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Sports

Correísmo o barbarie: la odisea de un cabeza de familia de 10 años

Cuando fue operado del corazón hace tres años, los médicos tuvieron que mentirle. Ahora, con 22, es muy querido en el Atlético. Estos son los secretos de Angelito Correa para ser uno de los jugadores más atractivos del momento

Ignacio Pato

04 Diciembre 2017 15:58

Hace tres veranos, era difícil de imaginar todo lo que está viviendo en el presente Ángel Correa. En aquel momento, fue operado del corazón en el Hospital Monte Sinaí de Nueva York. El Atlético de Madrid le acababa de comprar por 7 millones a San Lorenzo de Almagro, aunque faltaba precisamente la firma que vendría tras esa operación: la dolencia cardiaca le fue detectada en la prueba en Madrid.

Antes del quirófano, los médicos tuvieron que mentirle, según acaba de reconocer él mismo en una entrevista en El Enganche de Página 12. Le dijeron que no había ningún riesgo de que no pudiera volver a jugar al fútbol. Tenía 19 años.

Finalmente, todo salió bien, aunque con la recuperación se perdió el histórico título de Libertadores del club de Boedo y estuvo un año entero sin jugar. Cuando volvió, lo hizo a lo grande: Argentina ganó el Sudamericano Sub-20 con Correa de capitán, goleador decisivo y mejor jugador del torneo. En septiembre de 2015 -tras un trabajo de recuperación y cariño en el que los preparadores del Atleti con el Profe Ortega a la cabeza corrían con él para que no se sintiera solo-, debutaba en el Calderón sustituyendio a Koke. Y marcando.

Hoy día Correa acaba de inaugurar su placa en el Paseo de Leyendas del Metropolitano, un honor que solo tiene quien ha jugado 100 veces de rojiblanco. Este año está siendo titular más veces que ninguna otra temporada, es el acompañante que el Cholo prefiere para Griezmann, antes que Gameiro o Torres. Ha marcado goles importantes y ha dejado de ser un revulsivo de segundas partes, aunque su rendimiento aun no sea el óptimo y para parte de la grada siga teniendo un poso de jugador número 12.

No lo tendrá fácil cuando en un mes pueda jugar Diego Costa, presumiblemente como compañero de Griezmann arriba. Correa deberá partir de más atrás, casi como extremo, en un lugar por el que también lucha uno de los jugadores con más calidad de plantilla -aunque frío este año-: el belga Yannick Carrasco. En el centro del campo, la incorporación de Vitolo junto a los fundamentales Koke, Saúl y Gabi (con Thomas Partey acechando su puesto por estado de forma pero a años luz de la consistencia del capitán) tampoco parece allanar el futuro próximo del argentino.

En realidad, nunca lo ha tenido fácil Angelito Correa. Creció en una familia de diez hermanos en el barrio rosarino de Las Flores, y cuando él tenía diez años su padre murió. Ángel se convirtió a tan temprana edad en el cabeza económico de familia: la mayor cantidad que entraba en casa era gracias al sueldo que su representante le daba al chico. Aun así lo normal, como le reconoció a So Foot Club, es que en casa de los Correa solo se comiera una vez al día. Si se sentaban a la mesa al medodía, por la noche solo habría té o un trozo de pan. Cuando Ángel solo tenía doce años murió uno de sus hermanos mayores. El pasado mes de junio, lo hizo otro.

A Correa es fácil escucharle expresiones como "ser de abajo" o frases como "cuando eres de un barrio humilde todo te cuesta el doble, te dicen que vas a terminar en la cárcel o siendo un drogadicto". Los yonquis de su barrio le dieron un consejo que sonaba a amenaza: "si te vemos con esto, te matamos".

Es fácil ver al 11 atlético correr sin ahorrar esfuerzo, disfrazado de mosca cojonera con las defensas rivales. Con balón maltrata cinturas de centrales de 1,90 con su 1,74. Es uno de los jugadores más verticales que existen en un fútbol de pase cada más horizontal, espacios poco claros y regates a cuentagotas. Correa no tiene temple, enfila, a veces no levanta la cabeza y muchas veces la pierde. Pero de eso se trata, de intentarlo. Después no le gusta verse en los vídeos.

El Correa de 2018 tiene una hija de dos años, una cicatriz en el pecho y hambre. Lola es presente y futuro, y la marca ya solo pasado. Y el hambre, bueno, el hambre siempre estuvo ahí.

fútbol crónica cultura popular

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