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Artículo Trapero y la desobediencia accidental: los Mossos seducen a la sociedad con un icono inesperado Culture

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Trapero y la desobediencia accidental: los Mossos seducen a la sociedad con un icono inesperado

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Josep Lluís Trapero, jefe de los Mossos de Esquadra, se ha convertido en la imagen de serenidad y entereza que Barcelona necesitaba tras los atentados

víctor parkas

22 Agosto 2017 15:31

Arte PG

Hacía cinco días que había pasado. Eso. Lo de las Ramblas. Las ruedas chirriando en una zona peatonal y el horror pegado al parabrisas. El cambio de marchas se puso en punto muerto y, de inmediato, el terror desembocaba en caos: las televisiones tiraban de anónimos de WhatsApp para emitir noticias que más tarde mutaban en desmentidos; las portadas y editoriales de los medios generalistas avergonzaban a su plantilla de redactores; desde el Gobierno Central, desde la Jefatura del Estado, se trazaban movimientos con vistas a obtener rédito político.

Entramos al hospital; pon tu mejor sonrisa.

Hacía cinco días que había pasado eso y, pese a haberse disipado el terror y restablecido nuestro ritmo cardiaco, el caos persistía. “Sangre para los coquetos”. “Frenar a la CUP”. “Nosotros seguimos con la hoja de ruta”. La abominación, compartida por sus detractores; los Sleaford Mods lo dijeron mejor que nadie: “All you zombies tweet, tweet, tweet”. Cinco días de eso, y ahora solo estridencia, pie en el cuello, islamofobia, misas cargadas de odio; sobraban tontos y sobraban nazis. 120 horas de tensión perpetua, sin descanso.

Y, de pronto, la risa; el alivio cómico en seis palabras. “Bueno, pues molt bé, pues adiós”. Así contestaba Josep Lluís Trapero, major de los Mossos d'Esquadra, cuando un periodista decidía abandonar una de sus ruedas de prensa porque el jefe de la policía catalana estaba contestando en catalán a una pregunta formulada en catalán que inmediatamente después iba a ser traducida al español. Trapero, que podría haber contestado de muchas otras formas –“El tiempo es un concepto que solo existe en la mente del hombre; solo por hoy, sé un tulipán”–, optó por lo prosaico. “Bueno, pues molt bé, pues adiós”. Risas enlatadas en medio del caos. Una frase llamada a convertirse, como así ha sido, en trendic topic.

Su autor, en icono pop.

Tras el infame atentado de Barcelona, los Mossos d'Esquadra, la policía autonómica catalana encargada de gestionar la crisis y, a la vez, dar caza a los terroristas huidos, se ha visto obligada no solo a velar por mantener el orden en las calles, sino a hacerlo también en Internet: desde su cuenta de Twitter, además de informar de cada avance en su procedimiento, los oficiales se vieron en la obligación de desmentir bulos, instar a la gente a compartir únicamente información contrastada, y dirigirse a su audiencia en castellano, inglés y francés.

En un solo día, el Twitter de los Mossos doblaba sus seguidores. Una semana después, prácticamente los ha triplicado. ¿Gestión brillante de redes? Más bien falta de comparecencia desde los medios en lo que a fuentes fiables se refiere. Viendo sus editoriales y columnas de opinión, ¿cómo podía el ciudadano dar crédito a cualquier noticia publicada en El País o en El Mundo? ¿Cómo podías estar seguro de que no te iba a salpicar sangre en las pestañas al abrir un enlace de El Español? Si la persona encargada de cifrar lo acontecido en una rueda de prensa posterior a un atentado abandona ésta por pura soberbia, ¿qué tipo de relato es el que va trasladar luego a sus lectores?

En medio de ese caos mediático, los Mossos, los mismos que le reventaron el ojo a Ester, hicieron que Patricia se suicidase y mataron a Juan Andrés, se convirtieron, de pronto, en los únicos de los que fiarse. Su imagen, asociada a los desahucios y a la represión de activistas de izquierdas, mutaba, RT y FAV mediante, en ésta otra.

Josep Lluís Trapero, que se llama 'Josep Lluís' aquí y en la China Continental, ha terminado siendo la cara pública de toda esa gestión; una gestión que ha hecho deshacerse en elogios incluso a la CUP –los anticapitalistas pidieron que fueran Mossos y sociedad civil los que encabezasen la manifestación de este fin de semana, en lugar del monarca español. Si desde redes los Mossos suplieron el papel informativo del que los medios habían desertado, Trapero, también por falta de comparecencia desde el ámbito político, tuvo que hacer las veces de figura carismática; darnos frases a las que poner música de John Williams. “Jamás se me ocurriría decir que un inmigrante es una amenaza”.

En un contexto mediático y político histriónico, Major Trapero ha conseguido ganar adeptos, precisamente, al proyectar todo lo contrario: hombreras caídas; serenidad de monasterio cisterciense; no-épica. Métrica haiku: “Antes de informar, tenemos que tener algo de lo que informar”. Sin pasión y sin compasión; más cerca de House que de Harry el Sucio; entereza de presidente de escalera. Barcelona, sin olvidar los porrazos del 15-M, del desalojo de Can Vies, los del Banc Expropiat, encontraba en el jefe de policía catalán algo inédito entre la furiosa bilis de los últimos días: una sábana de cerveza sin alcohol, rebajada con limonada.

Ayer, antes siquiera de que los Mossos abatiesen a Younes Abouyaaqoub, con la ciudad todavía arañando las orejas de su sillón hasta sacarle el forro, antes siquiera del luto que precede al fin de una pesadilla, Major Trapero, de forma involuntaria, nos hizo reír. Si la comedia es tragedia más tiempo, el “bueno, pues molt bé, pues adiós” supuso una anomalía dentro del proceso convencional de duelo en el que la sociedad estaba inmersa. Un acto de desobediencia accidental.

Así, esta última semana, los Mossos no solo se han visto convertidos en medio de comunicación y voz empática para la ciudadanía si no, de nuevo por falta de comparecencia –por viñetas putrefactas firmadas por el senil Peridis–, también en los únicos capaces, aunque sea de forma colateral y en reacción a actitudes intransigentes, de aliviarnos humor mediante.

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