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Le condenan a 8 años de cárcel por violación gracias a estos vídeos

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Gracias a las grabaciones de estas cámaras de seguridad se pudo comprobar que la mujer estaba ebria y casi al borde de la inconsciencia en el momento de la agresión, de la que trató de escapar

Playground community

10 Julio 2018 20:32

En todo el mundo civilizado, para que una persona resulte condenada por un delito es necesario que existan prueban incontestables. En caso de duda, el Juez está atado por un principio jurídico —una norma de interpretación de naturaleza procesal— que en latín se denomina “in dubio pro reo”. O sea, si las pruebas no son definitivas y persisten las dudas, el Juez no es libre de hacer su propia interpretación, sino que debe decidir en el sentido más favorable para el acusado.

Estos formalismos, imprescindibles para garantizar las libertades e impedir abusos por parte del estado, han generado absoluciones que a la población general le pueden parecer incomprensibles e injustas. Pero no ha sido así en este caso que nos ocupa.

Una muchacha de dieciocho años fue encontrada ebria y con evidentes signos de agresión sexual en Londres. Los equipos médicos que la atendieron determinaron que, efectivamente, había sido violada y que estaba en un estado de total embriaguez por consumo de bebidas alcohólicas. A partir de ahí, el trabajo de las autoridades consistía en identificar al culpable y conseguir suficientes pruebas para su condena.

Hace ya bastantes años que en el mundo occidental se reconoce que la declaración coherente y sin contradicciones de la víctima es una prueba sólida. Pero el estado de intoxicación por alcohol de la chica podría haber supuesto un grave problema, si no fuera por las imágenes recogidas en el vídeo que encabeza estas líneas.

En él se ve a un hombre que carga sobre sus hombros a una chica a la que se ve notoriamente perjudicada. Cuando la deposita en el suelo, ella está tan borracha que no puede ni mantenerse en pie. Pero la secuencia es clara. La chica trata de alejarse del hombre, lo rechaza, trata de huir, pero él la sujeta, ella se enfrenta y llega a intentar pegarle, pero es evidente que está muy bebida y, en cualquier caso, la diferencia de tamaño y fuerza es evidente.

Todo esto, sumado a las declaraciones del personal del bar del que ella había sido expulsada por estar demasiado borracha —dejándola totalmente abandonada e indefensa en la calle a altas horas de la noche, todo hay que decirlo—, y a las pruebas forenses, han llevado a una sentencia en la que el hombre, de veintiocho años, ha sido condenado por la justicia británica a ocho años de prisión. Él, claro, siempre sostuvo que el sexo había sido consentido.

Es interesante resaltar que, incluso aunque la chica no se hubiese enfrentado al hombre, con ese nivel de embriaguez no podía haber dado un consentimiento válido, así que, en cualquier caso hubiese sido una agresión sexual. Sólo la aceptación total, libre, consciente de una mujer adulta es un consentimiento válido. Y esto debiera estar grabado a fuego en el saber colectivo.

Dentro de la tristeza porque este tipo de situaciones se sigan produciendo, nos alegramos de que estemos viviendo un momento de tolerancia cero hacia la violencia contra las mujeres. Ojalá pasos decididos en la dirección correcta y un clamor en cada país, cada ciudad, cada calle. ¡No es no!

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