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Culture

Ajuar: hacia la huelga feminista a ritmo de jota antipatriarcal

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Hablamos con Ajuar, un grupo de 'jotas antipatriarcales' que han compuesto el himno definitivo para llamar a la huelga del 8 de marzo

víctor parkas

07 Marzo 2018 14:58

Trajes regionales y deportivas. Panderetas y morteros. Tradición y/o barbarie. Sin rodeos: Ana y María son Ajuar, y hacen jotas antipatriarcales. Tras lanzar el pasado año la estimulante maqueta Cancionero, Ajuar han vuelto a la carga este año con Jota de la Huelga, una tonada que llama a la movilización para el próximo 8 de marzo.

Tomando jotas populares y moldeando sus letras desde una perspectiva feminista, Ajuar no están sino siguiendo una larga tradición. “Toda jota es una versión de otra ya existente”, me dirán dentro de un rato. Y es que, probablemente, el proyecto de Ana y María no sea tanto una ruptura con el canon como una forma de preservarlo.

A toda costa, y pese a quién le pese.

¿Cómo nace el tema Jota de la Huelga?

María: Es una versión de Jota del Aire, canción típica de algunos pueblos de Toledo y Madrid. Desde que la descubrimos, no podíamos quitarnos la melodía de la cabeza. Si a eso le sumas todo el ruido que se está generando de cara la huelga del jueves, puedes entender cómo surgió un tema así. Ajuar somo Ana y yo, pero en el vídeo de la canción también aparecen nuestras amigas Conxita Herrero, Andrea Galaxina y Marta Sesé.

Ana: Con Jota de la Huelga hicimos lo mismo que con el resto de nuestras canciones: coger esas jotas que hemos oído toda la vida y cambiarles la letra. Les quitamos aquello que no nos gusta, para incluir cosas que sí; cosas con las que nos identificamos más.

Entonces, ¿podríamos decir que Ajuar es un grupo de versiones?

María: Realmente, no hay una versión definida de una jota. Toda jota es una versión de otra ya existente: se mantiene la melodía, pero las letras van variando según dónde se cante, y según quién la cante. Cuando una jota pasaba de un pueblo a otro, de repente, alguien podía añadir una nueva estrofa.

Ana: María es de Extremadura, yo de León, y cuando empezamos a compartir canciones de nuestros lugares de origen, vimos que muchas de ellas se parecían entre sí.

María: Más allá de los prejuicios que asociamos con la música tradicional, a nosotras dos las jotas nos evocaban recuerdos familiares, de nuestra vida, de nuestra infancia. Yo dejé mi pueblo con 9 años, y Ajuar es una manera de reencontrarme con él. Es como tener parte de nuestros orígenes aquí, en Madrid, con nosotras.

Definís vuestras jotas como 'antipatriarcales', pero, ¿es un substrato que el proyecto tuviera desde su inicio? Es decir: ¿Hubo una fase de Ajuar dónde vuestras jotas fuesen ortodoxas?

Ana: No, el proyecto ya nace con la intención de hacer jotas antipatriarcales. Nosotras veíamos canciones que nos gustaban pero, a poco que las analizases, enseguida te dabas cuenta de que las letras eran horrorosas. Lo que hicimos fue empezar a cambiar las partes que no nos gustaban, o tomarlas de inspiración para darles la vuelta. En El Baile, dónde hablamos de la cultura de la violación, la jota original dice “que te pinte mal, que te pinte bien, tú me lo has de dar, querida Isabel”. Nosotras lo hemos cambiado por “no me callaré, me defenderé, que te pinte mal, que te pinte bien”.

María: Hay muchas canciones que teníamos interiorizadas, pero que cuando te paras a pensarlo es como: “¿Esto decía? Jo, qué mierda. Con lo bonita que es esta canción; así no podemos cantarla”.

Y, a la hora de hacer directos, ¿por qué circuitos os movéis?

María: Hemos tocado en escuelas de música, en un bar de León, en eventos feministas... Ahora estamos preparando un taller con gente mayor que se llamará Enfilando, y que está inspirado en las reuniones de los pueblos dónde las mujeres se juntaban para tejer y contarse historias. Es algo que nos gusta recuperar, y una oportunidad para que mujeres de varias generaciones nos reunamos y hablemos; de que construyamos algo en común.

Ana: Sí. De hecho, aunque cambiemos parte de las letras originales de las jotas, también nos interesa mantener ciertas imágenes y ciertos recursos; detalles de cómo era la vida antes, en los pueblos, como cuando apelamos al ir a buscar agua a la fuente. Son realidades que hoy en día ya no existen, pero que queremos conservar. Es como si, de algún modo, nuestras abuelas se expresaran a través de nosotras y de nuestra música.

Ajuar

Volviendo a Jota de la Huelga, ¿qué sensación tenéis con todo lo que se está preparando para este 8 de marzo? Comparada con otras huelgas generales, ésta parece estar adquiriendo un tono festivo y entusiasta ya desde los días previos.

María: Tono festivo... ¿Sí?

Bueno, vosotras le habéis dedicado una jota a la efeméride. Eso ya me parece particular.

Ana: Sí es cierto que se están preparando acciones divertidas que rara vez verías en otro tipo de huelga, como la iniciativa que propone vestir con delantales y escobas todas aquellas estatuas de señores que nos vayamos encontrando durante las distintas marchas.

María: A mí me parece más significativo que se estén organizando puntos de cuidados. Eso sí que es impensable en otras huelgas; porque, en otras huelgas, esos cuidados los hacen las mujeres que se quedan en casa, mientras sus parejas están manifestándose. El 8 de marzo del pasado año, en la manifestación, me daba la sensación de estar rodeada de señores. Me pasé toda la tarde intentando localizar el bloque no mixto.

Ana: Ver a un tío de CCOO con un megáfono gritando 'que viva la lucha de la mujer obrera' es un chiste en sí mismo, claro.

María: Lo que tienen que entender los hombres es que pueden hacer un montón de cosas para apoyar el feminismo. A mí me da igual que tú vengas a la mani; me podrías ayudar de tantísimas otras maneras... Me parece bien que los hombres se sumen a nuestra reivindicación, pero no para ponerse la chapa; que se coloquen atrás, que nos apoyen, y que nos dejan hacer a nosotras.

Mencionaba antes María el bloque no mixto; el espacio de la manifestación solo para mujeres. Vosotras, como impulsoras de un proyecto musical, ¿sois defensoras de los espacios no mixtos en propuestas culturales como conciertos y otros entornos de ocio?

Ana: Yo sí los creo necesarios. Los sectores que los rechazan, si no supieran que esos espacios son no mixtos, no tendrían ningún interés en acudir. Son espacios para que las mujeres, o ciertas minorías, puedan socializar en un entorno seguro. No son reuniones relevantes para aquéllos que se quejan de que no les dejan entrar. La gente no está allí para explicarte aquello que tú no te has molestado en aprender.

María: Algunos hombres están incómodos con los espacios no mixtos porque, desde su posición de privilegio, son incapaces de entender que no se les de acceso a un sitio. En los espacios no mixtos es donde suceden cosas. En el Lady Fest del año pasado, por ejemplo, yo tocaba para un público no mixto con Wanda y la Mujer Pantera, un grupo de punk feminista. Al acabar el concierto, una amiga se me acercó y me dijo: “Tía, nunca antes me había sentido mi cuerpo tan libre; nunca había sentido que podía moverme como me diera la gana”.

Y eso que la escena punk la presuponemos como un entorno afín al feminismo.

María: Claro, pero, ¿qué pasa en un concierto punk? Que tienes a un montón de tíos dándose hostias en primera fila. En cambio, en aquel concierto de Wanda y la Mujer Pantera, las chicas podían bailar y moverse en un entorno libre de agresiones. Era muy bonito y emocionante tener un espacio para hacer lo que nos diera la gana, sin consecuencia alguna. También, de cobrar conciencia: aunque nos hayan hecho creer lo contrario, no se nos permite ser 100 % libres en ningún otro sitio.

Ana: Con lo que sí, somos defensoras de los espacios no mixtos. ¿No lo son también muchos bares en los que solo hay hombres?

Ajuar tocarán el 10 de marzo en Barcelona, en el ciclo Matins a l'Heliogàbal.

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