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Artículo “No quiero engañar a nadie: Algo Muy Gordo no es Ocho Apellidos Catalanes” Culture

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“No quiero engañar a nadie: Algo Muy Gordo no es Ocho Apellidos Catalanes”

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Berto Romero protagoniza 'Algo muy gordo' de Carlo Padial, el proyecto más extraño al que se haya enfrentado hasta la fecha

víctor parkas

05 Noviembre 2017 08:32

Algo muy gordo es la nueva película de Carlo Padial. También el último trabajo de Berto Romero. El perro más verde del cine 'low cost' patrio y el rostro más reconocible de la comedia española se han aliado para crear un artefacto que, además de ser mucho más que la suma de sus partes, es difícil de definir. ¿Estamos ante el I'm Still Here del posthumor? ¿El Vivir Rodando de los retrasados emocionales?

¿Cuánto hay de real en la película y cuánto de ficción? “El Berto y el Carlo de la película no somos nosotros”, insiste Berto Romero. “Pero sí hemos volcado en ella elementos de nuestra vida real”.

Aprovechando el estreno de Algo muy gordo este sábado en el Festival de Sevilla, nos citamos con Berto en las oficinas de El Terrat para hablar de autoboicot, incomunicación y comedia dual.

Apareces acreditado como guionista de Algo muy gordo. ¿Cómo fue el proceso de escritura a cuatro manos con Carlo?

Fue una experiencia muy plácida y constructiva. Esta historia, a él le permitía hablar de sus obsesiones particulares –el proceso creativo y sus bloqueos–, y a mí de las mías. Entre ellas, está la imposibilidad de llegar a tu público cuando le planteas una cosa distinta; es decir, la imposibilidad del cambio. Luego también hemos vehiculado preocupaciones comunes: la asunción de responsabilidades; el hacerse mayor; lo que significa ser padre...

La gente que conoce el trabajo de Padial encontrará muchas de sus constantes en esta película, pero, ¿cómo crees que la recibirá tu público objetivo?

Lo importante es no engañarles: hay que explicarle a todo el mundo que ésta es una peli experimental. Creo que supone un punto de inflexión tanto para Carlo como para mí. Para él, es la peli más inteligible y menos codificada de todas las que ha hecho. Para mí, es la más conceptualmente extraña que haré nunca. Sobre cómo reaccionará ante Algo muy gordo mi público objetivo, no es algo que me preocupe demasiado. Mi público objetivo ya sabe que soy inquieto y que me gusta probar cosas distintas. Algo muy gordo sorprenderá a algunos; a otros les causará rechazo debido a su rareza. Sin embargo, confío en que muchos agradecerán ver cómo me acerco a otros tipos de comedia. A mí es algo que me interesa mucho.

¿Probar diferentes registros cómicos, te refieres?

No tengo ganas de hacer siempre el mismo papel en el mismo tipo de comedias. Del mismo modo, ni quiero que todas mis películas sean en la misma clave que Algo muy gordo ni tengo la voluntad de ser un tío minoritario. Pero tampoco quiero engañar a nadie: esto no es Ocho Apellidos Catalanes. Esto no es El Pregón. Es más bien un ejercicio de estilo sobre lo que significa ser cómico. No es, para nada, una comedia para todos los públicos, ni tampoco una comedia familiar.

Es curioso que digas que no es una comedia familiar, porque para mí, en un sentido muy extraño, sí que lo es: Algo muy gordo tiene un momento mágico cuando irrumpen tus hijos en plató, con una balada de Pimp Flaco sonando de fondo.

Es un momento muy emocionante. Realmente creo que la película ha acabado siendo muy compleja, en el sentido que te lleva a sitios que no te imaginabas. La película nos define a Carlo y a mí mucho más de lo que esperábamos. Siendo toda ella una gran mentira, además: al contrario de lo que le sucede al Berto que muestra la película, para mí no es un problema tener la carrera que tengo, o hacer el tipo de humor que hago. Aun así, pese a ser la película más loca y forzada que he hecho nunca, consigue retratarme de forma muy fiel.

Aunque dices no vivir como un problema haber acabado haciendo humor mainstream, sí habías hecho otras expediciones parecidas a la de Algo muy gordo. Pienso en tu participación en Como todas las mañanas, una peli minúscula de Toni Nievas, en vídeos de Venga Monjas...

Me gusta bascular entre una cosa y la otra: grabar un Go, Ibiza, Go! con Carlo y a la vez colaborar con Buenafuente, que es un tío muy transversal, muy blanco, muy para toda la familia. Una de las cosas que configuran Algo muy gordo, uno de sus motores, es tener a cómicos que no se hacen gracia unos a otros, cómicos que utilizan herramientas distintas, intentando comunicarse entre sí. Creo que es la primera película que se ha hecho en este país en la que se mezcla el llamado posthumor con la comedia más tradicional. O, más que mezclarse, se explicita la existencia de ambos y cómo son capaces de convivir en su propio desencuentro.

Esa tensión entre humor mainstream y underground, ¿está también entre tus referentes e influencias?

Yo, cuando empecé, quería hacer lo que hacían Rubianes, Woody Allen, Faemino y Cansado. Los referentes directos eran ésos. Luego, con la aparición Muchachada Nui, descubro que existen otros códigos de comedia, aunque para entonces yo ya había encontrado mi estilo de hacer humor, que es muy poco codificado. Mi forma de hacer comedia refleja mi personalidad: es muy expansiva, intento que me entienda todo el mundo, llegar al mayor número de gente. Cuando descubrí que había cómicos a los no les interesaba eso, me llamó mucho la atención.

Volviendo a Algo muy gordo, me fascina cómo la película incumple sistemáticamente las expectativas que ella misma crea. Lo hace cada veinte minutos: cuando crees que vas a ver una comedia ligera con efectos especiales, descubres que en realidad es una película sobre un rodaje caótico, para luego volver a cambiar otra vez.

Las expectativas siempre nos joden la vida. Cuando tú ves el tráiler de Los Vengadores, ese tráiler ya te ha colmado; la película nunca va a ser mejor que el tráiler. Todo el cine actual está construido bajo una promesa, bajo el gran hype, la gran anticipación de algo que va a ocurrir y que siempre te acaba decepcionando. Nosotros queríamos colocar la película justo en el espacio intermedio a eso, en ese limbo de las cosas a medio hacer: cables, pantallas verdes, etc. Carlo se refería siempre a Algo muy gordo como el Dogville de la guasa (risas).

No anda lejos. Normalmente las películas sobre rodajes que salen mal tienen factores externos en contra: decorados cayéndose, falta de financiación, productores abusivos... En Algo muy gordo los problemas de producción son internos. Los personajes estáis rotos por dentro.

La peli habla del fracaso; de autoboicotearte y joderte a ti mismo hasta límites bermangianos. Cuando empezamos a escribir Algo muy gordo, Carlo y yo nos dimos cuenta que teníamos las mismas preocupaciones, pero las afrontábamos desde ópticas diferentes: yo, el miedo a que no me entiendan; él, una obsesión por el fracaso. Ambas posiciones responden a lo mismo: el pánico a aquellas barreras que nos impiden comunicarnos con los demás.

¿Dirías que Algo muy gordo es, en tu carrera, una especie de Lost in Translation? ¿Qué feedback tienes de gente cercana que la haya visto?

Lo único que puedo decirte es que no acostumbro a ver mis pelis más de una vez, y Algo muy gordo ya la he visto seis o siete veces. La gente a la que se la he puesto me suelen decir que les ha sorprendido, que les ha impactado, y que les ha hecho reflexionar mucho. Todo eso, independientemente de que les haya gustado o no: es una peli que, si te expulsa, te expulsa muy pronto; no te expulsa a media película. Si pasas el primer tramo y entras dentro del juego, Algo muy gordo te agarra y ya no te suelta.

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