos sus argumentos de la mano de tres expertos, una nutricionista, un directivo de la Agencia de Salud Pública y una cardióloga:

1. En España se bebe cada vez menos vino. El periodista considera que esto es un verdadero problema y que la solución pasa por “la edades y la educación”, es decir, iniciar a edades tempranas en el mundo del vino para despertar la curiosidad y educar el paladar. Podemos entender su preocupación por el futuro de los viñedos nacionales pero, ¿no será mejor pensar en otra táctica comercial para vender más? Una que no ponga en riesgo el sistema nervioso de niños en edad de crecimiento. Porque, tal y como recuerda la dietista y nutricionista Jessica Gutiérrez del Pino, de Salud Nutritiva, “Según el Plan Nacional sobre Drogas, el alcohol es la droga psicoactiva más extendida en España y una de las principales causas evitables de mortalidad prematura, enfermedad y discapacidad”.

2. Antes se bebía más, y no había consecuencias. “Bebíamos más del triple que ahora y entre los problemas que preocupaban en la España de los 70 y 80 no estaba el de los efectos del tinto”, apuntaba Lana. Muchas cosas sucedieron entre los 70 y los 80 para preocuparse, entre ellas, el final de una dictadura. Pero lo que aquí nos atañe son las consecuencias que causaba ese consumo más elevado de vino que, en resumen, se traducían en unos porcentajes mayores de cirrosis. “En los años que menciona teníamos una mortalidad por cirrosis hepática altísima, que ha ido bajando a medida que el consumo medio diario por habitante descendía”, explica Joan Ramon Villalbí, director de Calidad y Procesos de la Agència de Salud Pública de Barcelona.

3. Los refrescos son peores que el vino. “A nadie le quepan dudas que la costumbre era mucho más saludable científicamente que la de ingerir cualquiera de las bebidas azucaradas y gasificadas que se consumen a diario en millones de hogares”, afirmaba Lana. En realidad, a día de hoy sabemos que esto no es así. Gutiérrez del Pino contestaba así a las afirmaciones del periodista: “Comparar bebidas alcohólicas con refrescos no es la forma más acertada de recomendar su consumo. Es como comparar el tabaco con los puros: los dos son igual de perjudiciales para la salud”. Villabí también añadía que el alcohol es azúcar y que algunas bebidas como, por ejemplo, el vino, tiene tantas calorías o más que los refrescos azucaradas, tal y como puede comprobarse en esta calculadora.

4. El vino sirve para que los niños maduren. Como las uvas al sol, cuando los niños se acercan al vino pasan de la niñez a la adultez, por arte de magia. Así parecía sugerirlo Lana: “Los niños querían crecer para que los tuvieras en cuenta -ahora viven mejor prolongando la infancia hasta límites ‘peterpanescos’- y empezar a degustar el vino, así fuera en una concentración bajísima, diluido en H20, era la prueba que uno caminaba por el camino correcto”. Cada cual tiene en su familia los ritos de paso que le plazcan, pero de ahí a que “el camino correcto” (como si lo hubiera), hay un buen trecho. Que ese continuo deseo de querer ser mayor de los más pequeños se vehicule a un producto de consumo, que pase por aficionarse tempranamente a los caldos, así de entrada no parece una gran idea para inculcar valores para la vida adulta. En palabras de la doctora Núria Anguera, cardióloga del Hospital Sagrado Corazón, "Cualquier asociación al consumo infantil de alcohol es una irresponsabilidad grave de un periodista. De ninguna manera hay que introducir a los más pequeños en el consumo del vino. Ya tendrán suficiente tiempo los niños al hacerse adultos para probar y querer la cultura del vino"

5. El vino es malo si se toma en exceso. Y de ahí salen tantos artículos magufos como que el vino con moderación ayuda a adelgazar, que una copa equivale a una hora de ejercicio o que sus antioxidantes alargan la vida. Todo mentiras. “Se ha hecho un gran daño identificando el vino con una bebida alcohólica cuando es muchísimo más que el efecto que produce si se toma en exceso”, decía Lana. Pero es que el vino es una bebida alcohólica. Como ya hemos dicho, el alcohol en sí es perjudicial y si abusas del mismo, peor. En opinión de Gutiérrez del Pino, “el vino lo mires por donde lo mires es alcohol y es una irresponsabilidad recomendar su consumo. ¿Qué necesidad hay de acercar a los niños a la embriaguez, e introducirlos precozmente en las costumbres insanas de los adultos?”.

La columna de Benjamín Lana se publicaba semanas después que el Gobierno de España anunciara su nueva Ley del Alcohol, un plan para reducir el consumo de alcohol entre los menores. Por eso podría leerse como una suerte de manifiesto en contra de las medidas que el ministerio de Sanidad proponía, como la polémica multa a los padres de los menores que se emborrachen.

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