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Hackeando el sistema con personas refugiadas

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#Hackf4refugees es el primer hackaton de su clase que se celebra en España. El propósito es crear soluciones reales para ayudar a los refugiados en sus viajes y asentamientos. La cita es este fin de semana en Barcelona

Cristian Palazzi

03 Mayo 2019 11:37

¿Qué pasaría si, gracias a la tecnología blockchain, pudiéramos trackear la vida escolar de una persona de manera segura y fiable? ¿Cuántos curriculums salvaríamos y, con ello, cuántos futuros? La primera vez que tomé conciencia de las dificultades que tiene un refugiado para mantener su vida académica allá donde va, cuando su ciudad, su barrio y su propia casa han sido devastadas, fue en una hackaton organizada por Techfugees.

Techfugees es una organización internacional que se dedica a organizar este tipo de encuentros a lo largo y ancho del planeta. Encuentros que unen la comunidad techie con personas refugiadas para desarrollar herramientas digitales conjuntamente. Este fin de semana se organiza uno en la oficinas de PlayGround (tienes los detalles de la cita aquí) y el objetivo será encontrar soluciones tecnológicas que faciliten el acceso a trabajos dignos para estas personas.

La pregunta no es menor: ¿cómo acompañar a aquellos que han tenido que huir de su país, la mayoría de veces a causa de la violencia, para que encuentren trabajos a la altura de su humanidad?

Esta es la cuestión que se convertirá en el punto de partida de dos días frenéticos donde cada uno de los equipos, acompañados por una serie de mentores provenientes de diferentes oenegés y universidades, se dedicarán a imaginar líneas de código para cambiar su vida y la de sus sociedades.

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En España la comunidad refugiada no es tan grande como en otros lugares del mundo, pero el año pasado el país batió de nuevo el récord de solicitudes de asilo con más de cincuenta mil, según datos de CEAR. Si ampliamos el foco, no es posible mirar hacia otro lado: más de veinte millones de personas en todo el mundo han tenido que dejar sus casas a causa de un conflicto.

Aquí no se trata de sustituir ninguna función relativa a los estados, ni que una serie de ongs, que están haciendo un esfuerzo titánico por llevar adelante estos proyectos, deban echarse el problema a las espaldas. No. Aquí se trata de mantener presente el problema que afecta a estas personas mediante la creatividad y la colaboración. Y si es a través de la tecnología, pues bienvenida sea.

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Fue hace año y medio, en Jordania, donde tuve la oportunidad de asistir a una hackatón de cuatro días donde refugiados, mayoritariamente sirios, buscaban soluciones a los problemas de Zaatari, uno de los campos de refugiados, lamentablemente, más famosos del mundo a causa de la guerra de Siria.

Recuerdo a una de las mentoras, Fátima. Tuvo que huir de Alepo, aprendió a programar en Jordania y ahora se dedica a enseñar a los refugiados sirios, iraquíes, yemeníes como “crear aplicaciones y poder cambiar el mundo”. “Toda nuestra vida depende de la tecnología”, me comentaba en una de las pausas, “si no tienes conexión a Internet significa que no estás conectado al mundo”. La propuesta de su equipo consistió en un complejo sistema de sensores repartidos por las cañerías y conectados a una app, que permitirían identificar rápidamente las pérdidas de agua y repararlas.

La tecnología no es tan fría como parece. Herramientas como el currículum digital o la detección de fugas tendrán consecuencias en la vida de los desplazados. Cuando nos llamaron para albergar la hackaton no lo dudamos ni un instante. Veremos qué tipo de iniciativas surgen. Que ya serán más de lo que hacen gobiernos e instituciones, obcecados como están en mirar hacia otro lado, reforzando fronteras, tratando de contener lo inevitable.

El miedo no hará que los conflictos desaparezcan. Hace falta aplicar toda la inteligencia que tenemos a nuestra disposición para hackear las emociones que subyacen bajo un sistema que no funciona. En esa tarea, espacios como este, jugarán un papel importante. Abrámosles espacio.

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