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El ecoguerrero que lucha contra el aceite de palma con su motosierra

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Adobe Stock
 

Corta palmeras ilegales para salvar la selva y devolver su hogar a los elefantes

Rosa Molinero Trias

05 Marzo 2018 18:31

En Indonesia se deforestan 800 mil hectáreas al año y todavía se quieren deforestar más. ¿La razón? El cultivo de palmeras para elaborar aceite de palma, que deforesta la selva y usurpa territorios, y que quiere incrementarse hasta llegar a los 40 millones de toneladas hacia 2020. Por eso se necesitan acciones como las de Rudi Putra, un ecoguerrero que sierra eléctrica en mano sale a talar las palmeras.

The Guardian

Biólogo de profesión, Putra trabaja en la provincia indonesia de Aceh Tamiang. Recibió el Premio Goldman al Medioambiente en 2014 por la iniciativa que tomó años atrás. En 2006, unas fuertes lluvias causaron unas inundaciones catastróficas y en parte se debía a la deforestación que conllevan las grandes extensiones de los cultivos de palmiste. Según el Banco Mundial, causaron unos daños valorados en 210 millones de dólares.

Así que cuando dejó de llover, Putra salió armado con su sierra eléctrica en la mano y la legislación medioambiental indonesia en la mochila y empezó a talar toda palmera que fuera ilegal, previo aviso a los propietarios de que aquello era ilegal y podían terminar arrestados.

Goldman Foundation

Parece que no se libran ni las selvas protegidas, ni los Parques Nacionales, ni santuarios de vida salvaje ni otras zonas bajo el paraguas de la ley. En Indonesia, Sumatra y Kalimantan, todo vale para cultivar ese líquido viscoso y ubicuo en los alimentos ultraprocesados y también empleado en biodiesel.

Por lo menos el 56% de las plantaciones de palmeras de aceite que se establecieron en el país entre 1990 y 2005 se abrieron a expensas del bosque tropical, según señala la investigación de ETH Zurich.

La tarea de Rudi Putra y otros voluntarios prosigue después de la tala con la reforestación y el cuidado de las plantas jóvenes, muy sensibles a la climatología extrema y a las acciones de animales como los elefantes, que con su peso y su hambre podrían destruirlos.

Precisamente ellos, los elefantes, son otros de los afectados por el cultivo masivo de palmeras de aceite, ya que propietarios y trabajadores los envenenan para que no se coman esos frutos oleaginosos. No son los únicos: orangutanes, rinocerontes y tigres son grandes mamíferos que se han visto desahuciados de su hábitat.

“Tenemos el índice más alto de pérdida de biodiversidad del mundo”, afirmaba Rudi Putra para Lifegate.

También las personas que habitan en zonas rurales se ven afectadas, ya que se crean conflictos entre comunidades, se contaminan los recursos hídricos y las grandes plantaciones fomentan que se desarrollen infraestructuras que atraviesan la tierra que es su hogar, así como allanan el terreno para que se instalen minas.

Pero a pesar de lo que pueda parecer, el ecoguerrero no ha declarado la guerra al aceite de palma, sino a un modelo de explotación agraria.

“No todas las plantaciones de aceite de palma se gestionan mal. Algunas compañías lo hacen bien. Las mantienen a largo plazo, sin dañar las selvas, protegiendo las áreas importantes para biodiversidad y sin interferir en los recursos hídricos. Pero muchas otras plantaciones destruyen los bosques, matan animales y crean conflictos con las comunidades a su alrededor. Hay más ‘malas’ empresas que ‘buenas’. Algunas incluso talan las selvas a gran escala y solamente adoptan principios de sostenibilidad después de haberlo hecho”, explicaba para Lifegate e instaba a las empresas a que se acogieran al protocolo de sostenibilidad RSPO (Roundtable on Sustainable Palm Oil).

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