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Artículo La mujer más poderosa del Hollywood dorado no fue una actriz, fue una periodista Culture

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La mujer más poderosa del Hollywood dorado no fue una actriz, fue una periodista

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La historia de la mujer más temida de Hollywood

Elena Rue Morgue

28 Abril 2017 21:29

Puede que como actriz Hedda Hopper nunca llegase demasiado lejos. Pero esto no le impidió ser una las grandes estrellas de la Época Dorada de Hollywood.

Cuando Hedda vio que como actriz las cosas no le estaban yendo demasiado bien, optó por pasarse al otro lado de la gran pantalla. ¿Cómo directora o guionista? En absoluto. Se convirtió en periodista del corazón. Desde entonces, y hasta el día de su muerte, en 1966, fue la mujer que movió los hilos en la meca del cine americano.

Se dice de ella que en un par de frases podía lanzar al estrellato a un artista o hundirle en la miseria. Con millones de lectores cada mes, Hedda era un ídolo de masas, la mujer más temida de Hollywood.



Hedda Hopper nació como Elda Furry en el año 1890 en Hollidaysburg, Pennsylvania, en una familia de nueve hermanos. Inspirada por la actriz Ethel Barrymore, Hopper se compró su primer sombrero con uno de los primeros sueldos que ganó ayudando a su padre en la carnicería familiar. La atención que atrajo con aquel sombrero "de rafia verde y geranios rojos" en la misa de domingo le hizo darse cuenta de que adoraba ser el centro de atención, por lo que decidió que "jamás volvería a llevar la cabeza desnuda".

Sus padres pertenecían a la "Sociedad Religiosa de los Amigos" (comúnmente conocidos como "quakers" en inglés), una comunidad protestante especialmente fuerte en Pensilvania. Pero ella tenía otros planes.



Hopper, que ya había estudiado canto el instituto, decidió escaparse de casa con la intención de lanzar su carrera en el teatro musical. A sus 18 años se plantó en Broadway, donde trabajó como corista y, en 1913, conoció al que fue su marido (y el hombre de quien sacó su nuevo nombre), DeWolf Hopper, un cómico que, en la vida, interpretaba otro papel: el de mujeriego profesional. Cansada de sus constantes infidelidades, se divorciaron en 1922. Él fue su único marido y el padre de su único hijo.

En 1915, Hedda se mudó finalmente a Hollywood, donde apareció en más de 120 películas mudas y sonoras. Para 1933, sin embargo, los papeles comenzaron a escasear, y Hedda, que no tenía problema en reinventarse, fue contratada en 1935 por Cissy Patterson (una de las primeras mujeres en liderar un periódico) para escribir "una carta desde Hollywood", una columna que se publicaba en trece diarios diferentes y con la que lanzó su carrera como periodista.



Aparecer citado un par de veces en las columnas de Hedda Hoppper significaba que un guionista veía como su sueldo se quintuplicaba. Pero también al contrario, su pluma afilada destruía carreras. Y no solo carreras, también matrimonios o parejas. En los años cuarenta ganaba 200.000 dólares al año con su trabajo. Se construyó una lujosa casa en Hollywood de la que decía que había sido «edificada con el miedo».

Hopper creó una marca de sí misma. Sus enormes sombreros y elegantes vestidos eran su seña inconfundible de identidad. Ella siempre tuvo clara lo importante que era la imagen, e invirtió en ella desde bien joven. Cuando no era más que una actriz del montón, en una época en la que cada uno tenía que llevar el vestuario comprado y planchado desde casa, Hopper decidió gastarse los 5000 dólares que había ahorrado en un vestuario excepcional, y la jugada le salió de lujo: Hedda empezó a conseguir mejores papeles y, según explicó ella misma años más tarde, los productores se referían a ella como "la chica aquella que apareció con todos esos vestidos espectaculares".



Además de un look inolvidable, toda estrella que se precie tiene que tener también su propio némesis, un archienemigo de nivel. En el caso de Hedda este papel en su vida lo ocupó la también periodista del corazón, Louella Parsons. Su enemistad, aunque empezó como una rivalidad entre señoritas, acabó en una batalla inagotable de puñaladas traperas.

A Hedda, que la tacharan de víbora nunca le importó demasiado. En 1944, seis años después de empezar a dedicarse en cuerpo y alma al faranduleo social, ya dijo que sus memorias deberían llamarse "Malice in Woderland" ("malicia" en el país de las Maravillas).



Hedda habló de todo el mundo, y nadie puede negar que se ganó a sus enemigos a pulso. Ejerció desde su columna un papel de policía de la moral. Señaló incansablemente a infieles y homosexuales, y fue una pieza fundamental en la Caza de Brujas del cine norteamericano, señalando a todo comunista como un peligro para la sociedad. Su batalla más encarnizada fue contra el guionista Dalton Trumbo, cuya historia se llevó al cine en Trumbo el año 2015 con Bryan Cranston interpretando al guionista y Helen Mirren a la periodista. Mirren, que la reconoció "como una patriota" dice que "también era una mujer muy poderosa en un momento en el que las mujeres no tenían permitido serlo".

Hopper cabreó a tanta gente que a alguno se le fue la situación de las manos al tenerla delante. Spencer Tracy llegó a golpearla cuando Hedda habló sobre sus escarceos amorosos con Katharine Hepburn y Joan Bennet, Amy March le envió una mofeta por San Valentín. Aunque no todos la odiaron: entre sus amistades había grandes figuras como la de Cary Grant, Frank Marilyn Monroe.




Se podría decir que Hedda Hopper fue una adelantada a su tiempo. Mezclaba la información profesional y la vida personal de los actores (y demás profesionales del gremio) cuando nadie había empezado a hacerlo. Hedda siempre estuvo muy bien informada: lo sabía todo de todos, tanto en el ámbito público, como en el privado. Tal y como dijo Bob Hope, "Sus columnas eran lo primero que mirábamos cada mañana para saber que estaba pasando".

Algunos la ven actualmente como la vieron entonces, una auténtica bruja, otros sin embargo la observan como una protofeminista de su época. Quién sabe, ¿no será es posible acaso que fuese ambas cosas?

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