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Compra una botella de champán de 34.000€ y se le cae al suelo al intentar abrirla

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El protagonista de este vídeo es el tonto de la semana

Elena Rue Morgue

29 Enero 2018 17:57

Algo tiene el champán que multiplica las posibilidades de hacer el ridículo de quien lo toca. Dejando de lado el factor etílico, que siempre es un detonante de la estupidez humana y de las grandes anécdotas, el champán tiene características muy particulares que propician el parecer un gilipollas.

La primera es que está asociado con el romanticismo. No el romanticismo de cortarte las venas en un cementerio porque tu amada de 15 años está muriendo de tuberculosis, romanticismo del de ahora. De peluchitos, corazones y grima en general.

La gente tiende a engorilarse y compartir frases con intenciones poéticas fallidas en las que el champán forma parte de todo el atrezzo de cita cuqui-romántica.

O directamente pillar citas de canciones con letras bastante pochas e ir de tipo sensible por la vida, a ver si cae algo. Champán es, para muchos, sinónimo de impresionar a la chica para meterla en caliente.


La segunda es que el champán tiene burbujas, motivo por el que es fácil que el corcho salga disparado de forma indeseada, que media botella se vaya a la mierda al abrirla por la presión o atragantarse de forma nada refinada al pegarle un tiento.

La tercera, que está vinculado con una idea de estatus. El champán es es la bebida de la gente rica, de las celebrities. El champán se bebe para celebrar, para presumir y para aparentar.

Y cuando uno quiere ir de guay, Murphy sabe muy bien como dar una lección de humildad.

Cuando estos tres factores se alían contra una misma persona que tiene una botella de champán entre manos, y hay una cámara de vídeo delante, se puede crear uno de los hitos de la comedia cringe como este:

El antihéroe anónimo, tratando de impresionar a las mozas de este local de Ibiza alardeando de tener una cuenta bancaria muy boyante, se olvidó de que el champán tiene tendencia a salir disparado si uno no se anda con ojo.

Con el susto y un pulso regulero, el hombre tiró a la mierda un botellón de 4,5 litros de champán valorado en 34.000€.

Para hacerlo peor, el camarero que iba a abrir la botella estaba justo al lado, pero al parecer el hombre quiso tener su momento de gloria abriéndola por sí mismo.

Quedar como un gilipollas puede salir muy caro, literalmente.

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