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Artículo Dora Maar, la artista a la que Picasso intentó destruir Culture

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Dora Maar, la artista a la que Picasso intentó destruir

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La fotógrafa, poeta y pintora surrealista que fue mucho más que la amante de Pablo Picasso

silvia laboreo

28 Septiembre 2016 20:32

Con Dora Maar se ha cometido una injusticia. Un atropello que dura ya demasiados años, y que siempre aparece circundado por un mismo nombre propio.

Esta fotógrafa, pintora y poeta fue una de las creadoras más interesantes del surrealismo y una de las figuras más complejas dentro del París artístico de los años veinte. Sin embargo, Maar ha pasado a la historia por ser una más dentro del extenso currículo amoroso de otro pintor, Pablo Ruiz Picasso.

Una más dentro de la corte de musas, parejas y compañeras sexuales que formaban parte de la vida del genio cubista.

Otra mujer más en cumplir con el rol reservado para las mujeres dentro de la historia del arte.  

Ellas musas, ellos genios.




Nacida Henriette Theodora Markovitch e hija de un arquitecto croata y de su esposa francesa, Dora pasa su infancia y adolescencia en Argentina. A los 20 años vuelve a Francia para estudiar pintura y fotografía.  

Desde que era joven, esta chica de ojos claros y rostro serio destacó dentro de la vanguardia parisina, donde formaba parte de los círculos artísticos más famosos de la época.



Siempre se supo rodear de los mejores. Henry Cartier Bresson fue su amigo y quien le recomendó que se cambiara de nombre por otro más sonoro. Man Ray la rechazó cuando le pidió trabajo, pero le aconsejó sobre “el efecto desenfocado” para sus fotografías. Otro de los que más ayudó a Dora fue Brassaï. El fotógrafo húngaro la convirtió en su protegida y le transmitió sus trucos y recursos fotográficos.

Dora inició una relación sentimental con el poeta Georges Bataille, quien la introdujo en el grupo surrealista. Allí conoció a Buñuel y a André Breton y pronto fue una más entre las mesas de los cafés parisinos donde se reunían los artistas.

Entre café y café, la producción artística de Dora comenzaba a despegar. Las fotografías callejeras de la artista mostraban el lado más sórdido de la pobreza parisina y sus collages anticapitalistas eran una contestación enigmática al statu quo.

En aquellos días, Dora se valía del recurso de la sobre exposición para crear su obra Les années vous guettent, en la que cubre con una telaraña el rostro de Nusch Éluard. Dora Maar es ya una verdadera surrealista.



La artista tiene también el placer de fotografiar a Assia, la modelo favorita de los surrealistas. Y en 1934 viaja a Barcelona, donde capta la realidad costumbrista de un país a punto de entrar en guerra.

Sus fotografías experimentales cada vez tienen más éxito y Maar combina esta faceta con fotografía de moda que publica en las revistas de la época para ganar algo de dinero.  

Además de la faceta artística, Dora Maar destaca por sus ideas de izquierdas y su involucración con varios grupos activistas, como Appel à la lutte, cuyo manifiesto firma en 1934.



En 1936 un pintor malagueño entra en su vida, para empezar a quebrarla poco a poco.

Fue en el café Les Deux Magots, uno de los más emblemáticos de París. Allí se conocieron. Les presentó el poeta Paul Elouard y desde el principio Picasso se mostró fascinado por la chica de rostro serio que jugaba con una navaja a pinchar entre sus dedos extendidos sobre la mesa. Cuando se pinchaba, la sangre bañaba sus guantes blancos. Prenda que el pintor le pidió, a la vez que aprovechaba para proponerle una cita.

Ahí comenzó una relación de siete años, tiempo en el que los dos artistas fueron inseparables.



En los primeros años, la creatividad de Maar vive una explosión. Experimenta, innova y crea grandes obras en el campo de la fotografía, con imágenes tan conocidas como el Retrato de Ubú, que acabará por convertirse en un icono del surrealismo.

En 1937, Picasso pinta el Guernica y Maar sirve de modelo para las cuatro mujeres que aparecen en el cuadro. La fotógrafa también realiza un detallado reportaje fotográfico, que recoge las distintas fases de la producción de la famosa pintura.

Sin embargo, poco duró la felicidad en la relación. El carácter problemático y machista del pintor acabó saliendo a la luz. La relación con Picasso comienza a destruir a Maar. El “diablo del amor” amenaza con acabar con la pintora.

Poco a poco, la falta de empatía del pintor va destruyendo los nervios de la artista y minando su producción artistica. Los desprecios hacia ella eran continuos. El malagueño no dejaba que Dora lo visitara a menos que fuera invitada. Nunca vivieron juntos. Años más tarde, al pasar por la casa donde vivía la artista, Picasso llegó a comentar que “en esa casa, Dora Maar murió de aburrimiento”.

Entre febrero y marzo de 1942, Dora Maar escribió este poema. En él, refleja el comienzo del final entre ella y Picasso. Pero orgullosa, se niega a mostrar debilidad y no quiere que nadie la trate con condescendencia.


Hoy se trata de otro paisaje en este

domingo al final

del mes de marzo de 1942 en París

el silencio es

tan grande que las canciones de los periquitos

son como pequeñas

llamas que puedes ver. Estoy desesperada


“Estoy desesperada”. Picasso y Dora continúan su relación hasta que en 1944 se separan definitivamente. El pintor ha encontrado una amante más joven.  Tras el final de la relación, Dora Maar desapareció del mundo. Se encerró en su casa con la única compañía de 130 Picassos y sus fotografías. Construyó un fuerte alejado del mundo en un apartamento que, los que lo llegaron a ver, definen como un reflejo de su compleja personalidad.

Dora nunca concedió una entrevista. Muchos dicen que por la grave depresión que atravesaba, pero, por lo que parece, Dora estaba demasiado ocupada. Estaba forjando su propia leyenda. “Necesito construir un halo de misterio en torno a mí, porque todavía soy demasiado conocida como la mujer de Pablo”, confesaba a la historiadora del arte Victoria Combalia, autora de su biografía.

Poco a poco, Dora volvió a la pintura y a la fotografía en su retiro. Y abrazó el catolicismo con la misma pasión con la que un día amó a Picasso. Un misticismo que, a diferencia del pintor, nunca la abandonaría.




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