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Sports

7 detalles duros y tristes por los que no olvidaremos al Loco Houseman

Villero, sediento, pícaro, solidario, genial: ha muerto un futbolista único

Ignacio Pato

23 Marzo 2018 13:55

El hombre que murió ayer no fue solo el considerado como último wing. Ni un campeón del mundo en el 78. Fue más, mucho más. Para hacernos a la idea de quién era René Orlando "El Loco" Houseman (1953-2018) hemos recopilado algunos de los hitos, lugares o relaciones que marcaron su vida.

Villa

La villa de Bajo Belgrano, concretamente, una de las tantas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Fue el lugar donde siempre se sintió a gusto, quizá el único. Houseman era un villero. Parte de su juego alegre siendo profesional se debía a haber jugado ya los partidos duros en el potrero del barrio. Bastante en serio había jugado ya allí, donde, como reconoció él mismo, se jugaban diez pesos y si perdías te ibas corriendo sin la ropa a casa. Huracán, su primer club profesional, quiso sacarle de su barrio y le compró un piso en la mucho más bienestante zona de Parque Patricios. 20 días tardó en volverse a Bajo Belgrano. "Si fuera millonario, me compraría una villa", le dijo al medio de los barrios La Garganta Poderosa.

La Garganta Poderosa

Solidaridad

Su primer sueldo como profesional en Huracán lo repartió entre sus amigos y conocidos de Bajo Belgrano. En tiempos en los que un futbolista solo cobraba si jugaba el partido, Houseman fingía estar lesionado a algunos minutos del final del partido para que algún compañero pudiera entrar en su lugar y así poder ingresar algo de dinero.

Picaresca

Cuentan de él que en los entrenamientos, en la primera parte dedicada al ejercicio físico, se hacía el lesionado. Era aparecer el balón para el partidillo y levantarse. Las medias, siempre bajas, mostrando la espinilla al defensor como un anzuelo sobre el que pivotar mil regates. No le gustaba trabajar, pero tenía la legitimidad de quien lo ha tenido que hacer casi de todo: sodero, cadete de farmacia, verdulero o carnicero. Eso último le sirvió para presumir de saber cortar perfecta la carne.

Madre(s)

"Estas piernas te van a salvar, mamá", le dijo una vez René a su vieja. Así fue solo en parte. La familia había llegado desde el campo en los 50 hasta uno de esos barrios de aluvión donde sobra tiempo y falta carne. Lo cierto es que el dinero, en la vida de Houseman, entró y salió prácticamente a la vez, con la velocidad de uno de sus regates sobre la cal. Con otras madres, las de todos, las de los 30.000 desaparecidos en la dictadura, compartió también parte de su tiempo Houseman. Fue en 2008, cuando junto a sus excompañeros del Mundial'78 Leopoldo Luque y Julio Villa jugó "La otra final", un partido disputado entre activistas por los Derechos Humanos. Allí vimos el cariño mutuo entre Houseman y Nora Morales de Cortiñas, cofundadora de las Madres de Plaza de Mayo.

Mundial'78

El mundial de los milicos marcó a todo un país y una -si no alguna más- generación. Cómo no iba a ser así en el caso de uno de los campeones. Houseman comenzó muy bien el torneo pero perdió la titularidad. Él lo achaca al agobio de una concentración de tres meses. La copa del mundo ganada por Argentina tenía una trastienda de torturas y sangre detrás. A todos los futbolistas se les ha preguntado acerca de un sentimiento de colaboracionismo con los militares. La respuesta de Houseman fue que no había visto a Videla cabecear, a Massera patear un córner o a Agosti lanzar un tiro libre, en referencia a los jefes de aquella junta. Años después reconoció arrepentirse de haberle dado la mano a Videla. Los militares, además de la sangre, habían demolido por cuestiones de imagen varias villas cercanas a los estadios. La de Houseman, Bajo Belgrano, estaba cerca del de River, y fue de las primeras.

Menotti

Fue el padre que no tuvo, reconocido por él mismo. Fue quien le dio la oportunidad en Huracán, en el 73, y quien después le hizo asiduo en la selección. Del DT campeón en el 78 cuenta Houseman una gastronómica arenga justo antes de la prórroga en la final contra Holanda: "No nos pueden pasar por encima. Son holandeses. ¡Holandeses! Nosotros argentinos. Estos comen chucrut, como los alemanes, nosotros le damos al bife de chorizo". Menotti, en las últimas horas, también ha dicho algo para recordar: "Nunca nadie lo cuidó a René".

Alcohol

Injusto obviarlo. La botella fue un satélite de la vida de Houseman. Fue un vicio que cogió pronto, a los 19, y que en sus últimos años había podido domar. Decía que solo con su aliento podía prácticamente embriagar a los rivales. Llegó a marcar un gol borracho, nada menos que a River Plate. O eso cuenta, porque los recuerdos son borrosos. Al público que le cantaba por los estadios "Y chupe, chupe, chupe, no deje de chupar, 'El Loco’ es el más grande del fútbol nacional” no se le olvidaban sus gambeteos.

La Garganta Poderosa

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