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Food

Una dietista descifra la clave para no volver a sufrir un "coma alimentario"

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No lo sabías, pero tu cuerpo alguna vez ha entrado en coma por culpa de unos alimentos que es muy difícil dejar atrás

Rosa Molinero Trias

12 Febrero 2018 14:57

Llega el fin de semana y toca reunión familiar en casa de tus padres, tus abuelos o tus tíos. Y siempre hay una mesa repleta de suculencias y varios plato rebosante de tu comida favorita. Porque sabes que tienen un objetivo en común: compensar lo mal que te alimentas durante toda la semana, con una dosis extra de calorías.

Pero al terminar de comer, te entra un sueño que no puedes ni cargar con tus pestañas y deseas que la sobremesa se acorte tanto como sea posible para echarte una buena siesta. ¿Qué te está pasando?

En inglés recibe el teatral nombre de food coma, que según el diccionario Merriam-Webster, es un término acuñado en la década de los 80’s para referirse a “la somnolencia que ocurre cuando se consume una gran cantidad de comida y el cuerpo tiene que trabajar duro para digerirla. Esto supone dirigir la sangre y la energía de otras funciones corporales hacia la digestión, lo que hace que nos sintamos letárgicos. Sabes que estás a punto de experimentarla si tienes los siguientes síntomas después de atracón de comida: te sientes adormilado, tan lleno que te desabrochas los pantalones y con arrepentimiento no paras de decir ‘He comido demasiado’ o ‘No puedo creer que haya comido tanto’ mientras bostezas".

Según la dietista y nutricionista Jessica Gutiérrez del Pino, de Salud Nutritiva, los hidratos de carbono simples son los principales responsables de este estado que te ralentiza de la cabeza a los pies. Pero hay que tener presente algo:

“Los alimentos se pueden clasificar según su carga glucémica dependiendo de lo rápido que la glucosa que contienen pase más o menos rápido al organismo y la respuesta en forma de cantidad de insulina con la que responde nuestro cuerpo. Cuanto mayor sea la carga glucémica de un alimento, mayor será el máximo (llamado ‘pico’) de glucosa en sangre”.

El problema está en que los hidratos de carbono simples (azúcar blanco, alimentos procesados, bollería, pastas blancas, zumos de fruta), que proceden de harinas refinadas a las cuales se les ha extraído la fibra en su mayor parte, causan una montaña rusa en nuestros niveles de glucosa en sangre.

“Nuestro organismo los absorbe rápidamente y eleva el máximo de glucosa en sangre, por lo que el cuerpo responde con mucha insulina para retirar todo ese exceso de glucosa del torrente sanguíneo. Lo que sucede se conoce como estado hipoglucemiante y da lugar a una sensación física de cansancio y debilidad, por lo que no es de extrañar que nuestra capacidad de pensar se vea alterada en esta situación”.

Gutiérrez del Pino advierte: “Si no modificamos nuestra alimentación y seguimos con una ingesta importante de alimentos procesados con grandes cantidades de azúcares entraremos en un círculo de subida y bajadas constantes de glucosa del que nos será difícil salir, llegando a graves consecuencias en nuestra salud como por ejemplo provocarnos una resistencia a la insulina”.

Por esta razón, recuerda que “es importante basar nuestra alimentación en comida real: frutas, verduras, cereales integrales y legumbres que tienen una carga glucémica reducida”.

Asimismo, en este estado que científicamente se llama “somnolencia postprandial”, hay una mayor actividad del sistema nervioso parasimpático, el que induce el cuerpo al descanso, que es proporcional al contenido del estómago y del intestino delgado.

Ahora ya puedes explicarle a tu mejor amigo/a la versión científica del origen de la siesta.

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