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16 mentiras muy locas que nos contaron nuestros padres de pequeños

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No hay ser más creativo sobre la faz de la tierra que un padre contándole una mentira a  su hijo

Elena Rue Morgue

05 Octubre 2016 12:06

Hay varios tipos de "mentiras de padres". Las mentirijillas piadosas, que tienen como único propósito proteger nuestros sentimientos. Las alimenticias, con las que pretenden que no nos alimentemos exclusivamente de gusanitos y sandwitches de nocilla. Y, mis preferidas, las trolacas porque sí: esas bolas que nos sueltan pensando "Madre mía, a este enano le puedo decir cualquier movida y se la traga. Vamos a echarnos unas risis".

Aquí va el top 16 de "mentiras de padres", recopiladas entre amigos y conocidos. ¿Cuáles son las vuestras?

1.

"De pequeño tenia un pez naranja al que adoraba. Un día se murió y mi madre, anteponiéndose al drama que se venia, me contó que si lo enterraba en una maceta crecería una planta. Lo planté y al día siguiente apareció una planta llena de flores naranjas. Fue muy enternecedor por su parte, pero yo viví convencido de que los peces se transformaban en plantas hasta bien entrada mi adolescencia."

2.

"Mi padre me decía que tenía un estómago especial para la fruta, que eso se digería aparte. Así cuando le decía que estaba llena y no quería fruta me soltaba esa trolaca. Suspendí un examen de Naturales por su culpa."

3.

"Cuando era pequeño teníamos una consola Sega ultra vieja a la que mi padre jugaba mucho, y le daba mucha rabia que yo jugase porque siempre dejaba todos los cables hechos una maraña y nunca me acordaba de recogerla (la guardábamos en una caja dentro de un armario que había al lado de mi habitación). Así que se les ocurrió la brillante idea de inventarse que dentro del armario vivía una persona, un tipo bastante siniestro, al que también le gustaba jugar a la Sega. Si no la guardaba después de usarla el tío se cabrearía mucho y vendría a por mí al hacerse de noche. Nunca más la volví a dejar sin guardar."

4.

"Mi padre solía decirme que cuando te tiras un pedo, durante unos milisegundos lo podías ver, pero en un momento se volvían trasparentes. Me tiré una buena temporada dándome la vuelta super rápido para intentar ver alguno. Alguna vez le dije a mi padre que me parecía haber visto uno, que era como una aceituna marrón, y él me dio toda la razón."

5.

"Toda mi infancia fue una gran mentira: Me decían que si me comía los garbanzos negros del puchero, me pondría guapa; que si miraba el fuego fijamente, me mearía de noche en la cama y que si comía mucho chocolate blanco, me saldrían gusanos por el culo. También me decían que si me tragaba un chicle se me quedaría pegado en la tripa y podría morir y si me tragaba una pipa de sandía, me crecía una sandía en el estómago."

6.

"Una tarde paseando por la calle con mi padre nos cruzamos con una señora embarazada. Yo era muy muy pequeña, y le pregunté a mi padre que a ver por qué esa señora tenía la tripa tan gorda. Me respondió que se había caído de la cama y le había salido un chichón."

7.

"Cuando comía cacahuetes o frutos secos en general mi madre me decía que tenía que masticarlos bien o se me 'iban a ir al pulmón'. Crecí pensando en un conducto secreto boca-pulmón que se colapsaría provocándote la muerte inminente si comías cacahuetes demasiado rápido."

8.

"Siempre me decían que si me comía las uñas me crecería un cuerno en la tripa."

9.

"Me pase gran parte de mi infancia pensando que me habían encontrado en un contenedor de bebé y que me llamaba Luisa Fernàndez Enana."

10.

"A mi hermano le contaban que habíamos echado de la familia a un primo llamado Hugo por malo y que si se portaba mal vendría a buscarlo y también lo echaríamos a él. Le decían que estaba acechando siempre detrás de las esquinas, que tuviera cuidado con Hugo."

11.

"Mi madre tenía una panadería cuando yo era pequeña. Cuando me daba Huevos Kinder, curiosamente, siempre me tocaban las figuras molonas. Nunca el puñetero puzzle que ningún niño quería. Me decía que era una niña con mucha suerte. Mentira. Pesaba en la balanza los Huevos Kinder: los que más pesaban llevaban la figura. A los pobres niños del barrio siempre les debían tocar los puzzles y las peores sorpresas. No me enteré de esto hasta que cumplí 18 años o más. La "suerte" que tenía en mi infancia era una mentira. Pero una mentira bonita."

12.

"Para que mi hermana se comiese los guisantes, mi madre le decía que eran los hijos de las aceitunas."

13.

"De pequeño estaba obsesionado con volar. Vivíamos en una casa de dos pisos y siempre me estaba tirando por las escaleras intentando planear hasta abajo. Obviamente, no lo conseguía, y llevaba la cabeza cosida a chichones. Cuando una vez me vieron asomado al balcón se acojonaron de verdad pensando que podría saltar, así que tuvieron que inventarse algo. Se sentaron conmigo y me dijeron que volar era como conducir, que las personas no podíamos hacerlo hasta cumplir los 18. Me pareció que tenía mucho sentido nunca más volví a hacerlo."

14.

"Me decían que de viejo con los ojos pasaba como con los dientes y te los tenían que cambiar."

15.

"De cría era super mocosa. Me decían que con todos los mocos que tenía podría abrir una fábrica de pegamento. Me pasé años pensando que me iba a hacer rica con mis mocos."

16.

"Me explicaron que las pipas peladas las pelaba una vieja. Concretamente, una vieja con dos dientes."

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