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Food

#DesnudaLaFruta: la lucha contra el plástico absurdo en la comida ha comenzado

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Si la naturaleza encontró una forma de proteger estas naranjas, ¿por qué la eliminamos y añadimos plástico?

Rosa Molinero Trias

20 Febrero 2018 17:32

supermercado

Calco del inglés "supermarket"

'Establecimiento comercial de venta al por menor en el que se expenden todo género de plásticos. Y también alimentos, bebidas, productos de limpieza, etc'.

¿Te imaginas que esa fuera la definición real? Pues con ejemplos como este, que nos hizo caer de la silla en su momento, no parece que falte mucho:

"Si sólo a naturaleza hubiera encontrado una forma para cubrir las naranjas para que no tuviéramos que desperdiciar tanto plástico".

Y si no te convences, dale un vistazo al hashtag #DesnudaLaFruta en redes: mandarinas a las que se les despoja de su piel para meterlas en cubos de plástico, papayas enteras partidas en dos y envasadas en una bandeja de plástico y recubiertas por más plástico, brócoli envuelto en film de plástico.

PLÁSTICO. PLÁSTICO. Y MÁS PLÁSTICO.

Aqua se equivocaba: life in plastic is not fantastic. Y también lo dijo el vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans: “Si no cambiamos la forma en la que producimos y usamos los plásticos, habrá más plástico que peces en nuestros océanos hacia 2050”.

Por otro lado, es preocupante que no toquemos ni olamos ni veamos por completo los alimentos frescos que compramos, que se esconden bajo una manta de plásticos y etiquetas. Se nos priva de nuestros sentidos, se nos ofrecen cantidades exactas sin preguntar (¿3 manzanas? ¿Y por qué no 7?) y todo se media a través de una película plástica.

¿Tenemos miedo en ensuciarnos las manos con un poco de tierra? Hemos cambiado completamente lo que supone ir a hacer la compra hasta convertir la experiencia en... plástico.

De una preocupación similar nace la iniciativa #DisfrutaLaFruta. Hablamos con algunos de sus organizadores, Isabel Vicente, de La Hipótesis Gaia, y Patricia Reina y Fernando Gómez, de Vivir Sin Plástico para saber más sobre esta campaña que quiere inundar las redes con denuncias sobre el exceso de plástico.

La idea inicial se le ocurrió a Isabel Vicente, licenciada en Ciencias Ambientales por la Universidad de Salamanca: “La principal razón para empezar esta campaña fue la frustración que me suponía ver cada día más y más plástico en la venta de productos que no lo necesitan en absoluto".

"La evolución ya ha dotado a frutas y verduras de una piel que es suficiente, no se necesita plástico para protegerla. Me da mucha rabia que las grandes superficies proclamen que son "verdes" por no dar gratis bolsas de plástico, (algo que me parece bien y acorde con la legislación que saldrá en los próximos meses) pero luego llenen sus productos de plástico innecesario”.

Me da mucha rabia que las grandes superficies proclamen que son "verdes" por no dar gratis bolsas de plástico, pero luego llenen sus productos de plástico innecesario

Isabel Vicente

Isabel Vicente cuenta que ha sido en los últimos años cuando ha ido tomando más conciencia del mar de plástico en el que vivimos. “Se ha incrementado hasta límites absurdos. ¿Es necesario partir unas cuantas rodajas de chorizo y meterlo en una caja de plástico? ¿O una única cebolla en una bandeja de plástico? Son cosas que no tienen sentido ninguno, muy dañinas e innecesarias”.

“Ejemplos como ese son los que me hacen pensar que si no empezamos a poner freno a estas prácticas desde el punto de vista legislativo llegaremos a casos más absurdos e indignantes”.

Pero llega la pregunta que todos nos hacemos: ¿no será más caro sustituir el plástico? En realidad, dice Isabel Vicente, “dejamos de malgastar el dinero en productos desechables (botellas de agua, tazas de bebidas para llevar, cubiertos de plástico, bolsas de plásticos). Y esto supone un ahorro a la larga. Invertir en una buena botella que se pueda reutilizar, unas bolsas de tela para hacer la compra o incluso un termo. Son cosas muy sencillas, que se amortizan en poco tiempo y por suerte, hay tanta variedad que también hay para todos los gustos”.

Lo mismo piensan Patricia Reina y Fernando Gómez: “Invertir nada, de hecho ahorraremos dinero. Un paso básico es dejar de demandar la producción de nuevos productos desechables. Podemos ir a hacer la compra con las bolsas (aunque sean de plástico) que ya tenemos en casa, beber agua de grifo (si en nuestra ciudad está buena) o plantearnos instalar un filtro para dejar el agua embotellada, volver a las servilletas y pañuelos de tela o sustituir el gel y champú por jabones sólidos”.

“Una de las cosas más efectivas y baratas que podemos hacer es preguntarnos si realmente necesitamos un producto antes de adquirirlo”, señala la pareja, que cuenta en su blog que a la larga su ahorro ha sido grande por todos los productos que han dejado de comprar, entre ellos, el papel higiénico, sobre el que explican alternativas.

Ellos son un claro ejemplo de que no hacen falta una carrera de ciencias para arremangarse y de una vez por todas, reutilizar y reciclar.

“No hemos estudiado ni trabajamos en nada relacionado con la sostenibilidad pero es un tema que siempre nos ha preocupado: siempre nos han molestado en general los productos sobreenvasados. Hace dos años y medio decidimos empezar a vivir sin plástico desechable y eso nos ha llevado a hacer otros cambios en nuestro día a día para llevar una vida más sostenible. Tirarlos al contenedor adecuado no nos hacía sentirnos mejor".

¿Qué más podemos hacer?

“Recomendaría comprar ingredientes y no comida preparada”, explica Isabel Vicente. Con unas nociones básicas de cocina se puede hacer cualquier plato que se venda precocinado sin generar tanto plástico y sin invertir tanto tiempo como se puede pensar a priori. La comida preparada siempre lleva muchos envases, mientras que si compras ingredientes puedes elegir la cantidad, la calidad y hacerlo a granel reduce o elimina por completo la cantidad de plástico que te llevas a casa”.

“Comprar más en tiendas de barrio y mercados y menos en supermercados que es donde se abusa más del plástico. Si llevamos nuestros propios recipientes y bolsas para que nos lo rellenen podemos llegar a casa fácilmente sin ningún tipo de residuos”, añaden Patricia Reina y Fernando Gómez.

Estos son algunos pasos para convertirse en lo que Vicente llama un ‘ecoguerrero’: “No se trata de dar sermones sobre lo que otros hacen mal si no de enseñar con el ejemplo los beneficios de esos buenos hábitos: mejorar en salud y ahorrar dinero son dos de las principales consecuencias de una vida sostenible”.

Y parece que cada vez hay más ecoguerreros si nos guiamos por la buena acogida que ha tenido esta petición de Change, a punto de llegar a las 300 mil firmas, dirigida a los supermercados, a quienes solicita que pongan a disposición de los clientes unas máquinas de reciclaje de plástico que devuelven algo de dinero al insertar una botella.

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