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Culture

Kids See Ghosts: Kanye West y Kid Cudi espantan sus fantasmas en uno de los discos del año

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Los ataques de ansiedad pueden ser tan buena materia prima para una letra como 9 tiros a quemarropa

víctor parkas

12 Junio 2018 16:43

A mediados de los noventa, Prince solía aparecer en público con la palabra ‘esclavo’ escrita en la cara. “Cuando no dejas soñar a un hombre”, contaba a Rolling Stone en 1996, “ese hombre se convierte en un esclavo; eso es lo que soy yo. La música de Prince no me pertenece”. Prince Rogers Nelson, cuya discográfica no le dejaba publicar con la cadencia que él querría, tenía que sublimar su torrente creativo a través de otras bandas como Morris Day & The Time. Para materializar todas sus ideas, Prince tenía que esconderse, camuflarse en otros, huír de los barrotes que le imponía Warner Bros.

Dos décadas más tarde, Kanye West diría que la esclavitud fue una elección.

Las venganzas se sirven mejor frías y, en muchas ocasiones, el enemigo ni siquiera se sabe degustándolas: Kids See Ghosts, un disco publicado con una semana de diferencia respecto a Ye, es una victoria tardía para el modelo con el que soñaba Prince, dónde el volumen de producción de un artista no tenía que espaciarse por motivos comerciales. West, operando bajo su propio sello G.O.O.D. Music, no sólo ha sorteado la agenda de lanzamientos que le había impuesto una discográfica, sino que, por propia elección, también ha elegido esconderse, camuflarse en otros, huír de sus propios barrotes.

Para hacerlo, ha tenido que palpar los que encierran a Kid Cudi.

Kids See Ghosts se abre con Feel The Love, una canción que parece compuesta para pergeñar una matanza hasta arriba de MDMA. “Todavía puedo sentir el amor”, repite el hook, antes que Pusha T entre pegando una patada en la puerta. “No nos importan otros negros que no seamos nosotros”, abre. “Me encanta follarme a la música trap”, cierra. El ritmo se vuelve marcial, con ráfagas de disparos hechas —ra-ta-ta-ta— a salivazos, como si sus autores, como si Kanye West y Kid Cudi, fueran dos niños jugando con pistolas de plástico atrincherados tras el sofá de sus padres.

“¿Dónde está el coro?”, pregunta Kanye, deteniendo la marcha y haciendo subir el éxtasis, haciéndonos sentir —todavía— el amor de que habla el hook. La canción queda suspendida en una nube anfetamínica, hasta que, con un chillido, vuelve la taquicardia en forma de disparos; esta vez, el fuego parece real. Feel The Love es una advertencia: Kids See Ghosts promete ser y es un divertimento en el que cabe prácticamente todo, dónde las ideas se amontonan unas sobre otras, con la contundencia y solemnidad de una falsa nota de suicidio.

Si Kids See Ghosts despega con paredes manchadas de sangre y un chute de endorfinas, los niños de título —los que hace un rato se disparaban en el salón familiar— se ponen a jugar a indios y vaqueros en Fire. La canción, con destellos de Morricone y Gary Glitter, con cadencia country y espíritu glam, abre un abanico cuyas varillas el álbum no dejará de tensar: Kids See Ghosts roba retazos al jazz de Louis Prima, al grunge unplugged de Kurt Cobain, al discurso de la cantante gospel Shirley Ann Lee. Cuando Freeee (Ghost Town Pt.2) celebra la llegada de álbum a su ecuador, lo hace adentrándose en terrenos casi stoner rock.

Kids See Ghosts quizás no haya inventado el psych-rap —Southernplayalisticadillacmuzik de Outkast ya experimentaba con la lisergia, con una actitud que bebía de fuentes primarias como Funkadelic o Parliament—, pero sí le ha dado un escaparate de medidas poco usuales para un disco con tanto gusto por el experimento y la hibridación. Kids See Ghosts es un inoportuno flashback de LSD que asalta a West y Cudi en medio de un directo de Facebook, con 30 millones de personas mirando y haciendo capturas de pantalla.

Siete cortes y 23 minutos después, ni una divagación. Ni un paso en falso.

Ojalá los paramecios sean el único signo de automedicación: Reborn y Kids See Ghosts nos recuerdan los estragos con la depresión que sus autores, en mayor o menor medida, han venido sufriendo. La primera, funciona como una alta voluntaria, una balada esperanzada bailada en el despacho de Recursos Humanos de G.O.O.D. Music. La segunda, como una nota de voz mandada desde el teléfono del trabajo al particular: la amenaza nunca desaparece, los fantasmas siempre pueden volver a manifestarse, así que, quizás, lo mejor sea aprender a lidiar con ellos.

West y Cudi parecen haber tomado la anhedonia deslavazada de XXXTentacion y el añorado Lil Peep para fabricar con ella, que también es la suya, un artefacto robusto y maduro. Kids See Ghosts hace de su taquicardia, no versos taciturnos, sino beats con bajos que podrían desencadenar maremotos. Si 808 & Heartbreak enseñó a los raperos que no pasaba nada por estar tristes, Kids See Ghosts les dice que los ataques de ansiedad pueden ser tan buena materia prima para una letra como 9 tiros a quemarropa. No es autoayuda: es precisión a la hora de localizar su zeitgeist, que también es el nuestro.

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