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"El discurso oficial dice ¡denuncia! y cuando las mujeres lo hacen son asesinadas igualmente"

Hablamos con la periodista Nuria Varela sobre machismo, desigualdad, poder, viejas y nuevas formas de misoginia, cansancio y sobre por qué en 2017 nos siguen matando

silvia laboreo

31 Diciembre 2017 06:00

“Me hubiera gustado estar escribiendo de otra cosa”, se lamenta la periodista y activista feminista Nuria Varela. En 2002 escribió Íbamos a ser Reinas, una investigación sobre la violencia de género y las complicidades que sustentan los crímenes machistas. La publicación se revisó en 2008 y se ha reeditado ahora, 15 años más tarde.

“Se había agotado y durante mucho tiempo pensé que ya no era necesario. La tristeza fue ver que se seguía pidiendo y que hoy en día sigue de actualidad”, mantiene la escritora. Hablamos con ella sobre machismo, desigualdad, poder, viejas y nuevas formas de misoginia, cansancio y sobre por qué en 2017 nos siguen matando.

¿Cuáles son los mitos más peligrosos que justifican las violencias machistas?

El peor es el que dice que todo el mundo está en contra de la violencia de género. La violencia de género es el desprecio a las mujeres y por desgracia este sigue muy arraigado en nuestra cultura. Se habla continuamente de la violencia de género pero ni en el relato mediático, ni en el político ni a veces en el académico está claro “el móvil” del crimen. El móvil del crimen es la desigualdad y si no hacemos esa unión es muy difícil acabar con ella. Y hay mucha gente que todavía hoy en día cree que los hombres deben tener unos privilegios, una posición en el mundo distinta a las mujeres.

La aprobación del Pacto de Estado contra la violencia de género daba 2 meses al Gobierno para su puesta en marcha. Hoy, de las 213 medidas contenidas en el documento tan solo se ha aprobado la creación del Observatorio de Igualdad de RTVE, ¿qué mensaje transmite esto?

El Pacto es un paripé. Primero, esta administración ha recortado recursos en la lucha contra la violencia de género y no ha cumplido la ley: ni la de igualdad, ni la integral contra la violencia de género. Segundo, el pacto es urgente pero ha tardado demasiado en aprobarse. Tercero, hay más de 200 medidas y una cuarta parte de ellas son para recordar que hay que cumplir cosas que ya aparecen en la ley de 2014. Es un lavado de cara ante la irresponsabilidad de este Gobierno frente a la violencia de género.

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¿Qué opinas de la nueva política? ¿Sigue reproduciendo los roles machistas de la vieja política? ¿Y del concepto feminizar la política?

Creo que no es sinónimo nuevo partido-nueva política. Hay nuevos partidos pero no hay nueva política. E incluso alguno de los nuevos partidos como Ciudadanos recogen en su programa electoral parte de las reivindicaciones de los maltratadores; es un partido ciego al género, negacionista de la violencia de género que se ha propuesto abolir la ley integral contra la violencia.

El concepto de feminizar la política me deja un poco indiferente. Yo creo en la democracia paritaria con una representación equilibrada en la toma de decisiones entre hombres y mujeres, creo en el feminismo como una teoría política para democratizar el mundo, conseguir la igualdad y para que realmente las mujeres dejemos de ser ciudadanas de segunda y para que esa igualdad formal en leyes se traslade en igualdad real... pero feminizar la política no sé qué significa, la verdad.

La última mitad del año ha estado marcada en España por 2 casos a nivel judicial, el de Juana Rivas y el juicio contra la Manada. ¿Estamos indefensas ante la justicia?

El caso de Juana Rivas y el juicio contra la Manada ponen sobre la mesa que el sistema judicial actual es de hombres y para hombres, pensado para lo público y que no sirve para los delitos de violencia de género. Además está cargado de misoginia y de machismo. No cree en la palabra de las mujeres, pero no investiga los hechos, investiga a las mujeres, las culpabiliza y revictimiza, no las protege y exonera a los agresores. Y todo eso genera impunidad.

El informe de derechos humanos de la UE de 2014 desvela que las mujeres creen que a nivel práctico sus derechos no están protegidos por la justicia. Hay una bolsa oculta de violencia del 73%. En 2016, tan solo el 4,7% de las denuncias acabaron con una sentencia condenatoria. El 36,5% de las mujeres asesinadas había interpuesto denuncias y el sistema no las protegió. De ese 36,5% solo el 13,5% tenía medidas de protección en vigor. El discurso oficial dice ¡denuncia! y cuando las mujeres lo hacen son asesinadas igualmente.

En Íbamos a ser Reinas hablas de justicia patriarcal y mencionas el Síndrome de Alienación Parental. España es uno de los pocos países que lo aplica. ¿En qué consiste?

No está reconocido como síndrome, simplemente son los delirios de un señor americano que se editaba sus propios libros. El SAP dice que cuando los menores no quieren ir con sus padres es porque las madres malmeten contra sus ex maridos y eso genera rechazo en los niños y niñas. Se ha llegado incluso a quitar la custodia a madres para dársela a los padres porque alegan que son ellas las que malmeten. Este año llevamos 8 asesinatos de menores, sabemos cómo aumenta la violencia contra ellos como una estrategia de los maltratadores. El SAP es una auténtica barbaridad y en España se sigue aplicando cuando lo que se debería hacer es retirar la custodia a los maltratadores. No existe derechos de padres sino de menores que deben ser protegidos.

"Se habla continuamente de la violencia de género pero ni en el relato mediático, ni en el político ni a veces en el académico está claro “el móvil” del crimen. El móvil del crimen es la desigualdad y si no hacemos esa unión es muy difícil acabar con ella".


¿Cómo es la nueva misoginia y el nuevo machismo, qué tiene de distinto al “machismo tradicional”?

Hablamos de la misoginia de siempre, la explícita y la violenta unida a una nueva forma más sutil, menos evidente pero también más difícil de combatir. El discurso neomachista niega la desigualdad y la violencia de género y está formulado sobre medias verdades y medias mentiras, falsos discursos, en mitos como el amor romántico, en la cultura de la violación y en el velo de la igualdad, ese que nos dice que ya estamos en una sociedad igualitaria. Da igual que mires los indicadores laborales, económicos o sociales, no hay ni uno solo que nos hable de igualdad. Vivimos en una sociedad que asesina a 60, 70, 80 mujeres todos los años y en la que la feminización de la pobreza es una obviedad. Y aún hay gente que la ve como una sociedad igualitaria.

¿Cómo detectar a estos falsos aliados? ¿A los neomachistas disfrazados? ¿Al yo soy feminista pero...?

Si eres feminista no hay pero: eres feminista. Si te dice que también hay denuncias falsas es alguien que no cree en la palabra de las mujeres y que además miente. El informe de 2017 de la Fiscalía nos dijo que en 2016 había habido 0 denuncias falsas. Si te dice que machismo y feminismo es lo mismo entonces le parece igual un discurso que defiende la igualdad entre los hombres y las mujeres frente a otro que defiende los privilegios masculinos. Si te dice que la violencia no tiene género obvia los datos que nos dicen que al año hay 50.000 asesinadas por el hecho de ser mujeres, mujeres que no están en contexto de violencia, en bandas ni son delincuentes. Y así con todo.

Precisamente Javier Marías en su columna de hace unas semanas “lo terrible de estos crímenes” decía que nunca emplearía “la insensata expresión ‘de género’” y tacha de “inviduales” los crímenes machistas.

Marías es un señor negacionista que hace incluso apología de la violencia de género y nos insulta regularmente a las mujeres y a las feministas en particular. Sin embargo la RAE le ha elegido como académico y El País le sigue pagando cada semana por publicar ese tipo de columnas. Es un hombre que no se avergüenza de su misoginia y de su desconocimiento profundo. La sociedad nunca le consentiría esto a Marías si hablara de terrorismo. Esa es la diferencia. Seguimos siendo ciudadanas de segunda, víctimas de segunda.

"El discurso neomachista niega la desigualdad y la violencia de género y está formulado sobre medias verdades y medias mentiras, falsos discursos, en mitos como el amor romántico, en la cultura de la violación y en el velo de la igualdad, ese que nos dice que ya estamos en una sociedad igualitaria".

¿Son los medios españoles machistas?

Los medios de comunicación españoles mantienen la censura sobre el feminismo, están cerrados al discurso feminista y privilegian el hecho de ser hombre para ser colaborador o columnista, incluso para opinar. En España solo el 9% de las fuentes autorizadas son mujeres. Los medios tienen una mirada masculina sobre el mundo, son hombres escribiendo para hombres.

En tu libro dices “los varones han aprovechado un debate como una crítica más a la defensa de los derechos de las mujeres ¿De qué sirven las mujeres con poder si lo ejercen como hombres? Pero pocos hacen la reflexión más significativa ¿Es posible que una mujer acceda al poder sin aceptar y respetar las reglas del juego?” ¿Lo es?

Es muy difícil. Se pretende que las mujeres nos incorporemos con las mismas reglas de juego. Las expertas nos dicen que la masa crítica es de un 30%. Si no tienes un 30% difícilmente puedes cambiar las cosas. Y obviamente no hay un 30% de feministas en ningún ámbito de decisión. Lo que te vas encontrando son mujeres, casi siempre solas, que intentan todos los días crear un sistema igualitario. Y al final es el sistema el que acaba con ellas. No conseguimos cambios estructurales y estables porque el acceso al poder está vetado.

Estamos vetadas

Hoy, en el siglo XXI, el 100% del poder religioso es masculino, el 100% del poder militar es masculino, el 90% del poder económico es masculino. Todo es un caso de poder. De poder y de una palabra que no se dice porque suena muy antigua y fea como es el patriarcado, cuando está tan vigente como en el siglo XIX o XX.

Es importante nombrar el patriarcado

Pregunta a cualquiera en qué sistema económico y político vive. Más o menos todo el mundo te dirá que en una democracia parlamentaria y un sistema capitalista. Pero se quedan allí y no añaden “y patriarcal, donde el poder está irregularmente repartido en manos de los varones, que tienen una serie de privilegios y la toma de decisiones está en sus manos”. Si no tienes eso en cuenta en los estudios y análisis, las soluciones que obtienes son erróneas.

Por ejemplo, cuando nos hablan de recuperación económica. Si miramos datos vemos que no es cierto. Que si acaso hay recuperación económica esta es masculina. Las mujeres hemos salido mucho peor paradas de la crisis de 2008, nos hemos empobrecido enormemente, la precariedad laboral no está repartida de igual manera, ni los bajos salarios,ni los contratos. Es muy complicado acabar con la desigualdad cuando ni siquiera la vemos. Hay que recuperar la palabra patriarcado y tenerla en cuenta en todos los análisis.

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En esta edición de Íbamos a ser Reinas añades un capítulo en el que hablas de las violencias contra las jóvenes. Citas el concepto princesas guerreras ¿en qué consiste?

Les contamos a las niñas que pueden ser lo que quieran, presidentas del Gobierno, ingenieras de la NASA, y al mismo tiempo les decimos que todo pasa por su cuerpo, por la belleza y por tener una pareja, seguimos alimentando los mitos del amor romántico y les seguimos inculcando la sumisión respecto a los hombres. Vemos que hay muchas adolescentes y mujeres jóvenes que se han creído que el patriarcado no existe. Y también tenemos a 700 menores protegidas por la policía por relaciones de pareja violentas. No estamos educando en igualdad, estamos haciendo un simulacro y cuando estas chicas se enfrentan a la vida se dan cuenta de que eso no es así.

En el libro la mayoría de mujeres son mujeres blancas de mediana edad. ¿Qué hay de otros grupos vulnerables como mujeres con diversidad funcional o migrantes?

Las mujeres que aparecen en Íbamos a ser Reinas no obedecen a una selección previa, sino el testimonio de las mujeres que estaban en la casa de acogida en el momento de escribirlo. Tampoco hay mujeres ricas, ni siquiera de clase media alta. En la revisión sí que hay mujeres migrantes. Es uno de los fallos de que se aprobara una ley y nos hayamos dormido. No hay recursos para mujeres que tienen, no solo diversidad funcional, sino cualquier enfermedad mental o adicción asociada al maltrato que sufre. La inmensa mayoría de casas de acogida que hay en España son simplemente casas, no hay recursos especializados para sanar, cuidar y recuperar a todas las mujeres, no solo a las que entran en el perfil “cómodo”.

Decías en una entrevista que “a las mujeres se nos obliga a ponernos en la obligación del cuidado como si cuidar a otras personas fuese algo maravilloso. Los cuidados no son enriquecedores, esa es otra mentira” ¿Qué otras mentiras nos hemos tragado?

Nos educan en la obligación de cuidar, en los mitos del amor romántico, en la mística de la maternidad, en la negación de la desigualdad y del patriarcado, en el mito de la belleza, nos insisten en que nuestro aspecto es importante, en vez de educarnos en la salud y en el autocuidado. Nos cuidamos poco pero nos adornamos mucho. Falsos discursos dañinos que a fuerza de repetirlos se ven como normales, como si no pudieran ser de otra manera.

Tu último libro se llama Cansadas. Estamos cansadas de las noticias, de los medios de comunicación, del patriarcado. ¿Cómo podemos dejar que ese cansancio no nos hunda?


Este cansancio no es para tirar la toalla. Es cansancio físico y también es capital político. Frente a la violencia, a la negación, al aumento de la violencia sexual, verbal y simbólica hay una reacción de mujeres muy fuerte. Desde el tren de la libertad, el 7n como respuesta rotunda contra la violencia, el caso Juana Rivas, una respuesta frente a la sumisión y la exigencia de obedecer leyes injustas, hasta la ruptura del silencio del abuso sexual en medio mundo y el rechazo absoluto a la justicia patriarcal visto en el juicio de La Manada. Cada vez vemos a más mujeres en las calles y en las redes sociales generando un relato real. Se está rompiendo el silencio a pesar de los medios, de los tribunales y de la clase política. Nos toca ahora nuestra reacción feminista.

"Cada vez vemos a más mujeres en las calles y en las redes sociales generando un relato real. Se está rompiendo el silencio a pesar de los medios, de los tribunales y de la clase política. Nos toca ahora nuestra reacción feminista".

feminismo entrevista

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