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Food

Del bodegón a Instagram: historia acelerada de la comida en el arte

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Martin Parr
 

¿En qué momento empezamos a obsesionarnos con retratar comida?

Marc Casanovas

10 Junio 2018 12:54

Compartir mesa con otras personas significa obligatoriamente que alguien detendrá el ritmo del almuerzo para fotografiar la comida. Si no eres el brazo ejecutor, el culpable será tu pareja, un familiar, algún compañero de clase o el colega del trabajo. Lo que está claro es que alguien no podrá resistir el impulso de disparar una fotografía a ese ceviche multicolor para subirlo a Instagram y aumentar sus followers antes de que lleguen los postres. La fiebre por la foto fácil, la foto estética, la foto banal y sin contenido alguno se apodera de las redes y ensucia el arte de la fotografía profesional.

Así lo constata el discurso de Jesús Rocandio, director de Casa de la Imagen, que en su charla “El bodegón: de las sales de plata a Instagram”, dentro del marco de la Conversaciones Heladas en Logroño, repasó el uso de la comida en la pintura, la fotografía y en las redes sociales. Y evidentemente es fácil pronosticar quien salió perdiendo en la comparación final: “Yo no vengo a hablar de fotografías muy estéticas. Vengo a hablar de la exactitud que otorga la fotografía a las cosas. Vengo a hablar de los fotógrafos cuando dejan los encargos y tienen libertad".

Serie "Luxury" de Martin Parr

Ahora mismo lo fotógrafos estamos en lucha contra el falso esteticismo.

Jesús Rocandio, Casa de la Imagen

Aparentemente no hay nada más libre que hacer una foto con tu smartphone y subirla a Instagram, pero algo se pierde por el camino: “Normalmente nos quedamos con la primera impresión de una foto. Esto es debido a una profunda banalización de la sociedad. El uso indiscriminado de selfies en Instagram y del millón de imágenes de comida que se hacen sin ningún sentido es todo lo contrario a la fotografía profesional”. Si se escondía algún influencer o blogger foodie entre los presentes, ya estaba escondiendo la cabeza dentro de su caparazón antes de empezar la conferencia.

No es tema baladí: la irrupción de millones de aficionados a Instagram es una de las mayores intrusiones profesionales acometidas en el siglo XXI. Ya no sorprende enterarse de que X empresa de alimentación ha contratado a un instagrammer prescindiendo de los servicios más profesionalizados. Los fotógrafos están cabreados, ¿pero contra quién o qué lucha la fotografía contemporánea? “Ahora mismo los fotógrafos estamos en lucha contra el falso esteticismo. Por eso nos importa tanto la medida del tiempo. Es algo que se le escapa a la estética". Si la fotografía es una disciplina capaz de fijar lo que está pasando en el pasado, el presente y el futuro, esta frase con la que el director de la Casa de la Imagen calentó motores cobraba más sentido: "Algún erudito dijo en su día que cambiaría todos los cuadros de Jesucristo por una foto real".

Y como de realidad va la cosas es aquí cuando nos muestra el primero de muchos ejemplos significativos. Se trata de "Still life"" de Sam Taylor. "No es un cuadro, es fotografía en progresión de un bodegón de fruta que cambia poco a poco para demostrar que todo sigue con vida":

Porque si algún género artístico ha captado la importancia del tiempo en la comida es el bodegón o la naturaleza muerta. Pocos temas tienen tanta simbología porque "la representación de la comida no es algo nuevo. Se ha representado a lo largo de toda la historia de la pintura. Desde los cuadros religiosos de mesas llenas de alimentos, las ofrendas de comida a los dioses en Egipto, las fiestas atenienses, los mosaicos romanos donde todo lo que caía al suelo era para los muertos y, por supuesto, en La Última Cena que siempre se ha representado como un gran banquetes. Justo al revés de lo que debería haber sido".

Todo está dentro de una naturaleza muerta. Es decir, las naturalezas muertas no están tan muertas.

Jesús Rocandio, Casa de la Imagen

Un buen ejemplo repleto de simbolismo es el cuadro de Caravaggio de la resurrección de Cristo "donde la sombra de una cesta de fruta adopta la forma de un pez, símbolo de los cristianos. O las patas del pollo estiradas como metáfora de la muerte. Y algo muy presente siempre en el barroco", dice Jesús. "Una bandeja o un vaso siempre a punto de caer. Como si nuestra vida estuviera pendiente de un equilibro imposible. Todo eso está dentro de una naturaleza muerta. Es decir, las naturalezas muertas no están tan muertas".

En esa misma época, la otra cara de la moneda la representaba Velázquez pintando todo lo contrario a la abundancia barroca. Dos hombres comiendo prácticamente nada para demostrar que la pintura podía ser un notario de la sociedad del momento:

Todos los alimentos representados en la pintura no solo hacen referencia a la parte alimentaria. Sin duda alguna "la comida trasciende a lo puramente alimenticio y también habla de la alimentación del espíritu y que todo en la vida es vanidad, Aunque al final todos nos vamos sin nada y todo está condenado a pudrirse o a morirse", dice. Por eso tantos elementos hacen referencia a la muerte en la mayoría de bodegones de comida.

La llegada de la fotografía no cambia lo fundamental: "El primer antecedente de la fotografía es la heliografía de una naturaleza muerta donde aparece lo esencial para el hombre: su alimento. La fotografía no llega hasta 1839, pero 10 años antes ya estaba presente la comida en "La mesa servida" de Nichépore Niépce.

Incluso en la primera fotografía oficial de una cocina se adaptan muchas técnicas `pictóricas: "En la cocina del asilo fundado por la mujer de Napoleón III se supone que había mucho movimiento, mucha tensión y mucha fuerza, pero Charles Negrè logra todo lo contrario y convierte la cocina en un oasis de tranquilidad y paciencia en una composición muy sofisticada. El empleo de la luz es muy suave; como si solo se pudiera cocinar así y no de otra manera", dice Jesús.

Otro elemento inherente de la fotografía de comida es su valor documental. Por ejemplo, permite conocer cómo eran las cocinas y los útiles de cocinas de edificios famosos como en el caso de la cocina de la Casa Blanca en 1905.

Y no solo las grandes cocinas, también las cocinas domésticas, populares o rurales como la serie de Eugene Smith para la revista Life donde vemos las cocinas de los pueblos y cómo los españoles comían humildemente con las manos en 1951.

A medio camino entre lo documental y el arte está la fotografía abstracta de Edward Weston que "utilizó los pimientos como forma escultórica casi humana en 1930. El alimento se transforma en un elemento creativo".

En la actualidad, una corriente muy extendida entre algunos fotógrafos profesionales es plantear sus fotografías como si fueran cuadros. Todo de una manera excesivamente manierista. Y aquí merece una mención especial la influencia del español Juan Sánchez Cotán. "Seguramente el pintor español más influyente en la fotografía gracias a su tridimensionalidad y la forma de tratar la perspectiva". Aquí se puede ver una de sus naturalezas muertas más conocidas:

Y esta es una reinterpretación moderna en fotografía (con la etiqueta del melón incluida):

Mención especial para Chema Madoz y sus chistes visuales relacionados con la cocina. Este fotógrafo español defiende que "cualquier imagen es un ejercicio de comunicación con el espectador".

Foto: Chema Madoz

Pero entonces, ¿de qué se ocupa la fotografía de comida más contemporánea?

"Ya no se habla de lo que la vida nos va a quitar como en la pintura. Se habla de lo que desechamos como seres humanos. De los despojos de la civilización. No son fotos bonitas porque la mayoría del mundo ya no lo es"., dice Jesús Rocandio. Por eso son muchos los fotógrafos que centran sus trabajos en la podredumbre o la comida como basura. Por ejemplo Laura Letinsky juega con la idea de las sobras.

"Ya no se habla de lo que la vida nos va a quitar como en la pintura. Se habla de lo que desechamos como seres humanos.

Jesús Rocandio, Casa de la Imagen

O Cindy Sherman, uno de los diez fotógrafos más cotizados del mundo que vende sus fotografía por millones de dólares y que expone en el MOMA de Nueva York, a quien le interesa meterse dentro de la podredumbre con sus autorretratos.

Pero si alguien ha ilustrado esto mejor que nadie la mezcla imposible entre lujo, decadencia y comida es Martin Parr, ex director de la célebre Agencia Magnum. En sus reportajes las fotos son tremendamente descaradas, con flash frontal, pero nada improvisadas. Nadie ha representado mejor a la industria del fast food y como el acto de comer puede ser tan insano como grotesco.

Luxury de Martin Parr

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