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El hombre que censuró a Sierra… en contra de absolutamente todo el mundo

Clemente González Soler, presidente de Ifema, llamó para pedir descolgar la obra “Presos políticos en la España contemporánea” sin contar con el consenso de su organización. En las últimas 24 horas, todo se ha vuelto en su contra. Esta es su historia

Margaryta Yakovenko

22 Febrero 2018 16:06

“Helga, no puedo dejar esto”. Con una sola llamada de Clemente González Soler, presidente de Ifema, la prestigiosa galerista Helga de Alvear retiraba de la primera pared de su galería a la entrada de ARCO “esto”: la obra "Presos políticos en la España contemporánea" de Santiago Sierra.

Era la primera vez en 37 años que se retiraba una obra de la exposición y por supuesto se trataba de una obra polémica, de 24 fotografías sin nombres y caras pixeladas pero con el suficiente contexto para entender a quién se refería Sierra con “presos políticos”. Estaban Oriol Junqueras y Jordi Sànchez. También los detenidos de Alsasua. Y los titiriteros acusados de etarras. Ellos eran “esto”, y “esto” no le ha gustado a González Soler, el hombre de aluminio.

A finales de mayo de 2016, Ifema anunciaba que los integrantes de su junta rectora, compuesta por La Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento, la Cámara de Comercio y la fundación social de Bankia, Monte Piedad de Madrid, acordaban el nombramiento de González Soler fundador y presidente del grupo Alibérico, un grupo familiar del sector europeo del aluminio.

Pocos meses antes, Ifema anunciaba que modificaba sus estatutos para buscar como presidente a un empresario “independiente y de reconocido prestigio”. Sin duda, el conocido en el mundo empresarial como “el rey de aluminio” era una de sus mejores opciones. De perfil bajo, González Soler no ha dejado demasiadas entrevistas a sus espaldas. Tampoco demasiadas declaraciones polémicas. No se le conocen asociaciones con partidos políticos y él mismo ha presumido siempre de no codearse con la Administración.

Nacido en 1950 en Cartagena pero criado en Galicia hasta los 17 años, proviene de una familia de abogados y magistrados. Su padre, Clemente González Peón fue alcalde de Santiago de Compostela a principios de los 80 por Alianza Popular. Se le atribuye el mérito de peatonalizar el casco antiguo de la ciudad.

Pero su primogénito se declinó por los números. Fue a Madrid a estudiar ingeniería aeronáutica y en 1972 entró como becario de la Empresa Nacional de Aluminio en Alicante. Presume que en esa época de laxa regulación laboral era más fácil hacer carrera. “Trabajaba sin contrato, sin papeles y por 7.500 pesetas al mes. Hoy todo son problemas para contratar a gente joven. Les quieren proteger tanto que al final limitan su entrada en el mercado laboral”, asegura en una entrevista de 2013 a La Opinión.

En Alicante conoció a su esposa y allí nacieron sus dos hijas. “Con un pollo vivíamos una semana. Ella trabajaba, estudiaba Empresariales y sacaba la casa adelante. Siempre me animó a estudiar aunque el sueldo fuese ínfimo, así que me dediqué a aprender”, declaró en 2013. La aventura de aprender le salió bien. En 1986 vuelve a Madrid y alquila una oficina para representar a multinacionales del aluminio. Empezó a comprar empresas fundando el grupo Alibérico que hoy está compuesto por 35 empresas y 17 fábricas repartidas en cuatro continentes distintos. La empresa es 100% familiar y pertenece a su esposa, sus hijas y él mismo.

Sus relaciones con la política se reducen prácticamente a cero hasta que se topa este miércoles con la obra de Sierra. En una entrevista de 2017 del Economista confiesa que mientras estudiaba en Madrid “era un idealista” y estuvo “cerca del Partido Comunista de España” pero “poco a poco fue evolucionando”. Hoy defiende que “el comunismo ha fracasado”, que Pablo Iglesias no debería “hacer demagogia”, y que Mariano Rajoy “es una persona seria, honrada, que ha dedicado gran parte de su vida a este país”.

“España está volviendo a los mercados internacionales con una posición de confianza, seguridad y solidez. ¿Y quién se la está dando? El Gobierno de Mariano Rajoy. Eso son hechos y realidades”, insiste. También asegura: “Hay que limpiar la corrupción en España, poner los medios para que no vuelva a suceder y pasar la página”.

Además de ser el responsable de los botecitos de aluminio de las mermeladas Hero, de los blísters de muchas pastillas o de grandes partes de las estructuras de vagones de AVE y el tren de alta velocidad de La Meca, González Soler es miembro del Comité Ejecutivo y vocal de la Junta Directiva de la CEOE, parte de la Junta Directiva del Instituto de Empresa Familiar y vocal de la Junta Directiva del Club Financiero Génova, un club privado de las élites empresariales donde desde hace muy poco dejan entrar a las mujeres.

En ninguno de esos cargos entra la capacidad de análisis y valoración de una obra de arte pero aún así, rey del aluminio, el empresario que se hizo a sí mismo, epítome de la cultura del emprendimiento defendida por la Marca España y ciertos partidos liberales, tuvo el poder de coger un teléfono y en un timbrazo hacer que la obra de un artista de gran talla internacional simplemente no estuviera expuesta.

Tuvo la autoridad de censurar por primera vez una obra de arte en ARCO, sin grandes debates ni reuniones, y a pesar de la oposición del Ayuntamiento de Madrid y del director de la exposición, Carlos Urroz. Alvear, ni se lo discutió. "Estoy en casa ajena y si IFEMA no quiere tenerlo ahí, yo lo quito", dijo la galerista.

Este jueves, Ifema pedía perdón por todo el revuelo. “Lamentamos y pedimos sinceras disculpas ante la controversia que se ha producido consecuencia de la petición a una galería para la retirada de una obra, que en ningún caso perseguía ejercer ninguna censura a la creación, aun cuando la percepción pública haya sido ésta. No hubo mala fe en esta acción, y aceptamos las críticas recibidas, comprendiendo que debemos evitar en el futuro cualquier circunstancia de esta naturaleza", escribían en un comunicado pero sin solicitar que la obra retirada se vuelva a colocar en su lugar.

No está claro si detrás de la decisión de quitarla está simplemente el capricho del patrono que decide qué cuadros colgar en el salón y cuales dejar en la buhardilla o si la orden viene de más arriba. Lo que sí está claro es que la Administración, y en concreto la ministra de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, Isabel García Tejerina, ha mostrado su contento con la decisión asegurando que "en España no hay presos políticos porque es una democracia absolutamente consolidada". También la portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados, Margarita Robles considera que con la retirada se está “rebajando la tensión entre Cataluña y España”.

Censurar una obra con todas las repercusiones internacionales que ha tenido no ha sentado demasiado bien a la España estable que defiende González Soler. Aunque quizá en su mundo no son los gustos artísticos lo que importan sino otras sensibilidades que pueden estar dejando al rey del aluminio más cerca de la categoría de hombre de hojalata.

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