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Todo lo que Grindr tiene que aprender de sí mismo

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La culpa del racismo o la plumofobia no solo es de Grindr. El problema es cómo hemos llegado a tolerar expresiones como "negros no" o "gordos no".

Rubén Serrano

20 Septiembre 2018 14:12

“Negros no”, “asiáticos no”, “locazas no”, “gente limpia” o “gordos no”. Estas son algunas de las expresiones más recurrentes que encontramos por Grindr, la famosa aplicación gay para ligar, si hacemos un simple barrido de perfiles. Para ponerle fin a estas actitudes, la app ha iniciado la campaña #KindrGrindr ("un Grindr más amable" en castellano) para combatir la discriminación que campa a sus anchas y que fomenta odio dentro de la comunidad gay.

Para ello han preparado cinco vídeos que discuten el racismo, la plumofobia, la transfobia, el body shaming y el estigma contra el VIH que circula por Grindr. De momento tan solo está disponible el que trata la cuestión de la etnia y, francamente, su visionado debería ser obligatorio.

Además, para acompañar estos clips han cambiado (por fin) sus directrices en las que afirman que no tolerarán la discriminación, el acoso y a usuarios que difundan prejuicios y se compromete a que “cualquier violación de estas pautas pueda terminar en la prohibición permanente en Grindr”.

El "mascxmasc" no desaparecerá

Sin embargo, este giro tan necesario genera algunas dudas. Entonces, ¿qué sucede con esos perfiles con mensajes contra la población asiática, negra o por tener pluma? Que tienen los días contados. “Eliminaremos declaraciones discriminatorias que se muestren en los perfiles”, apuntan. En términos prácticos esto significa que el "mascxmasc" se seguirá leyendo, pero “pluma no” o “no me van chinos” desparecerá. Lo mismo sucederá con los perfiles que anuncien prostitución, masajes y drogas, que estarán “prohibidos”.

Sin embargo, ponerse a bloquear todos los perfiles tóxicos puede ser un arma de doble filo, ya que en lugar de crear conciencia en los usuarios pueden generan una actitud defensiva y beligerante que reafirme sus posiciones. Hace falta un cambio social y cultural que debe alejarse del aleccionamiento y acercarse más a la empatía con el otro.

Además, hay algunas contradicciones en su planteamiento. Grindr quiere terminar con el racismo, la plumofobia y la gordofobia pero, sin embargo, el reclamo de sus anuncios siguen siendo hombres blancos musculosos vendiendo masculinidad. Ni rastro de personas trans, ni hindús o africanas, con barriga, delgados o personas trans. Además, sus búsquedas permiten filtrar chicos por raza, tipo de cuerpo y por si tienen o no VIH, lo que fomenta el fetiche sexual y la discriminación que quieren erradicar.

Justificarlo con "son mis gustos" es un trampa

Cómo hemos normalizado este lenguaje radical y opresor es el gran problema. Justificar que son gustos tiene trampa, ya que las preferencias no tienen que ser una excusa para ofender ni meterse con alguien.

Tal y como apuntan los testimonios del vídeo, la frase “negros no, gordos no” significa que rechazamos tener sexo con ellos, pero también -y esto es lo preocupante- que ni siquiera queremos que nos hablen por mensaje directo ni verlos en la pantalla. Esa es la pequeña línea que separa el gusto de la ofensa: cuando queremos evitar el contacto con alguien porque pensamos que es inferior que nosotros y merece un desprecio evidente. “¿Qué pasa cuando los veas en el trabajo o la calle? Probablemente tampoco los tratarás igual”, afirma un chico negro en el clip. Estos comportamiento no son solo cosas que pasan en Grindr, son cosas que están en nuestra conciencia y que perpetuamos día a día.

Aunque llegue con mucho retraso, hay que aplaudir el paso que ha dado Grindr. Revisar nuestras actitudes es una algo que tenemos que hacer, ya no solo para querernos y entendernos más como comunidad, sino como seres humanos. Como dice Grindr, “puedes expresar tus preferencias, pero preferimos escuchar lo que te gusta, en lugar de lo que no. Misma app, nuevas reglas”.

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