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Lo que la reacción a los cadetes bailando sexy explica sobre la sociedad rusa

En la Unión Soviética no había sexo. Ahora la sexualidad marca una brecha generacional y desafía el arquetipo masculino que Putin intenta imponer en Rusia

PlayGround

24 Enero 2018 14:05

Entre las fotos de Putin bañándose en agua helada para celebrar la Epifanía y los cadetes pilotos bailando sexy y comiendo un plátano hay un abismo. Un abismo generacional. Una fractura entre lo que los jóvenes rusos son y quieren ser y lo que la moral conservadora del Kremlin quiere imponer.

En un lado: chavales bailando ligeros de ropa Satisfaction. En el otro: la masculinidad arquetípica de Putin: pescando, luciendo músculos, con una escopeta o con una moto de un puñado de cilindradas. Hace unos días se hizo viral un vídeo de unos estudiantes de primer año del Instituto de Aviación Ulyanovsk.

Los jóvenes aparecían en actitudes homoeróticas bailando sin complejos y enseñando sus nalgas. El vídeo se ha convertido en el tema estrella de Rusia en los últimos días. Algunos medios locales rusos, incluso, han llegado a afirmar que este ‘flashmob’ agita conciencias y aviva el despertar sexual de la sociedad rusa.

Putin con una escopeta

¿Una pequeña revolución sexual? En realidad, en parte sí. Las primeras reacciones del vídeo (que, por cierto, es una versión que ya se hizo tres años atrás por soldados del ejército británico) fueron negativas. El rector del instituto de Aviación Civil compareció en los medios para comparar la situación de los cadetes con las Pussy Riot y lo calificó de "repugnante". Lo hizo, claro, bajo presión del gobernador regional. Los medios no tardaron en tachar el vídeo desgracia “imperdonable” e incluso amenazaron con la posibilidad de expulsar a los cadetes y juzgarlos bajo las severas leyes antihomosexuales de Rusia.

Pero entonces la sociedad rusa despertó. O, al menos, lo hicieron sus jóvenes. La red se llenó literalmente de versiones del mismo vídeo protagonizadas por estudiantes. Se creó una petición en la web de Change.org para pedir que los chicos no sean expulsados. Lleva ya casi 70.000 firmas. El hashtag #SatisfactionChallenge aglutina el material que a día de hoy sigue publicándose. Ya no son solo los jóvenes pilotos, también se han sumado a bailar en ropa interior los del Colegio de Agricultura, los estudiantes de la Academia de Lucha contra incendios, los estudiantes de la Facultad de Construcción y los Cadetes militares, médicos, señoras jubiladas e incluso los presentadores de uno de los programas rusos más famosos del canal estatal. La lista de versiones es interminable.

La consecuencia inmediata es que el gobierno aflojó y también el rector del instituto, quien afirmó entonces que “probablemente no habría expulsiones, aunque se estudiaría cada caso individualmente”.

"Durante 70 años no tuvimos relaciones sexuales, y ahora lideramos el planeta en número de abortos, niños abandonados, violencia doméstica e infecciones por SIDA", explica Anna Arkhipova al Independent, antropóloga de la Academia Presidencial Rusa. "Creo que los guardianes de la moralidad deberían pasar a asuntos más serios que el de niños bailando en calzoncillos".

La sociedad rusa ha vivido épocas cambiantes en cuanto a la sexualidad. Durante la Unión Soviética, el sexo era un asunto privado. En el 1986 se hizo muy famosa la frase de Ludmilla Ivanova, activista del Partido Comunista, que afirmó en TV que “no había sexo en la URSS y que estaban muy en contra de eso”. La frase pasaría a la historia.

Los valores puritanos se fueron perdiendo en la era postsoviética hasta que en los últimos años las alas conservadores y religiosas están trabajando para devolver la moral conservadora de antaño. Desde 2013 existe en Rusia la denominada “ley prohibición de la propaganda homosexual” que prohíbe la “propaganda de la homosexualidad orientada a menores de edad”. Una normativa homófoba que reprime y limita la libertad del colectivo LGTBIQ+ y que además entiende la homosexualidad como una especie de “enfermedad que se contagia".

Quizás sea el momento de cambiar y de reemplazar unos valores por otro. Los jóvenes rusos ya se han pronunciado. Para Arkhipova, es solo una cuestión de tiempo que ganen los valores abiertos de la generación más joven.

rusia sociedad sexualidad

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