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Culture

“Ana ya estaba allí”, la leyenda de Gata Cattana

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S. de La Rosa / S. Bianchi / V. Guijarro
 

Ana Isabel García nos dejó en 2017 con tan solo 25 años. Recordamos a una de las figuras claves del rap femenino a través de sus colaboradores, familiares y admiradores

víctor parkas

02 Marzo 2018 10:10

“De todas maneras lo mantengo firme:
Gloria y honor a mi estirpe.
Gloria y honor es lo único que llevo dentro,
Pa' dejar el mundo antes de morirme”

Gata Cattana, Papeles

Era 2 de marzo, todavía 2017, y ocurrió de forma tan abrupta que nadie daba crédito: Ana Isabel García, más conocida como Gata Cattana, perdía la vida con tan solo 25 años, a causa de un shock anafiláctico. Con ella, se iba una de las voces más potentes y lúcidas del rap español: capaz de invocar, en una misma canción, a la pensadora Silvia Federici, la Teoría King Kong de Virgine Despentes, o a la republicana Clara Campoamor, Ana fallecía pocas semanas antes de que su primer larga duración viera la luz; de que la generase, como la bomba de una guerrera ninja.

Llegó octubre, y sí, aún era 2017. Todavía dolor, pero. Todavía desconcierto, pero. Todavía, pero Banzai. Todo arrojo, todo excelencia, el LP póstumo de Gata Cattana no hizo sino alimentar su leyenda, corroborar lo afilado y preciso de su pluma; la vehemencia con la que Ana era capaz de empuñarla. A pesar de que canciones como Desértico o Papeles se desplegasen como hits imbatibles, aunque Banzai se antojase fuego real en un panorama con gusto por el fogueo, que Gata Cattana no pudiera desenvainar uñas y defenderlo en directo hizo que el disco tuviera una recepción más tímida de la que merecía.

“Le faltó un año, un par de años, para convertirse en una bomba”, lamenta Ana Llorente, su madre. “Desde que se fue a vivir a Madrid, cuando hablaba con ella siempre me decía: 'Mama, cada vez que doy un concierto, me salen tres'. Si hacía una entrevista, a los pocos días la llamaban para hacer otra. Hacía un directo y se llenaba. Presentaba libro en Córdoba, y venía la gente desde Sevilla a verla. Solo le faltaron unos meses más, pero ya había llegado”.

“Ana ya estaba allí”.

ANA ISABEL GARCÍA

“Cuando Ana era pequeña y la llevábamos a Córdoba”, me explica Llorente, natural de Adamuz, “en lugar de ir a mirarse trapos, como el resto de niñas, ella quería que la llevásemos a la Casa del Libro y a la Librería Luque. Era una niña con muchas ganas de aprender. Quería aprenderlo todo. Era una esponja; una enciclopedia andante. Se leía dos o tres libros a la vez. Las generaciones del 27 y del 98 le encantaban: Unamuno, Pío Baroja… Bebía de muchas fuentes, de muchos sitios, para luego formarse una idea propia; una manera de pensar propia”, añade. “Tenía las ideas claras desde muy chiquitita”.

Llorente me habla de temprana fascinación de su hija por la música de Aretha Franklin, de Pink Floyd; su fascinación por el flamenco. “Ella a los 15 años estaba en un grupo de flamenco, cantaba fenomenal, tenía una voz preciosa; aunque ella pensaba que dentro del flamenco estaría destinada a ser una más. ‘Pero en el rap, mama, ahí puedo ser la caña’, me decía. Escuchaba rap a todas horas, incluso mientras leía. Porque Ana era muy ruidosa, de entrar, de salir, de pegar portazos, de hablar por los codos, de estar todo el día tarareando canciones. Daba luz; era un sol. Entraba en mi casa y la llenaba. Ahora, aunque haya gente, yo mi casa la noto vacía”.

“Ana no tenía ningún problema cardíaco”, hace hincapié Llorente, desmintiendo la causa del fallecimiento que tantos medios dieron por buena el año pasado. “Ella lo que tuvo fue una reacción alérgica brutal que desembocó en un shock anafiláctico; en una muerte cerebral”, dice, de su inesperada y prematura pérdida. “Está siendo lo más difícil del mundo”, termina, “pero, lo único que yo quiero, ya que Ana se ha ido, es que Gata Cattana se quede aquí con nosotros todo el tiempo posible. La juventud tiene un gran referencia con su música; con sus palabras. Como ella misma cantaba, 10.000 oyentes bien ‘usaos’ son un ejército”.

LA GATA

“¿Qué destacaría de mis colaboraciones con Ana? Pues a Ana, siempre. Si es que el arte lo llevaba ella; nosotros intentábamos acompañarla y fingir que estábamos a su altura”. Al habla Carlos Esteso, amigo de Ana, y el DJ que la cubría en los directos. “Cuando nos vinimos a Madrid, estuvimos los dos compartiendo piso un tiempo; también con Wiloo, que era quién hacía los beats”. La habitación de Wiloo, cuenta Esteso, terminó convirtiéndose en un improvisado estudio. “No pienses en peceras, ni nada parecido: era lo más guarro que te puedas imaginar. Un multipistas, un ordenador, unos difusores mal puestos; lo único que había bueno era el micro. Era todo súper precario, porque estábamos to’ tiesos de pasta”.

Carlos, que también hacía tareas de producción ejecutiva para Ana, no duda cuando le pregunto por los rasgos distintivos de la artista; por el “eso que tengo y que nadie más tiene” de Papeles. “Para empezar”, contesta, “el trono. Luego, si es que a la vista está: un mensaje. Un mensaje que podía llegar a gente de 15 y a gente de 65 años”. ¿Hay una primacía, en su opinión, del no-mensaje en el rap estatal? “Con la ley mordaza, todo lo que no sea hablar de la pasta que te dejas en Lacoste es muy posible que acabe silenciado”, señala. “Hasta que no te cagas en el rey y te quieren meter en la cárcel, la música con mensaje, como siempre, está destinada a permanecer en la sombra”.

Carlos me habla también de cuando Cattana era un grupo, formado por Ana, ‘la Gata’, y por otra componente llamada Anabel. “Cattana se disolvió, pero ella, como homenaje, quiso añadir eso a su apodo; de Gata, pasó a llamarse Gata Cattana”. Y a dejarnos, insiste, un legado. Banzai es una cosa tremenda, y veo que se escribió más sobre su muerte que sobre su obra. Te deja un sabor agridulce eso. Los celebrities que dieron el pésame, pero que no fueron capaces de compartir su disco cuando salió, me parecen unos oportunistas. Para una rapera que no está defendiendo el rollo putas, dinero, narcotráfico; para una rapera que defiende la cultura”, añade. “Yo qué sé, tío”.

“A veces”, dice de su añorada amiga, máster en política internacional, “bromeábamos diciendo que Ana iba a ser la presidenta de la III República. Al final, yo creo que no hubiese sido ni broma”.

ANA SFORZA

“Yo la descubrí a través de su poesía escrita”, me dice Sofía Castañón, de los versos que la artista firmaba unas veces como Gata Cattana, otras como Ana Sforza, y cuyos highlights fueron recogidos en el poemario La escala de Mohs. Castañón, secretaria de Feminismo Interseccional y LGTBI en Podemos, dedicaba el pasado año, junto a otros activos culturales, un poema-homenaje a Gata Cattana. “Ana estaba muy situada en su tiempo, y tenía un compromiso enorme con lo que en su tiempo ocurría”, opina la diputada. “Tenía mucho que decirnos a todas aquéllas que creemos merece la pena invertir tiempo de nuestra vida en hacer que las cosas sean diferentes”.

“Durante gran parte de mi vida, como realizadora, estuve haciendo videoclips para raperos como Dark la eMe o Arma X que, aunque me gustaban muchísimo, no sentía que me apelasen directamente. Descubrir a Gata Cattana, una mujer con ese mundo referencial tan rico, fue puro autoreconocimiento. Esa voz tan sólida, tan lírica, con un discurso tan potente, citando a ensayistas, a filósofas, a pensadoras; es algo que llevaba largo tiempo buscando”, expresa Sofía. “Sin regatearse discurso ni coherencia, tenía el potencial necesario para llegar a muchísimos sujetos políticos, tanto mujeres, como hombres”.

“El discurso feminista ahora mismo está calando”, prosigue, “y lo están sacando adelante las históricas a la que nos debemos, sí, pero también muchísimas chicas jóvenes que antes jamás se habrían sumado. Cuando yo tenía 17 años, pensaba que la igualdad era un hecho; tuve que ahostiarme para darme cuenta de que estaba muy equivocada. Ahora, nuestras jóvenes son muy conscientes de sus desigualdades, y eso hace que conecten con la música de Gata Cattana. O quizás sea al revés”, puntualiza Castañón, “quizás sean discursos como el de Gata Cattana los que han creado todo este caldo de cultivo”.

GATA CATTANA

“De na' pedimos, de to' tenemos, papas y vino y celebramos que estamos vivos”, canta Ana en Hasta el final, una canción que hoy se anuda a la garganta. “Cuando salió el disco, no fui capaz de escucharla”, me confiesa Scarface Johansson, el artista de La Vendicion que sumó fuerzas con la Gata en este tema en particular. “Fue muy raro; una sensación muy extraña. Estaba contento de que hubiera salido nuestro trabajo, pero a la vez era complicado y doloroso volver a él”. Con el tiempo, Johansson terminó por escuchar Hasta el final, lo que enseguida le evocó al día de grabación. “Nos los pasamos que te cagas, y sacamos el tema enseguida”, asegura. “A ella le salía solo”.

Sobre el inesperado final de Gata Cattana, Scarface Johansson se muestra tan sorprendido como el resto de sus allegados y admiradores. “Muy al contrario que a la Gata, muchísima gente en nuestra escena iba y sigue yendo aceleradísima con movidas de beefs y drogas. Parecía como si lo que le pasó a Ana tuviera que haberle pasado a otro, y le terminó pasando a ella. Es la vida”, concluye el autor de Luzer. “Nada tiene puto sentido”.

“¿Qué por qué cuesta encontrar mensajes como los de Ana en el urban? Porque la verdad no vende, nadie quiere escuchar eso”, apunta finalmente Johansson. “Ana cantaba sobre cosas que todos sabíamos, pero sobre la que no muchos querían ponerse a reflexionar. Tenía un discurso intelectual, con carga política, social. Esa complejidad la encontrabas incluso en sus temas más relajados: lo que suena ligero, en realidad está cargado de contenido. En un panorama lleno de miradas individualistas, la suya se enfocó hacia lo colectivo”.

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