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Artículo Cecilio G: “No hay mejor forma de aprender que a base de hostias y colocones” Culture

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Cecilio G: “No hay mejor forma de aprender que a base de hostias y colocones”

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Punk, odio y ron cola: una charla con Cecilio G

víctor parkas

04 Noviembre 2016 08:49

“Si no tienes Ron Brugal, ponme un Cacique Cola. Pero pónmelo en uno de esos vasos que he visto que tienes allí; en uno de los grandes”.

Aunque sólo son las nueve de la noche, las exigencias etílicas de Cecilio G son altas. Me ha traído a un bar de chinos que está completamente desierto. Más tarde, me dirá que no le gusta la gente. “Yo no aguanto a la gente”, me dirá. 

Pero ahora acabamos de llegar al bar y, cuando enciendo la grabadora, Cecilio está terminando una frase. Porque Cecilio no ha dejado de hablar desde que nos hemos encontrado, hace cinco minutos, y, dentro de otros cinco, seguirá ametrallando palabras.

“(...) porque el mayor error de todo esto es no preguntarte de dónde viene una estética. Eso es faltarle a los códigos de un idioma visual concreto. Al final, ¿de dónde vienen las bombers? ¿De la working class inglesa? Vale. Pero hoy en día, con ir a cualquier tienda y comprarte una (...)”.

De toda la camada del trap español, Cecilio G es sin duda el perro más verde. Donde antiguas amistadas suyas como Pxxr Gvng o Pimp Flaco han logrado labrarse una carrera sólida, encontrando, cada uno de ellos, a su público potencial, Cecilio ha optado por crear un universo musical cada vez más errático, experimental, hermético, con unas letras altamente inaccesibles. “No tengo intención de que me entiendan”, asegura.

Para encontrar el origen a todo este nihilismo, hay que echar la vista atrás, cuando el nombre de guerra de Cecilio G todavía no era Cecilio G. “Antes me llamaban Punki Negro”, recuerda.

“Me gustaba mucho el punk, sobre todo el nacional, y me llevaba muy, muy bien con los punkis; me parecen la manada más guapa. Los punkis aprenden a hostias y a colocones, y no hay mejor forma de aprender que a base de hostias y colocones”.

De aquellos polvos, el lodazal punk: en las canciones de Cecilio podemos encontrar referencias a grupos como Eskorbuto (Cerebros Destruidos), Golpes Bajos (Hibridismo) o Siniestro Total (La Mejor).

“La Mejor, que es una versión de Te quiero, la hice en una época no muy bonita”, señala. “Siniestro Total son guasones y fiesteros, pero lo que más me gusta de ellos son sus canciones de amor”.

Indagando aún más en las primeras letras de sus canciones (Introducción a mi clase), localizamos incluso rastros de grupos musicalmente cercanos al punk, pero ideológicamente en sus antípodas. “Sí, lo de ‘macarrismo por bandera’ es de Bastonazos Oi! Son un grupo casi nazi, tocando a nazi completo”, reconoce. “Yo me he juntado con mucha gente a lo largo de mi vida. Me he juntado con peña ambigua políticamente, desambigua políticamente, chunga del todo, chunga la mitad, y chunga sin tener nada que ver con la política”, se explica. “Pero el que se proclame nazi hoy día es que es tonto”.

“La política es una guerra absurda”, añade. “Es como los beefs: ¿Para qué pelea la gente? Para nada”. Lo absurdo no quita lo valiente: recién pronunciada, la palabra mágica beef y la trayectoria de Cecilio G son prácticamente indisociables. Aunque últimamente parece que las aguas se han calmado, sus enfrentamientos con activos del trap como Yung Beef o, en menor medida, C Tangana, estuvieron en boca de todos sus seguidores.

Con o sin beefs, la provocación acompaña a Cecilio allá dónde va. Este mismo año lo echaron de unas fiestas de barrio alternativas, expulsión de la que se hizo eco en sus redes sociales.

“Lo peor de todo es que en unas fiestas alternativas no pueda estar alguien realmente alternativo”, se lamenta. “Me tacharon de machista, cosa que me toca la polla. Pero que me tachen de lo que quieran. Como dicen Ilegales: todo lo que digáis que somos, lo somos y aún peor”.

Encadenando polémica tras polémica, no sorprende que muchos de los medios que le entrevistan desatiendan su música y se dediquen por completo a explotar su personaje. En este sentido, el caso más palmario lo encontramos en la incómoda entrevista que Antonio Castelo le hizo en la radio. “Allí no se me respetó como cantante”, denuncia.

“Pero bueno, figúrate: Vodafone Yu. Los 40 Principales”, señala, mencionando la popular cadena en la que se emite el programa de Castelo y la marca de telefonía móvil que lo patrocina. “Eso es pura extorsión informativa; extorsión y manipulación. Si tu mensaje no interesa al medio, no te van a dejar hablar, ni decir nada coherente, ni dar respuestas largas. Puede que te inviten, pero tú allí no pintas nada”, aduce. “Eres comidilla, como mucho”.

Como resarciéndose de aquel episodio, en nuestro encuentro, ya os decíamos, Cecilio no deja de hablar; salta de un tema a otro; no hay quién le siga el ritmo y lo sabe (“¿Me entiendes o no?”, repite a cada minuto).

“La gente me decía que no me tatuase la cruz, que había que estar loco para hacerlo”, explica sobre el tattoo de su frente, “y yo era como: pero si ya sabéis que lo estoy”. Porque ésa es otra de las leyendas alrededor de su figura: una psicopatología indeterminada que, sin confirmar ni desmentir su existencia, convierte en broma recurrente.

Aunque jure y perjure su locura, Cecilio se cuadra -y pone la espalda recta- cuando le preguntamos por Max Power, la mixtape que lanza este mes.

“Es el mejor disco del año, palabra”. Entre las mayores bazas de Max Power encontramos, por ejemplo, colaboraciones con Kidd Keo y beats de Enry-K, el productor de los prometedores Damed Squad.

“Damed Squad son un amor, y además tienen mucho talento”. Siguiendo la senda de trap sureño que ha practicado en los últimos tiempos, Max Power es continuista tanto musical como líricamente: las letras siguen siendo esquivas y llenas de asperezas.

De todos los tracks del disco, sorprenderá especialmente uno que samplea a System of a Down y en el que Cecilio prueba otros registros. “Es el único tema de Max Power en el que no hago trap”, nos cuenta. La canción, urdida sobre un loop de Lonely Day, será la primera en la que Cecilio G se atreva a cantar. “Me gusta mucho cantar, pero me da vergüenza”, confiesa, para después descubrirse como un ávido consumidor de rock -e incluso glam.

Mientras Cecilio termina su (segundo) combinado de ron, asegura que el único éxito al que aspira con Max Power es emocional.

“He conocido a muchos subnormales que sólo quieren fama y dinero; cosas que yo no quiero”, sentencia, con un discurso anti-stablishment -valga la redundancia- muy punk. “A mí me basta con tener para comer”, termina. “Yo no soy un medio, ni una empresa, ni un cuerpo de más de uno: yo soy un artista y voy a hacer música hasta el día en que me muera”.


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