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Artículo Lo que la película sobre el rodaje de “Clerks” nos dice del cine indie actual Culture

Culture

Lo que la película sobre el rodaje de “Clerks” nos dice del cine indie actual

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‘Shooting Clerks’ es cine independiente hablando sobre cine independiente

víctor parkas

18 Noviembre 2016 18:54

Año 1993: Kevin Smith, natural de Nueva Jersey, vende su colección de cómics para rodar Clerks; gastará un total de 27.575 $ durante el rodaje.

Año 2016: Cristopher Downie, natural de Edimburgo, lanza un crowfunding para financiar Shooting Clerks; pedirá 27,575 libras a sus mecenas.

¿Chavales escoceses imaginando cómo fue el rodaje de la cult-movie Clerks dos décadas después de su estreno? Como suena.

Aunque la película todavía esté en plena ruta de festivales, es fácil imaginar la factura e intenciones de la misma: Emo Kev y Get Greedo, los cortos primerizos de Downie, también estaban protagonizados por trasuntos de Kevin Smith y su inhóspito entourage.

A la espera de su estreno, y teniendo presente que Smith ha apadrinado el proyecto -tanto él como los actores de Clerks participan en la nueva película- la mera existencia de un producto como Shooting Clerks evidencia un cambio de paradigma ya no sólo en el seno del cine indie, sino también en la modulación de lo mítico.

Para empezar, la experiencia que está viviendo Downie al codearse con sus ídolos recuerda a la del propio Smith: en Mallrats, Stan Lee le regaló un cameo; en Jay y Bob el Silencioso Contraatacan, Mark Hamill, el Luke de Star Wars, se ponía a sus órdenes. Incluso con una filmografía de los más irregular, Kevin Smith ha conseguido convertirse en el ídolo de otros.

Si antes para recibir ofrendas tenías que crear mundos enteros (Stan Lee) o, en su defecto, explorarlos (Mark Hamill), en 2016, haber firmado un trabajo notable del indie 90’s es suficiente para que te dediquen altares (Kevin Smith). Un microcosmos en el que aún existen cintas VHS (Clerks) es igual de atractivo que otro en el que los duelos se disputan con sable láser (Star Wars).

Quizás parte de la fascinación de Downie (y la de otros aspirantes a director) por Clerks tenga que ver con su diseño de producción precario: si este cabrón pudo hacerlo, ¿cómo no voy a poder yo? Este sentimiento lo reforzarían otros títulos low cost contemporáneos a Clerks, como El Mariachi (Robert Rodriguez) y sus 7.000 $ de presupuesto.

El hecho de haber surgido de la llamada ‘generación del videoclub’ no es lo único que emparentaba a Clerks con El Mariachi: las dos nacen de la urgencia y la necesidad de sus autores por expresarse y convertir experiencias personales en cine; nadie gasta sus ahorros en contar la historia de otros. Shooting Clerks, 20 años después, parece desobedecer esta máxima.

La pregunta que cabe hacerse no es si Kevin Smith es capaz de ejercer tan solo una influencia estética en sus discípulos -ajustarse a 27,575 libras de presupuesto y a una fotografía en blanco y negro siempre será más fácil que tener algo personal que contar. La pregunta que realmente cabe hacerse es: en 2016, ¿vendería Smith sus cómics para rodar algo como Clerks?

Con un podcast de periodicidad semanal y un Instagram actualizado, como mínimo, cada dos días, las necesidades de Smith por confesarse con su público parecen más que cubiertas. Quizás por eso mismo sus últimos trabajos -Red State, Tusk, Yoga Hosers- se enmarquen en el género del terror y la ciencia ficción; Shooting Clerks, a su manera, también lo hace: que existan videoclubs no deja de ser otra forma de ciencia ficción.

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