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Cómo Kate Tempest fue hombre, mujer y todo a la vez

Se publica en español Mantente firme, un poemario que aborda la identidad, la política y el género desde la retina de esta joven promesa inglesa a medio camino entre el hip hop y la poesía sin red

Andrea Bescós

08 Septiembre 2016 21:10

I

"Imagina la escena:

Un chico de quince años.

Con sueños comunes

y rutinas comunes.

De camino al colegio, una monotonía en su interior

Repleta de deseos sin satisfacer.

¿Se reprime o solo aprende

Cómo funciona su tiempo?

Confíale unos miembros torpes

Pero que sepan trepar.

Añádele unos andares conocidos.

Dale esperanzas.

Sus días son dolorosamente lentos,

Pero sale adelante".


Hay poemas que llegan al oído a tientas, para no irse jamás. Se acercan como revoloteando, tanteando si penetrar o no en nuestro interior. Y al final acaban calando como la lluvia. Pero hay otros igual de eficaces, y mucho más peligrosos. Esos que colisionan contra nosotros como misiles y nos hacen sentir que quizás estemos leyendo nuestra propia historia. Esa es la poesía que no nos abandonará jamás, porque nos envía a un lugar en el que podemos reconocernos tal y como somos.

Kate Tempest firma versos que no se olvidan. Quizá porque no solo se dirigen a ese yo, sino a un nosotros. A través de su poemario Mantente firme, recién publicado en nuestro país (edita La Bella Varsovia), esta inglesa dibuja un examen político, a la vez que tierno, con el mito griego de Tiresias como columna vertebral. A fin de cuentas, los mitos no son más que aquellas historias que hemos utilizado para explicarnos a nosotros mismos.


II

"Ruge. Valioso y candente y antes de tiempo.

Jugábamos en la barandilla del callejón.

Yo era la gorda. La simpática y atenta.

Ellos, mis amigos. El mundo nos servía de juguete.

Ascendíamos colinas para enterrar objetos. Dibujábamos

mapas.

Sacábamos nuestros pies de la basura del Quaggy.

Las normas se basaban en que, si vacilabas, te podían dar

un par de bofetadas a su antojo.

Mis especulaciones eran amplias y mi ropa, holgada"


Cuando Tempest vuelca versos se convierte en carne de los dioses, de los hombres. Es hombre y mujer a la vez, está viva y está muerta. Ella es todo a la vez, iluminando múltiples escenas que se graban a fuego en todo aquel que lee esta panorámica de su vida. Algunas veces sufridas, con una infancia confusa o una bisexualidad conflictiva, pero que le valen para ahondar en quién es ella realmente.

Tempest recorre, junto a Tiresias, distintas transformaciones que dividen el libro en cuatro partes: la niñez, la adultez como hombre y como mujer, y la madurez, desde la metáfora de la piel del profeta ciego. Paradas que nos invitan a sentirnos pequeños, adultos y buscadores de nuestra propia identidad. Escenas que quieren convencernos de que cualquier persona corriente que pisa el asfalto en este momento tiene una narrativa épica en su interior que merece la pena ser contada.


III

"Pequeños rostros grises que desfilan en escuadrón

al ritmo de canciones de guerra

Escritas por demonios sin escrúpulos,

El último gran éxito que cimienta la rutina.

Véndenos la descarga.

Y acaba con nuestros sueños

Se levanta.

Descubrirá la intenciones de entre los engaños.

Le clavan cuchillos en los muslos.

¿Captas el aumento de su iris?"


Es justo esa fuerza convertida en arte la que ha construido a una Kate Tempest con un buen puñado de sueños cumplidos, de facetas que se alimentan las unas de las otras. A fin de cuentas, esta inglesa es conocida ya como una de las revelaciones del hip hop británico más libérrimo, habiéndose quedado a un paso de ganar el Mercury Prize al Mejor Álbum hace un par de años. Cuenta Tempest que cayó en el hip-hop cuando creyó que nadie leería sus poesías.



IV

"Ibas conduciendo, mis piernas cruzaban tu regazo.

Liaba cigarros mientras, con tu mano, acariciabas mis

tobillos,

y levantabas mi pie por la planta

para besarme con la lengua los dedos;

yo me reía nerviosa como una chica bonita.

Mientras lamías mis dedos y conducías el coche,

me reté a concentrarme en el perfil de tu cara.

En otros coches, en otras vías, en otras ciudades,

estoy segura de que otros amantes se miraban de reojo,

sonriendo como idiotas, con los muslos sobre los asientos,

pero ninguno dispuso de la obstrucción de sangre,

la caída ni el choque ni el vacío que yo sentí, justo

entonces"


Los versos de Tempest mezclan la majestuosidad y el misterio de la vida ordinaria, convirtiéndola en realista. Esa capacidad de transfigurar en versos la realidad que nos rodea le valió el premio del prestigioso Ted Hughes a la Innovación de la Poesía con el poemario Brand New Ancients. Esa capacidad para hacer poesía de la vida, a veces sombría y dura como un esclavo, a veces tan brillante, tan digna de ser vivida.

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