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“Nos cansamos de las cosas viejas, pero cuando las quisimos recuperar era tarde"

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Discusiones sobre gentrificación y bares, cierre del Palentino, glorificación de los bares de siempre… Hablamos de todo esto con uno de los mayores expertos en la cultura de bar española

Marc Casanovas

12 Abril 2018 12:55

Si las plañideras existieran en 2018 tendrían un puesto reservado con sus lagrimones más salados en el entierro de los bares emblemáticos de España. Buen ejemplo de ello es el eco de la muerte anunciada del Palentino, el bar de Loli y Casto tatuado en el corazón de Malasaña, que ha reverberado más allá de la M-30. En un momento en el que los últimos bastiones de la supervivencia de la ciudad se cuentan con los dedos de una mano, todos vamos un poco perdidos buscando tres pies al gato a la temida gentrificación.

Vivimos en el país con más bares por habitante de mundo. No es ninguna broma: hay más bares en España que en todo Estados Unidos. Hablamos de una relación de un bar por cada 175 personas, pero curiosamente el orgullo y la cultura de bar no aflora en el inconsciente colectivo hasta que un local legendario no cierra a cal y canto. Es con la simbólica imagen de la persiana metálica bajada del Palentino que todos manchamos el pañuelo con lágrimas de cocodrilo y mocos acuosos. En algún momento de nuestra historia perdimos el rastro de la última barra original con el codo manchado de grasa y la cerveza bien tirada y no lo recuperamos hasta llegar, a salto de mata, al extrarradio.

Bar Palentino en Malasaña

Ya veremos en qué acaba convertido el local donde estaba el Palentino.

En Ocasiones Veo Bares

Hoy, a orillas de la calle Pez donde se anclaba el Palentino, sólo quedan tiburones. Esta foto la tomó esta semana uno de los hombres que más sabe de bares en España. Peregrinó hasta la puerta del Palentino para mostrar sus condolencias en la tumba aún caliente y un grafitti hipster le dio la bienvenida en lugar de los míticos pistachos revenidos y el bocadillo de panceta malísimo. Alberto García Moyano siempre tiene sed y hambre, "pero no sólamente del comercio habitual". En la red es conocido como En Ocasiones Veo Bares, su alter ego tan irónico con los tiempos que corren. Un día decidió recorrer los locales más emblemáticos fuera del circuito más turístico para dejar huella de los garitos con alma. La experiencia le ha servido para engendrar dos hijos no humanos en forma de bodega (Bar Bodega Carol y Bodega Montferry) y un señor restaurante (Sants es Crema).

"El cierre del Palentino es jodido porque cierra un bar en una zona de Madrid que está sufriendo muchos cambios. Era un garito ligado a una familia. A un hombre y a una mujer dándolo todo. El martes venía desde Casa Camacho hacia Sol y te das cuenta que se ha perdido una de las paradas claves. Como perdamos un segundo bar en esta ruta tendremos muy pocas cosas con valor simbólico por el camino y esto se traduce en una perdida real... Ya veremos en qué acaba convertido el local donde estaba el Palentino". Es la PEOR manera de asimilar esta pérdida: visualizar el bar Palentino convertido en una tienda de té verde helado y cupcakes multicolor.

“No sé exactamente cuál es el sentido de tener o no tener cultura de bar. Lo que sí es cierto es que los frecuentamos mucho. De hecho se dan muchos casos de pueblos con pocos habitantes, pero con 5 o 6 bares donde salen más bares que habitantes. En el bar es donde compartimos nuestras miserias y todo lo bueno del día mientras el que está detrás de la barra nos escucha más o menos. ¿Eso es cultura de bar? Pues a lo mejor no”.

Bar bodega Carol. Foto: SerieBcn

“No sé exactamente cuál es el sentido de tener o no tener cultura de bar. Lo que sí es cierto es que los frecuentamos mucho ¿Eso es cultura de bar? Pues a lo mejor no.

En Ocasiones Veo Bares

Lo que sí sabe es cuál es la mejor manera para empoderar a los bares. Sean o no de extrarradio porque no hace diferencias: “La mejor manera de cuidar un bar es yendo al bar. Transmitir a la persona que lo regenta que aprecias su trabajo. Todo esto genera un algo, llámale karma o llámale lo que quieras, pero lo importante es no dejar morir a los bares. Es un fenómeno que está pasando en grandes ciudades de bares como Madrid , Barcelona, Málaga, Zaragoza o Bilbao".

Un fenómeno en el que también entra en juego lo nuevo y lo viejo: "El tsunami de cierre de bares está siendo potentorro. Hubo una época en la que nos cansamos de cosas viejas y cuando nos quisimos dar cuenta que esas cosas viejas nos gustaban ya era demasiado tarde. Pero hay que recordar que esos garitos viejos también fueron nuevos en su día y seguramente desbancaron a otros locales viejos. La vida es cíclica. El único valor real para mantenerse en pie es tener alma y el cariño de la gente. Al final se trata de poder ir con una sonrisa por la puta calle".

Bravas Bodega Montferry

Hay que recordar que esos garitos viejos también fueron nuevos en su día y seguramente desbancaron a otros locales viejos.

En Ocasiones Veo BAres

El favor de la gente sirve de poco cuando aparecen conceptos como el de la gentrificación para entender el cierre de los bares. Para Alberto hablar de la gentrificación como “la salvación” de las zonas de extrarradio es caer en un error: "Lo último que veo como salvación de un barrio de extrarradio es gentrificarlo. Lo tengo más claro que el agua. Pero no es un problema sólo de España; vete a Venecia e intenta disfrutar en un bar o busca un sitio auténtico de húngaros en Budapest. Es imposible encontrar nada y me parece tristísimo".

La mejor manera de luchar contra la gentrificación y lograr de rebote más cultura de bar entre los vecinos es más bien otra: "La clave es que la gente que vive a dos manzanas o en el cuarto piso del edificio de un bar bajen a tomarse un café con leche y fomentemos así un poco de comunidad. Al final el mejor bar es en el que estás a gusto. Si es de palomitas pues de palomitas. Si es de bravas pues de bravas. La clave es no tener que ir al centro para disfrutar de una buena experiencia en la ciudad ni que todos los del centro tengan que ir a las afueras o al pueblo para sentirse auténticos".

Y ya se sabe: como muy bien reflexiona Ana Menénedez en Twitter cuando se habla de los barrios de extrarradio se hace casi siempre desde dos vertientes radicales: o "se cae en una visión paródica, catastrofista y deprimente o se pasa al otro extremo con una narración épica del barrio obrero" sin defecto alguno. Evidentemente ninguna de las dos realidades es cierta.

La pared con llaveros del Bar Bodega Carol

La clave es que la gente que vive a dos manzanas o en el cuarto piso del edificio de un bar bajen a tomarse un café con leche y fomentar un poco de comunidad.

En Ocasiones Veo BAres

Finiquitado el tema de la gentrificación, es el turno de adentrarse en las nuevas generaciones que no quieren seguir el negocio de sus padres. En intentar hacer ver a esos jóvenes que el bar de barrio es algo más que ese sitio donde sirven bravas rancias y cubatas baratos: "Lo veo muy complicado. Lo que hay que generar es que esos jóvenes se impliquen de alguna manera con el barrio creando vínculos y tejido social. Si no te gusta el rollo es muy complicado. La identificación no es espontánea, hay que trabajarla. Ya puedes intentar transmitir que sin ganas es imposible". Y aunque lo que entra en juego no es únicamente un factor económico muchas veces puede ayudar: "Para mierdas de curros mileuristas... yo que sé... jodido por jodido me hago mi propio jefe y me jodo a mi mismo".

Le planteo un ejercicio mental un poco utópico para terminar. Pensar cómo serían nuestras grandes ciudades españolas sin los bares y bodegas de siempre. Su respuesta es contundente y la más escueta de todas: “Es fácil. Dejarían de ser grandes ciudades españolas”.

Para mierdas de curros mileuristas... yo que sé... jodido por jodido me hago mi propio jefe y me jodo a mi mismo.

En Ocasiones Veo Bares

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