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Las últimas palabras de un poeta enfermo que se negó a quedar en el olvido

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Una lectura de 'Flumina', el diario póstumo del poeta Rafael Suárez Plácido

Xaime Martínez

26 Octubre 2016 11:28

Eran principios de junio de 2015 cuando murió inesperadamente el poeta Rafael Suárez Plácido.

En sus blogs, varios escritores y amigos expresaron sus condolencias, y su obituario apareció en algunos medios de comunicación locales, pero poco más.

Rafael Suárez Plácido era un desconocido. Su primer libro de poemas lo publicó a los 43 años en la editorial de la diputación provincial de Huelva. Y su segundo libro, Simulacro, apareció en La Isla de Siltolá, despertando ya cierta sorpresa y admiración entre los lectores de poesía a nivel nacional.

Pero un fulminante cáncer de hígado clausuró en pocos meses la progresión prometedora de un escritor que parecía haberles dejado algo de ventaja a los demás miembros de su generación.

Ahora, la misma editorial de su segundo libro publica Flumina (la mentira y la poesía), un diario póstumo y poco convencional en el que el poeta se adentra en los abismos de la enfermedad, de la desolación y de la poesía.

El libro procede, según cuenta José Luis Piquero en su prólogo, del manuscrito que Suárez Plácido le envió pocos meses antes de morir. En él se reunían algunos textos de su blog, que dan forma a un conjunto extraño, a la vez emocionante y desesperanzador.

Flumina está a medio camino entre el diario íntimo y el cuaderno de lecturas, tal vez porque en la mente del autor de Simulacro la literatura y la vida también se confundían. La literatura es para él una forma de vivir (y de morir). Por eso nos dice tras su primera y brutal experiencia en el hospital:  

"¿Por qué he vuelto? Aún no lo sé. Espero ir descubriéndolo. Y si me quedan fuerzas escribiré sobre ello".

El libro aparece cruzado por varias obsesiones que dan cuenta del mundo del poeta: la poesía y las posibilidades de enunciar una verdad en ella, la enfermedad, la cultura japonesa, el amor y los lugares perdidos...

La forma de Flumina es y no es la de un diario. Suárez Plácido pasa de la reflexión sobre su propia vida a la glosa, y del aforismo a la reseña más o menos convencional. En algunos momentos, de hecho, se dirige a un tú inconcreto, vaporoso, que a ratos parece una amante muerta o desaparecida, y en otros una desconocida que se encuentra por la calle.

Esta mujer a la que escribe Rafael Suárez Plácido guarda, según parece, alguna relación con Japón, lo que da lugar a que el poeta escriba algunas de las mejores páginas de Fluminia sobre su relación con el país nipón, con su literatura y especialmente con la historia del escritor Osamu Dazai:

"Al poco de llegar a Tokio, [Dazai] aún muy joven, tiene una experiencia devastadora. Conoce a una joven camarera y ambos deciden poner fin a sus vidas, arrojándose al mar en la zona de Kamakura [...]. Cuando lo hacen, ella fallece pero él es salvado por unos pescadores. No sé si pueden alcanzar a imaginarse lo que esto significa. [Todos sus libros] son un intento de explicar por qué sigue vivo, un intento que ni a él mismo parece que llega a convencerle".

El novelista japonés, que finalmente logró suicidarse con otra amante a la edad de 39 años, tiene una presencia constante en el libro, hasta el punto de que Suárez Plácido pregunta: "¿Quién soy en esta historia? ¿Soy Tanabe Shimeko o soy Osamu Dazai?".

Quizá uno de los mayores aciertos del libro sea su estructura, que es como una corriente indefinida. No es un libro de aforismos, pero tampoco es una nouvelle. Los párrafos son independientes, pero siempre mantienen cierta conexión entre sí.

Me cuesta respirar cuando toso y toso casi siempre [...]. Si respiro, me duele


Esta estructura vaga representa muy bien la compleja relación que el poeta guarda con la literatura y con la vida. Para él, medicina y arte son lo mismo, pero no es capaz de comprender si son o no algo bueno.

"Odio el Sumial. Sé que me da la vida, pero lo odio. Probablemente incluso sea por eso. Son apenas las doce. Es la hora de la insulina lenta. Y estoy escribiendo unas líneas que mañana leeré. Ojalá no tuviera que hacerlo.

Ni escribirlas, ni leerlas".

En Flumina, Rafael Suárez Plácido se mira en un espejo cambiante y raro. Pero parece que alguien le devuelve la mirada.

"Voy a tener que salir de aquí. Estoy cansado y la música no me gusta. Hace años que repito una canción que no existe. Nadie más lo sabe porque nadie me escucha. Busco algo en lo que apoyarme, algo en lo que creer. Pero no creo en nada ni en nadie. Ya no siento a nadie. El temor. El agua. Perros que ladran a la luna y me asustan. No todo estaba tan mal. Siempre se me dieron mal las alturas, los espacios vacíos, pero ya no es sólo eso, ahora también es el agua. Me cuesta respirar cuando toso y toso casi siempre: si me muevo, si como algo, si cambio de postura. Si respiro, me duele".

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