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Feminista, comunista y ¿próxima vicepresidenta de Brasil?

Manuela D'Ávila, segunda en la lista de Fernando Haddad, personifica la potente resistencia de las mujeres brasileñas a Bolsonaro

Ignacio Pato

04 Octubre 2018 11:14

Es militante del Partido Comunista desde hace casi dos décadas, es feminista, tiene 37 años y es la candidata a la vicepresidencia de Brasil en la lista de Fernando Haddad. Ese sería el perfil en dos líneas de Manuela D'Ávila, y eso sería también quedarnos en la superficie.

Su candidatura no parece solo la suya, sino la de miles de mujeres brasileñas que resisten a la tempestad ultra de Bolsonaro.

Para empezar ha tenido que quitarse de encima todas las acusaciones y montajes falsos que se han vertido sobre ella. No han sido pocos ni hace tanto, solo unas horas, del último, en que aparecía con una camiseta con la frase "Jesús es travesti". En realidad en la prenda real se lee "rebélese". También le han hecho imágenes falsas simulando disparar un fusil con su hija de 3 años, hablando sobre los derechos LGTBI con dibujos de sexo entre niños, con faja presidencial y tatuajes de Marx o llamando a tirar sobre los votantes de Bolsonaro. De hecho una de las acusaciones lanzadas contra ella es la de estar detrás del hombre que agredió con un cuchillo a Bolsonaro dejándolo hospitalizado el pasado día 6. D'Ávila tuvo que pedir escolta tras la difusión de esa falsedad.

Ha publicado vídeos denunciando estos montajes ante el electorado. También desmintiendo suposiciones misóginas, como que las feministas lo son hasta que encuentran un hombre, al estilo, según el propio comentario machista, del ateo que lo es hasta que comienza a caer el avión.

La campaña de D'Ávila, bajo el lema Manu no Jaburu (el nombre de la residencia del vicepresidente o vicepresidenta de la nación), está siendo -en la línea del vídeo con el que el Partido dos Trabalhadores presentó la candidatura de Haddad- especialmente dinámica. En la calle, donde también ha soportado provocaciones de votantes de Bolsonaro, y en redes, donde es mucho más mencionada que el candidato a vicepresidente de la derecha, el militar Hamilton Mourao, a pesar de que los últimos sondeos dan ventaja a un nostálgico de la dictadura como Bolsonaro.

Los ataques contra D'Ávila no son de ahora. Ya fue criticada hace casi tres años, desde posiciones conservadoras, cuando publicó una foto amamantando a su hija en la Cámara de Diputados. Su respuesta fue "¿qué es lo que llama la atención en esta foto? Mujeres en espacio de poder, niños en espacios de poder. La política es masculina y machista y no tiene espacio para las mujeres".

Tampoco ella es ninguna recién llegada. De hecho su currículum nos habla de la concejala más joven -23 años- de la historia de su ciudad, el tradicionalmente feudo progresista de Porto Alegre, y diputada federal desde los 25. Hasta estas elecciones era diputada provincial en su estado, Rio Grande do Sul, donde había vuelto voluntariamente para militar, aseguraba, físicamente más cerca de los movimientos sociales.

Es especialmente activa en temas de juventud, igualdad de género y sexual y en una lucha contra las drogas no centrada en la mera represión. Su visibilidad y ascenso habla de ese otro Brasil que crece paralelamente al del auge de la extrema derecha en el año del asesinato de Marielle Franco: el de las mujeres brasileñas que son despreciadas, insultadas y agredidas por hombres pero llenan las calles y hablan alto y claro sobre política y sobre sus cuerpos.

La candidata a vicepresidenta ha hablado en público sobre sus problemas de distorsión de la imagen corporal. También, en una profunda entrevista en Marie Claire, sobre lo que es pesar 100 kilos durante la adolescencia, adelgazar 40 en 8 meses y ser ahora atacada por corresponder a una imagen más canónica. De cara a la mirada machista, ella asegura que fue "una obesa que se convirtió en musa". Que "cuando criticaba ese último apelativo, se me criticaba a mí". Que era "una pesada que no parecía gustarle parecer guapa". Y recuerda también, en los tiempos de la presidencia de Dilma Rousseff, sugerencias en prensa sobre que si esta se echara novio, los problemas de Brasil acabarían.

Para la candidatura de D'Ávila y Haddad, los problemas actuales del país, con un clima especialmente hostil hacia las mujeres, comenzaron con lo que califican como "golpe" de Temer, cuyo validación en las urnas ansía Bolsonaro. El lema con el que proponen acabar cerrar crispada etapa es "Brasil feliz de nuevo".

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