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Artículo La entrevista en la que Leonard Cohen intuyó su propia muerte Culture

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La entrevista en la que Leonard Cohen intuyó su propia muerte

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Hace poco más de un mes el poeta y cantautor se sinceró con David Remnick en una entrevista para The New Yorker que ya olía a despedida. Seleccionamos algunos momentos de esa charla premonitoria

Andrea Bescós

11 Noviembre 2016 14:01

El mes pasado, Leonard Cohen cumplía 82 años y lanzaba su 54º disco, You Want It Darker. "Estoy preparado, mi Señor", decía uno de los versos de su single homónimo. Hoy, el cantautor y poeta canadiense ha muerto dejando un epílogo musical que ya tenía un claro aroma de despedida.

Las interpretaciones de este último trabajo cobraron más fuerza en la última entrevista que concedió al The New Yorker el pasado mes de octubre. En una conversación con David Remnick en su casa de Los Angeles, Leonard Cohen habló de su carrera, de las influencias espirituales y, sobre todo, de la preparación para su final.

Aquí os dejamos con algunos de los extractos de la entrevista:

«No tengo ni idea de lo que estoy haciendo. Es difícil de describir. A medida que me acerco al final de mi vida, aún tengo menos interés en examinar lo que han llegado a ser las evaluaciones u opiniones superficiales acerca de la importancia de mi vida o mi trabajo. Nunca lo tuve cuando estaba sano, y ahora estoy menos dispuesto a hacerlo».

[En un correo electrónico remitido a su musa y amiga Marianne Ihlen el pasado mes de julio, justo antes del fallecimiento de ella]: «Bueno Marianne, ahora que hemos llegado a este momento en el que estamos realmente tan viejos y nuestros cuerpos se caen a pedazos, creo que voy a seguirte muy pronto. Sé que estoy tan cerca de ti que si extiendes tu mano, creo que puedes alcanzar la mía. Sabes que siempre te he amado por tu belleza y tu sabiduría, pero no es necesario decir nada más sobre eso porque sabes todo acerca de esto. Pero ahora, sólo quiero desearte un buen viaje. Adiós, vieja amiga. Amor sin fin, nos vemos en el camino».

«En cierto sentido, esta situación particular está llena de muchas menos distracciones que en otros momentos de mi vida. En realidad, esto me permite trabajar con un poco más de concentración y continuidad que cuando tenía que ganarme la vida, siendo marido y padre. Esas distracciones están radicalmente disminuidas en este punto. Lo único que mitiga la plena producción es el estado de mi cuerpo».

«Todo el mundo sabe que todo tiene que terminar en algún momento ?me dijo Sharon Robinson?. Así que, cuando nos despedimos, ya lo tenía en el pensamiento. Esto es todo».

«Nunca he vendido lo suficiente como para poder relajarme con el dinero. Tengo dos hijos y a una madre de esos hijos a los que tengo que apoyar (financieramente) además de costear mi propia vida. Nunca terminaba nada. Pero ahora, el elemento del tiempo, que es poderoso, me incentiva a acabar las cosas. No sé cuántos trabajos podré llegar a terminar, porque en esta etapa en particular experimento una profunda fatiga... Hay veces que simplemente tengo que acostarme. No puedo tocar más».

«El gran cambio es la proximidad a la muerte. Soy un hombre ordenado. Me gusta para atar los cabos, si puedo. Si no puedo, también está bien. Pero mi impulso natural es terminar las cosas que he comenzado».

«No creo que pueda terminar esas canciones. Tal vez. ¿Quién sabe? Y tal vez consiga un segundo viento, no lo sé. Pero no me atrevo a unirme a una estrategia espiritual. No me atrevo a hacer eso. Tengo trabajo que hacer».

«Estoy listo para morir. Espero que no sea demasiado doloroso. Eso es todo para mí».

«He lidiado con la depresión desde mi adolescencia. Algunos períodos fueron debilitantes, encontraba difícil levantarme del sofá. En otros periodos, estaba plenamente operativo pero el ruido de fondo de la angustia aún prevalecía».

«Escuchas esta otra realidad cantándote todo el tiempo, y la mayoría del tiempo no sabes descifrarlo. Incluso cuando tenía salud, era consciente del proceso. En esta etapa del juego, oigo decir: 'Leonard, ponte con las cosas que tengas que hacer'. Ahora más que en cualquier época de mi vida, ya no oigo la voz que dice: 'estás jodido'. Y eso es una tremenda bendición. De verdad».


Espero que no sea demasiado doloroso. Eso es todo por mí



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