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Sports

Si Pelé es el rey, Ben Barek es Dios

Se estrena un documental sobre uno de los grandes olvidados de la historia del fútbol

I.P.

21 Noviembre 2017 13:51

"Si yo soy el rey, Ben Barek es el dios del fútbol", dijo una vez Pelé de uno de los mejores jugadores de fútbol de la historia. También de uno de los más olvidados para el gran público actual.

De intentar remediar esto último se encarga estos días un recién estrenado documental, De las cenizas del olvido, que estos días presenta la peña atlética Los 50.

Larbi Ben Barek nació en Casablanca cuando lo que hoy es Marruecos era todavía un protectorado francoespañol. Ese hecho, en concreto el colonialismo galo, marcaría definitivamente su vida profesional.

Antes de ser jugador de fútbol fue carpintero, como su padre. Y tras deslumbrar en Marruecos, le fichó en 1938 el Olympique de Marsella. Cuando sus amigos le preguntaban qué haría en Francia, él respondía sin dudar: jugaré en la selección.

Y así fue: cuatro meses después ya estaba jugando un Italia-Francia en la Nápoles de la dictadura mussoliniana y sufriendo los abucheos del público italiano, para quien Ben Barek no podía jugar como francés sin tener la nacionalidad. Su reacción fue cantar con más ganas que nadie La Marsellesa. Comenzó ahí la más larga carrera que un jugador haya tenido en la selección francesa, 15 años en total.

Pero entonces llegó la Segunda Guerra Mundial, quizá la razón principal por la que Ben Barek no está en el hall of fame junto a Pelé, Cruyff, Maradona o Messi. Al acabar la contienda, el presidente del Stade Français le contrató para una especie de all-star en la capital. "Podemos vender la Torre Eiffel o el Arco del Triunfo, pero no a Ben Barek", decía la prensa parisina. La Perla Negra, como le llamaban, acabó llegando al Atlético de Madrid con 31 años, en 1948. Mereció la pena: muchos colchoneros veteranos le recuerdan como el mejor jugador al que han visto defender sus colores en el estadio Metropolitano. Ganó 2 ligas seguidas formando la llamada Delantera de Cristal con Juncosa, Pérez Payá, Carlsson y Escudero.

Terminó su carrera en Marsella, de nuevo. Y, de nuevo, volvió a Marruecos, justo cuando el país estrenaba independencia en 1956. Allí fue entrenador durante unos años. Acabó, salvo para su círculo cercano en Casablanca, casi en el anonimato y solo, muriendo en 1992. Nunca es tarde para recordarle.

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