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Artículo 'Wonder Wheel', la venganza de Woody Allen contra Mia Farrow Culture

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'Wonder Wheel', la venganza de Woody Allen contra Mia Farrow

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'Wonder Wheel' es tan clasista y misógina que parece rodada con mentalidad años 50

víctor parkas

22 Diciembre 2017 06:00

“Las pelis de Woody Allen son como los partidos del Barça”, me dice Àlex Santaló, “duran hora y media, tienen un par de jugadas buenas, y para casa”. Me encuentro al ilustrador por sorpresa en el pase de Wonder Wheel, la última de Woody Allen. Estas cuatro últimas palabras ya no es que definan un género cinematográfico propio –western, comedia, musical, la última de Woody Allen–, sino que apelan, bueno, a otra cosa.

Por ejemplo, sí, a un partido del Barça. A una misa del gallo. A una corrida de toros.

“Qué bien planifica el cabrón”, dice, desde la fila de atrás, un espectador veterano. La entonación es la que se usaría en un palco de Las Ventas: qué arte y qué gracejo tiene, el diestro Allen. Los pañuelos al viento ondean durante toda la película: a lo largo de su proyección, oigo varias veces “ella está extraordinaria”, piropo dedicado a Kate Winslet. “Se va a llevar el Oscar”, premonizan otros desde la oscuridad.

Sí: a Wonder Wheel se viene fidelizado de casa, porque fidelizado es la única forma de disfrutar Wonder Wheel.

La película, ambientada en los 50, nos cuenta la historia de Ginny (Kate Winslet) una abnegada camarera que vive en la zona recreativa de Coney Island con su hijo y su marido Humpty (Jim Belushi). Cuando Ginny conoce a Mickey (Justin Timberlake), un socorrista con aspiraciones de escritor, iniciarán un apasionado romance. La entrada en escena de Carolina (Juno Temple) pondrá el affaire de Ginny, literalmente, en peligro: la joven, hija de Humpty, llega a Coney Island huyendo de su exmarido mafioso.

Con la 'wonder wheel', la noria que da nombre al título, Woody Allen pretende hacer una metáfora de la rutina en la que se ha instalado la vida de Ginny: el mundo no deja de girar, pero siempre para dejarla en una posición exactamente idéntica a la del día anterior; al del siguiente. La alegoría también es homologable, aunque quizás de forma menos intencionada, a la carrera de un Woody Allen que ya solo parece ser capaz de citarse a sí mismo.

Las referencias a su propio cine, en Wonder Wheel, van de los guiños a Días de Radio –en ésta, como en aquélla, hay un hogar familiar sito en un parque de atracciones–, hasta la recuperación de recursos formales explotados en Annie Hall. En concreto, Allen toma de su cinta más famosa el gusto por poner a un alter ego suyo haciendo de narrador; hablando, directamente, a cámara. Si en Annie Hall era él mismo quién interpretaba ese papel, en Wonder Wheel es Justin Timberlake el encargado de funcionar, con más o menos ingenuidad, como trasunto del director.

"Wonder Wheel es una película con la que Allen intenta blanquear sus pecados afectivos"

Porque, veréis: además de ser intelectual y sensible; además de querer escribir la gran novela americana, Mickey se lo quiere follar todo. A cualquier precio. Se quiere follar a Ginny, pero también quiere follarse a Carolina, su hijastra. Practicar la endogamia a un nivel político, como la practicó Allen al abandonar a su mujer, Mia Farrow, por Soon-Yi, la hija adoptiva de ésta, 35 años menor que ella.

¿Desde cuándo han sido los triángulos amorosos bizarros una mala carta dramática para un film? Desde nunca: La Seducción, estrenada este mismo año, jugaba con brío justamente en ese terreno. El problema de Wonder Wheel es, en este caso, cómo ridiculiza sólo a una de las puntas del triángulo: en éste caso, es el personaje de Kate Winslet el que se muestra como desequilibrado, mezquino y maquiavélico. Y, si Mickey es Allen, ¿quién es Ginny si no Mia Farrow?

Wonder Wheel es, de alguna forma, una película con la que Allen intenta blanquear sus pecados afectivos.

El machismo es como el alcoholismo: podemos brindar tranquilos, porque siempre son otros los que lo sufren. Mickey, sosias del director, se exime de esa lacra, porque, Jesús, ¿cómo va a ser machista Woody Allen? Machista es Humpty, el marido de Ginny, que no recoge la mesa después de cenar. Humpty, el cromañón que compra el regalo de aniversario de su mujer a un vagabundo, por tres mísero dólares. Un avaro que se niega a pagar la terapia de su hijastro, un niñato cabrón con tendencias pirómanas.

Humpty, que no quiere escribir ningún libro y, por supuesto, es de clase obrera.

"El machismo es como el alcoholismo: podemos brindar tranquilos, porque siempre son otros los que lo sufren"

El elitismo con el que Allen dibuja al personaje de Belushi es infantiloide; incluso lo emplea como encargado de un tiovivo, remarcando de nuevo cómo, a su lado, Ginny está condenada a pivotar sobre sí misma, sin fin alguno que la motive. Aun así, el actor de Curly Sue sale del envite: la actuación de Belushi es lo suficientemente poderosa y poliédrica como para defender –y eso sí merece un Oscar– las vergonzantes y clasistas líneas de Allen.

¿Qué hay del resto del casting? Sus actuaciones, incluso la de Winslet, están tan over the top que no podrías bajarlos ni pértiga mediante. Wonder Wheel es una tragedia griega, pero más en su forma que en su fondo: las actuaciones son tan físicas y excesivas, tan teatrales, que irritan. Los actores parecen abandonados a su suerte, como si nadie los hubiese guiado y dirigido.

Y quizás, por puro hastío, nadie lo haya hecho.

Como una versión pocha de Adventureland, el estreno de Wonder Wheel llega en medio del terremoto #MeToo, unas sacudidas que llegaron lo suficientemente tarde como para que Woody Allen se librara, por cuestión de meses, de ser impugnado públicamente: Dylan Farrow, hija de Mia, escribía a principios de este año una columna en New York Times relatando como Allen abusó de ella cuando solo tenía siete años, confirmando los rumores que venían fraguándose desde 2014.

Ronan Farrow, su hermano, sería el periodista que, meses más tarde, desenmascararía a Harvey Weinstein, padrino de Woody Allen en el tránsito de los noventa a los dosmiles.

"Si Woody Allen es Dios, estamos ante el Dios del Antiguo Testamento: vetusto, reaccionario, vengativo"

La pregunta no es si esos dos detalles –detalles– deberían sugestionar nuestro visionado de Wonder Wheel, sino cómo alguien, conociéndolos, podría ser capaz de obviarlos. Cómo puede alguien procesar a esa Kate Winslet errática, pasivo-agresiva, cuchillo en mano, sin que el “la está usando como peón para vengarse de mí” (frase con la que Allen acusaba a Mia de manipular a Dylan para difamarlo) resuene como el cañón de una escopeta de feria.

“Dios existe”, se oye a mis espaldas, de nuevo, cuando las luces se encienden. Si eso es cierto, y en esa certeza es Woody Allen el que actúa como deidad, estamos ante el Dios del Antiguo Testamento: vetusto, reaccionario, vengativo. Si Wonder Wheel tuviera parodia erótica, ésta entraría, por su martirio a Mia Farrow, en la categoría de revenge porn. Si la tuviera su siguiente proyecto, en el que Jude Law se acuesta con una menor de 15 años, imaginaos.

“Dios existe”, se oye a mis espaldas, cuando las luces se encienden. “Si Dios existiese realmente”, resuena en mi cabeza Bakunin, “habría que hacerlo desaparecer”.

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