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Google veta iSex, la app que un hombre inventó para registrar el 'consentimiento sexual'

Todos los motivos por los que NUNCA utilizarías esta ridícula aplicación que convertía el consentimiento en un contrato mercantil

anna pacheco

17 Noviembre 2017 13:55

Un señor ha tenido una idea. El plan consiste en registrar tu consentimiento en un app antes de tener una relación sexual. Si los dos habéis firmado, ya está, se supone que todo irá bien y que no habrá agresión posible. O mentira posible. Según los tuits de su creador (algunos de ellos han sido borrados), la app prometía acabar así “con las denuncias instrumentales”. O sea, las supuestas denuncias falsas. La herramienta permite enviar el consentimiento por Bluetooth y posteriormente recibir una confirmación en el correo. Genial. Pepa quiere tener sexo contigo. Adelante con todo. Vayamos a cenar.

La app no ha durado ni 24 horas en Google Store porque ya ha sido vetada después de recibir numerosas críticas por su machismo.

Pero aunque iSex ya ha desaparecido del mapa, vamos a hacer un pequeño ejercicio de fantasía para reparar en el grado de absurdidad de la propuesta. Y, de paso, para fijarnos por qué esta simple idea refleja muy bien todo lo que se sigue sin entender de las normas básicas del consentimiento.

1. El consentimiento no es un documento formal

Tener una idea de estas características dice mucho de la mente de su creador y también del mundo en que vivimos. iSex es un desastre a nivel teórico porque olvida que el consentimiento no es documento formal, un contrato mercantil, equiparable a firmar una hipoteca o comprarse un coche. El consentimiento es mutable, cambiable y matizable. Es absurdo pretender que el consentimiento “se pueda enviar, recibir, almacenar y exportar antes de una relación sexual”, como sugieren las normas de la aplicación. Se tiene que revalidar constantemente y se hace atendiendo al sentido común, al respeto y a la sensibilidad.

Pongamos ejemplos reales: dos jóvenes que se acaban de conocer en una discoteca firman el consentimiento por iSex. De camino a casa, ella cambia de idea. No le apetece. Simplemente quiere irse a su casa, ponerse el pijama y echarse a dormir. Se quiere ir. Pero hace 2 horas y media que firmó ese consentimiento, cuando estaban de cañas y se lo estaban pasando bien, así que no puede irse. No importa que ya no se lo esté pasando bien y quiera irse. Lo firmó en la aplicación. No puedes. Lo siento, amiga.

Otro posible escenario: una pareja que se quiere mucho firma su consentimiento por iSex. ¿Esto significa que cada uno de los dos tiene la potestad de hacer con el otro lo que quiera porque firmó el consentimiento? No importa que un día a ella no le apetezca, esté cansada, esté dormida, esté borracha, esté enferma, esté inconsciente. El cuerpo de uno pasa a ser del otro y al revés. Es lo que hay, lo firmaste en iSex.

iSex, además, entiende el consentimiento de forma totalista. Una carta verde para hacer lo que quieras. Algo así como una especie de barra libre. Pero dónde quedan los matices. Yo puedo decir que sí, pero a esto no. Yo puedo decir que sí, pero ahora no. Yo puedo decir que sí, pero a esto, ahora, no.

Al contrario de iSex, el consentimiento bien entendido y explicado se parece más bien a esto:

2. Es, efectos prácticos, imposible de aplicar

Dejando a un lado el nivel teórico, vayamos a lo práctico. Somos seres humanos. Nuestras relaciones sociales, y sobre todo las íntimas, se basan en la naturaleza y la espontaneidad. Como humanos hablamos y nos reímos y lloramos y también nos incomodamos y ponemos caras raras o nos molestamos o nos cagamos de miedo. Todos estos sentimientos se viven de forma natural. No los escribimos. No lo racionalizamos. No decimos: eh, espera un momento, me estás empezando a dar un poquito de mal rollo, ahora voy a coger el móvil y voy a retirar el consentimiento que hace 15 minutos te envié. Nadie espera eso de una persona a menos que sea un robot.

Nadie espera tampoco: anda, qué fantástica velada, ahora vamos a confirmar que nos lo hemos pasado muy bien firmando nuestro consentimiento por iSex y luego vamos a ir a mi casa y vamos a tener sexo.

Igual que las relaciones no son rígidas, los deseos tampoco. La voluntad tampoco. Ni los sentimientos. Ni las emociones. La idea de encajar una transacción tan matemática en medio de una relación íntima es sencillamente inviable.

A menos que, en realidad, quieras violar a alguien.

Captura de pantalla de iSex

3. Eso sí: es una alerta anti machistas

Tienes una cita en Tinder con Pablo. Pablo parece un tío que mola. Le gusta el deporte, a los ratos libres es Dj y, además, es profesor. Quedas con Pablo. Vais a cenar y lo estáis pasando bien. Pedís una segunda ronda. Pedís postre. Pablo te sigue cayendo bien. Os habéis explicado vuestros últimos viajes y algunos detalles graciosos de vuestra infancia. Decidís cambiar de bar. La cosa pinta bien, piensas. Pero antes de ir a otro sitio, Pablo te mira muy serio, te saca un iPad del bolsillo y te dice: 'Hagamos una cosa, como todo va bien y no quiero que me denuncies por violación, fírmame este consentimiento, que no quiero problemas, ¿vale?'.

Problemas. Qué. De qué hablas. Esperas un rato deseando que todo sea una broma. Denuncias falsas, te dice él. Ya sabes, las tías, que a veces os inventáis cosas. Te suelta todo ese rollo que ya conoces. A partir de ese momento todo se vuelve confuso y nebuloso. Pablo parecía un tipo normal. Te bebes la copa muy rápido mientras planeas la forma más rápida de salir de ahí. Él te sigue contando el rollo de que ni machismo ni feminismo. Y que algunas feministas, no todas, son muy radicales. Y que ahora todos los hombres parecen malos o acosadores. Y que los hombres divorciados no tienen derechos. Y que también hay mujeres que maltratan. Pero que él quiere mucho a las mujeres porque tiene una hermana.

En ese momento te levantas muy tranquila de la silla, te alegras de que exista iSex y de que te haya ahorrado minutos de tu tiempo con un tipo que parecía normal pero luego era una machista. Y te vas.

Antes de irte un dato: solo un 0,01% de las denuncias son falsas.

consentimiento agresión abuso sexual violación

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