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Cómo una abogada acabó con el 'Menú para mujeres' en los restaurantes

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Las mujeres buenas no pagan ni miran los precios "porque una mujer es una mujer"

rosa molinero

08 Febrero 2018 13:24

Había una vez, una época en la que se servían unos menús especiales para las mujeres. No me refiero a unos menús con platos distintos que los que se ofrecían a los hombres, no. Estos eran menús sin precio, porque se entendía que la mujer no tenía la independencia económica para pagar y, si la tuviera, tampoco era un gesto que se le permitiera. De esto no hace ni 40 años.

Por suerte, fue entonces cuando alguien decidió emprender acciones legales para terminar con aquel insulto: la abogada Gloria Allred.

Atlas Obscura recupera esta historia que empieza por una pareja, Kathleen Bick y Larry Becker, yendo a cenar al restaurante angelino L’Orangerie, una noche de mediados de julio de 1980. Como se puede adivinar por el nombre, era un elegante restaurante francés y lo regentaban dos emigrados: Virginie y Gerard Ferry. Y allí les dieron un menú verde y sin precios para ella y uno blanco y con precios para él.

Al comprenderlo, se levantaron y se fueron sin pedir nada.

Y tal fue la indignación, que se pusieron en contacto con Gloria Allred, que cuenta en sus memorias Fight Back and Win (Harper Collins, 2006) el momento en que llamó al restaurante de parte de los comensales con una simple pregunta: "¿Por qué existen menús sin precio para ellas?"

"Porque una mujer es una mujer es una mujer", dijo la propietaria, Virginie Ferry. A lo que Allred respondió magistralmente: "¿Eso qué quiere decir, eso qué quiere decir, eso qué quiere decir?". Resulta que en Francia se hacía así, pero que hacerlo así en Los Angeles se consideraba discriminatorio y violaba la Civil Rights Act de California.

La petición de Allred les dio bastante igual. Pero tal vez no contaban con el poderío y la motivación que tenía la abogada para las causas de discriminación de género; por aquel entonces, Allred se estaba estaba convirtiendo en una de las abogadas feministas más famosas del país.

Allred arguyó que esos menús femeninos “denigraban a las mujeres y perpetuaban estereotipos negativos sobre ellas. ¿Desde cuándo era labor de un restaurante deciir quién era económicamente responsable de una comida?”. Y razonaba que, pagara quien pagara, ese dinero provenía de un capital común.

Así que Bick y Becker interpusieron una denuncia al restaurante por discriminación con la ayuda de Allred y pidieron por lo menos 250 dólares de indemnización en concepto de agravios y que se pusiera fin a ese menú discriminatorio. Y hasta que el restaurante no hiciera caso, llamaron a la Comisión de Alcohol y Bebidas para que les quitarán la licencia para vender licores.

L'Orangerie, que cerró sus puertas en 2006

El público opinó. Unos a favor, otros en contra. La pareja y la abogada incluso hicieron una performance fuera del restaurante, donde pusieron una mesa, para llamar la atención sobre el caso. El gesto le valió la victoria: en los medios de todo el país e hizo decantar a la opinión pública a favor de los denunciantes. Finalmente, el restaurante, después de haber hecho un amago de mantener los menús sin precio para ofrecerlos indistintamente del género, aceptó su retirada. Además, Allred aprendió una maniobra publicitaria para visibilizar sus casos la mar de efectiva.

Aunque no fuera habitual, el "blind menu" (menú ciego) era práctica frecuente en restaurantes lujosos de los Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Francia. Tracy MacLeod, periodista musical y gastronómica, citó como ejemplos de esto a La Tante Claire y Le Gavroche en un artículo que recogía la experiencia de hombres y mujeres en el restaurante para Independent. También consta que Le Cinq lo seguía haciendo en 2007 y el Bonaventure Hotel en Montreal.

"A mi, la carta sin precios, me pone de los nervios", decía la redactora jefa de Atabula, Marie-Laura Fréchet en 2013, por lo que entendemos que esto sigue ocurriendo. Nunca es mal momento para seguir el ejemplo de Allred si nos encontramos con un caso así, y tampoco está de más llamar la atención cuando para probar el vino, para dejar la cuenta, para servir la carne, para pedir los platos miran, como si no hubiera remedio, al acompañante masculino.

[Vía Atlas Obscura]

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